Mostrando las entradas con la etiqueta MUJERES DEL CARNAVAL. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta MUJERES DEL CARNAVAL. Mostrar todas las entradas

miércoles, agosto 09, 2023


"Fuimos un grupo de mujeres pioneras del carnaval. Todas peleamos por la igualdad, por nuestros derechos, para poder disfrutar de esta pasión que es la murga."

 Entrevista a Meka (Isabel Sara Silva) 

de Saavedra 

 Por Pupita La Mocuda 






- ¿Meka, vos sos originariamente de Saavedra? 
 - Bueno, mi mamá me tuvo en el Hospital Pirovano pero yo soy de Boulogne. Nos criamos allá, Marcelo, mi hermano, y yo, en la Avenida Rolón. 
 - ¿Cómo llegaste a Saavedra, entonces? 
 - Mi papá - cuando yo tenía siete años y mi hermano once - era custodio del Presidente de la Nación de ese momento en la Quinta Presidencial de Olivos. Las personas que estaban ahí se habían encariñado muchísimo con mi viejo porque decían que era muy responsable. Y un día le preguntaron lo que él deseaba,  porque lo querían ayudar. Ojo, no le regalaron nada pero lo ayudaron. Mi papá les explicó que a él le gustaría venir para el lado de Capital porque al ser policía y trabajar en el Departamento Central que quedaba ahí en el centro, para él era un terrible viaje. Además, Boulogne no estaba tan poblado y a él le preocupaba un poco dejarnos a mi mamá, mi hermano y a mí. Entonces lo que quería era venir para Capital porque acá estaba la hermana de mi mamá, mi tía, viviendo en la calle García del Río, en lo que ahora es un garage. Quería que estuviéramos más cerca de la familia, para no estar tan solos allá y a él le ahorraba el viaje. ¡Increíble los viajes que se mandaba en tren! Y bueno, a través de pagar un alquiler pudo conseguir la casa en el Barrio Mitre. Entonces, vinimos a vivir acá. Desde ese momento, desde mis siete años, que yo estoy viviendo en el Barrio Mitre. Esa fue la manera de llegar acá. 
 - ¿De donde proviene tu apodo, Meka? 
 - Mi sobrenombre surge porque mi hermano, cuando yo nací era chiquito y venían todas mis tías, mis familiares y decían: parece una muñeca. Y él no sabía decir muñeca y empezó a decir: parece una meca. Entonces después, cuando quería preguntarle a mamá o a papá por la hermanita decía: ¿y la meca? Y bueno, me quedó el apodo Meka. 
 - ¿Cómo entra la murga en tu vida? ¿Cómo fue que te hiciste murguera? 
 - Yo me inicié en Los Curdelas de Saavedra en el año 1969 o 1970. Esos eran los primeros Curdelas, los verdaderos Curdelas de Saavedra, de rojo y azul, que ensayaban en la puerta del Club Platense en la calle Zufriategui. A ese lugar le llamaban la calle muerta. Yo tenía trece años. Fue un capricho. En mi familia no había murgueros. En esa época había otros códigos. Papá, encima policía, no quería que yo saliera en la murga. Mamá traicionaba a papá llevando a la nena a ver los ensayos. Hasta ese momento yo todavía no era integrante pero me empezó a gustar muchísimo. 
 - Te picó el bichito... 
 - ¡Sí! Es más, vino a vivir a mi casa una amiga mía, Nancy, que era soltera. Mi mamá la recibió como una hija más. Entonces llegó el momento en que mi mamá y mi papá se separaron (mi papá se fue a vivir a San Miguel) y mi mamá nos llevaba a las dos a ver los ensayos. Aparte a mi mamá le gustaba muchísimo la murga. Le fascinaban los carnavales. A mi hermano también le encantaban los carnavales. 
- ¿El salía también en alguna murga? 
 - No, no, él nunca salió en las murgas pero me ayudaba. Cuando yo era chica y vivíamos juntos acá en casa, lo que me podía hacer, me lo hacía él. Era una persona que se dedicaba a crear cosas para que yo luciera en la murga. Me adornaba la galera, le ponía piedras, alguna pluma de Malibú... Me acuerdo que usábamos batutas. Algunos las tenían hechas con antenas de auto y venían bien para defenderse. ¡Pero las mías, no! Mi hermano me las hacía con una varillita. ¡Yo no me iba a meter en un berrinche, en ninguna pelea! Yo lo que buscaba era escaparme de todo eso. 
 - ¿Y entonces qué pasó? ¿Cómo empezaste? 
 - A Nancy y a mí nos gustó muchísimo y yo dale que dale: ¡Mamá, quiero salir, quiero salir! Mamá: No, que si papá se entera, se va a armar una gresca. ¡Y qué sé yo! Yo lloraba y pataleaba porque quería salir, quería salir. Bueno, entonces mi mamá pidió la tela, pidió todo y en la máquina de coser me hizo el traje con el chabot. Usábamos pollera con una chaqueta. 
 - ¿Usabas apliques en el traje? 
 - Los apliques me los hice yo. ¡Pero eran cualquier cosa! Supuestamente en mi espalda tenía un águila. No sabía hacer adornos. Mi mamá tampoco ni nadie de mi familia. Fue costura directa sobre el traje, poner lentejuelas, pegarlas. Lo importante era que brillara, las poníamos en los bordes, en los puños. ¡Eramos inexpertas pero pudimos cumplir con todos los requisitos para empezar en la murga! Yo tenía fotos de ese momento, de esa murga pero, lamentablemente, con las inundaciones que hemos pasado perdí todo. 
 - Entonces, ese fue un paso de gran importancia en tu vida, ¿no es cierto? 
 - Si, por supuesto. Ya desde ese año salí. Me sentía en la gloria. Ese fue mi bautismo. Un poco de trastorno porque yo no sabía bailar. Hasta que le agarré el paso y no me paró nadie. Mi mamá me acompañaba hasta que salíamos. Como ella no venía conmigo me recomendaba a un señor del barrio, Don Eduardo, que iba llevando a su hijo, el Chiquitín. 
 - ¿Cómo vivían esas jornadas de carnaval? 
 - ¡En camiones hacíamos nuestro recorrido! No eran micros. Empezabamos a eso de las cinco o cinco y media de la tarde, con un calor que rajaba la tierra, imaginate, maquillados y vestidos. Nos corría la transpiración, era impresionante. Y arrancábamos a todos los clubes como el Mariano Moreno, Pinocho... Esos clubes queridos, venerados, que se lloran tanto, que se extrañan tanto, que al ser un lugar cerrado retumbaba todo. ¡Era tan lindo todo eso! Hasta que llegábamos al lugar de cierre. Por ejemplo, acá en el medio del Barrio Mitre se hacía un corso. Entrábamos al Barrio Mitre y te puedo garantizar que era una emoción. Porque éramos una cantidad de gente impresionante. Por el lado de la calle Posta estaba saliendo la murga y todavía no habían entrado por Melián. Ese era el punto definitivo de la murga. La gente del barrio nos esperaba con tanta calidez, ¡un amor! No veíamos la hora de llegar. Hacíamos Provincia también. Munro, el corso de Boulogne.... Esa era la meta final porque era donde se entregaban los trofeos y muchas veces se terminaban peleando las murgas, por diferencias, igual que los equipos de fútbol. 
 - ¿Qué personas queridas te vienen a la memoria? 
 - Y bueno, ahí en esa murga estaba toda la gente conocida, gente del Barrio Mitre: El Bocha Conde, el Negro Teite, el Negro Quelo, la Gorda Ana, Marta Acosta, Marta Conde, Mili - que venía de Munro -, la Leo, que era hermana del Negro Teite, Paula, Mary Aballay, la mamá de mi amiga, Marisa. 
 - Había varias mujeres en esa primera experiencia murguera tuya... 
 - ¡Claro! Y nunca me voy a cansar de decirlo.   Yo que viví eso puedo decir que ese fuimos un grupo de mujeres pioneras del carnaval. ¡Eramos muchas! ¡Algunas ya no están pero  varias todavía sí estamos  para contar nuestra historia y atestiguar el papel de la mujer en la murga.   No fue por obra y gracia de una sola persona. Todas peleamos  por la igualdad, por nuestros derechos, para poder disfrutar de esta pasión que es la murga. ¡Ahí nació la mujer murguera! Todas estábamos ahí. Por lo general, eran más grandes que yo. 
 - ¿Te parece que no están reconocidas en lo que hicieron, en el rol fundante que tuvieron? 
 - La verdad es que no entiendo por qué las dejaron en el olvido. Más que nada me duele por las que ya no están, que, ya te digo, eran muchas y de varias no se recuerda ni el nombre.   Yo era la más chica, recién empezaba. Entré con la marea de ellas. Fui partícipe de esa lucha pero ellas ya estaban. Les doy mucho mérito a ellas porque yo recién me integraba. Pude entrar por esa puerta grandiosa que abrieron todas mis compañeras. Doy gracias a Dios que pude vivirlo. ¡Y voy a morir murguera! A mí el carnaval no me lo apaga nadie. Pero es gracias a ellas, que abrieron el camino, que hoy por hoy las murgas están invadidas por mujeres. Creo que hay más mujeres que varones, les ponen más ganas las mujeres que los hombres. 
- ¿Era muy difícil para la mujer ocupar su lugar en la murga en ese momento? 
 - Mirá, las mujeres murgueras se merecen un aplauso grande todas. En mi caso, yo tuve cuatro hijos y he salido y he ido a ensayar con ellos. Me iba con el cochecito y mis criaturitas, con la mamadera, los pañalitos. He pagado para que me cuiden los dos nenes más chicos para yo poder salir en la murga. Venía cansada y así traía de vuelta a mis hijitos. No dormía. Era un sacrificio pero al otro día salía en la murga igual. Hasta que mis hijitos llegaron a cierta edad y cuando ellos tomaron conciencia de que les gustaba la murga me pidieron de salir y salieron ellos también. 
 - ¿Para el varón era distinto? 
 - Para la mujer es un sacrificio más grande. Para el hombre es otra cosa. Nosotras salimos en la murga, nos divertimos y cuando venimos no tenemos derecho a descansar. Te tenés que levantar a cocinar, a atender a los chicos, a hacer miles de cosas. Pero la mujer lo lleva más en la sangre. Yo hoy tengo toda la familia en la murga. Son todos murgueros, hijos, nietos, bisnietos... Pero todo porque yo empecé. Yo fui la primera de la familia. En ese momento, los varones - machistas ¿no? - no querían a las mujeres en la murga. Pero, bueno, fuimos un grupo de mujeres, chicas, grandes, lo que fuera, que nos rebelamos, subimos a los camiones y les demostramos que nosotras también podíamos salir en una murga, como hoy por hoy lo hacen las mujeres con la cancha. Antes no eran admitidas ahí tampoco, había muchos prejuicios. Hasta que lo lograron, se integraron. Viven la pasión junto con los hombres. 
 - ¿Ves diferencias con la murga actual? 
 - ¡Esas eran odiseas! En ese momento había certámenes de murga; no como ahora que hay jurado y el que se va abajo, se va abajo y el que sube, sube. Las murgas se llevaban copas. Estaba la copa para la primera murga, la mejor murga del carnaval. Y después se elegían dos más que se llevaban un trofeo más pequeño. Las murgas de Capital iban a Provincia y las de Provincia venían a Capital. Y había rivalidades entre las murgas. ¡Eran peleas fabulosas, terribles! Las mujeres y los chicos nos escondíamos por cualquier lado; nos metíamos debajo de los camiones porque era infernal como se mataban a golpes. La organización también era distinta a la de ahora. Las murgas tenían tesorero, presidente, vice presidente. Estaba muy preparado. No era un director y punto. Se usaban los volantes que se entregaban a la gente en los corsos y le quedaba la propina al murguero que los repartía. Muchas cosas eran completamente diferentes a lo que es hoy. 
 - Los Curdelas fueron tu primer amor murguero...
 -  Así es. Los Curdelas fue mi primer murga y fue la que me marcó. Nunca más pude dejar... Estandarte que pasaba delante de mí, estandarte que yo me iba atrás. Porque fue como que le hice una promesa. Empecé a bailar y le hice una promesa de no dejarla nunca más. Yo venía de un momento duro, de la separación de mi papá y mi mamá. (Después volvieron.) Pero era como que necesité eso. Fue un impulso. Salir en la murga me ayudó totalmente. 
 - Era una cuestión de vecindad, de amigos y conocidos del barrio... 
 - La gente que había ahí era toda gente del barrio, pero toda gente grande. Gracias a la murga terminé conociendo a murgueros como Fito Bompart, a Lito Sosa, a Memo, al Negro Bazán, que ya no están pero fueron personas que la pelearon por el carnaval. Daba gusto verlos, cada uno en su postura, en su lugar. ¡Ponían ese amor por la murga! Con mucha humildad, porque era humildad... Yo cuando salí en los primeros Elegantes nunca me voy a olvidar que Julio, que fue uno de los directores, sabía que la gente estaba con sus problemas - porque los problemas por plata existieron siempre - y me acuerdo que se fue a una fábrica de zapatillas. No sé si las pagó o se las donaron. Pero él vino y repartió las zapatillas para todos. Me quedó esa imagen tan grabada... Ahí en Los Elegantes fui directora general de las mujeres. El director general de los varones de ese entonces fue Américo Bustos. 
 - Contame cómo siguió tu historia murguera... 
 - Después de Los Curdelas de Saavedra, salí en Los Elegantes de Saavedra de aquellos tiempos. Un verdadero murgón. Al frente de esos Elegantes me acuerdo que estaban Lito Sosa, Julio Domínguez. Era una troupe grande. Ahí también la organización estaba en manos de un grupo de personas, no de una sola. Por ejemplo, se encargaban de que todos pudieran tener sus zapatillas y sus guantes. Salí en varias otras murgas: Los Estrellados de Saavedra, Los Dandys de Saavedra, Los Rejuntados de Saavedra, Los Calamares de Saavedra, Los Reyes del Movimiento de Saavedra. También en Los Pecosos de Chacarita, Los Ambiciosos de Villa Martelli, Los Preferidos de Villa Urquiza, Enviciados por Saavedra y Los Goyeneches. En todas las murgas fui directora murguera, salvo en Los Elegantes, como te decía, que fui directora general de las mujeres.  





Meka con su amiga Alicia y su hija, Marcela, 
en el Centro Murga Los Elegantes de Saavedra


- ¡Pavada de trayectoria, Meka! ¿Qué significa ser directora murguera ? 
 - La denominación directora murguera ya casi no se usa. Cuando yo empecé a salir en la murga, el tema venía así: Estaban las mascotas, los murgueros y los directores murgueros. Después estaban los directores generales de mujeres y de varones. Ser director o directora general era un orgullo, era como cuando te eligían abanderada en el colegio. Y también estaban los directores generales de toda la murga, que eran los que nos dirigían a nosotros también para que, a su vez, pudiéramos dirigir al grupo que nos correspondía. 
 - ¿Cuáles serían las diferencias entre todos esos roles? 
 - El murguero o murguera es el que recién se inicia. Yo tuve mi época de murguera, cuando todavía no entendía cuales eran los picos de lujo de una murga. Actualmente, directora murguera o director murguero es cualquiera. Pero esto antes significaba que una persona ya tiene años de murga y conoce a la perfección lo que son los golpes de un bombo y tienen muy claro como bailar a los distintos ritmos: rumba, tres saltos, patada al cielo, murga. Vos te fijás que cuando una murga va saliendo y en el fondo están los directores, que son los que pegan esos saltos, esas patadas al cielo, como se les llama, impresionantes. 
 - No era algo así no más ser director murguero, ¿no? 
 - ¡Para nada! Cuando yo empecé a salir en la murga había que ganarse el título. Hoy, cualquiera entra a bailar y aunque no sepa bailar es un director murguero. Eso es lo que estoy notando entre los cambios de la época que pude haber vivido yo a lo que se vive hoy en día. Se usa mucha coreografía. Parece un grupo de zumba; van haciendo todos lo mismo. Yo tuve que hacer coreografía en Los Goyeneches; la hice y me salió bien pero creo que rompe un poquito los códigos. Yo creo que el murguero en sí expresa lo que siente el cuerpo cuando escucha un bombo; expresa lo que siente cuando está incluido en una murga, cuando está viviendo esa alegría, esa algarabía. Vos no le podés poner al murguero una coreografía porque el verdadero murguero se va a zafar y va a salir haciendo lo que le nace, lo que sabe, lo que siente, lo que quiere, lo que le hace explotar el corazón.
 - Si bien, hay una fuerte línea de similitudes y continuidades, ¿notás otras diferencias entre las murgas que conociste en las épocas de tus comienzos y las actuales? 
 - Hace unos años escuchaba cuando Pantera y otras personas convocaban a los murgueros para ir a pedir por el lunes y martes de carnaval. Porque la dictadura nos había sacado el carnaval. ¡Y no iba casi nadie a colaborar con ese pedido! Antes no era así. Por ejemplo, con los Dandys. Teníamos que ir a ver si nos dejaban entrar en tal lugar porque sucedía que no nos dejaban salir en ningún lado, no nos querían en ninguna parte. ¡Y ahí íbamos todos! Hasta en eso cambiaron los códigos. 
 - ¿Y en cuanto a lo artístico? 
 - Mirá, Pupita, antes el director llevaba el pito y cuando pegaba el pitazo saltaban todos, se formaban todos. ¡Ahora están todos a los gritos y tardan más en formarse que en hacer la actuación! Con respecto a la vestimenta, te digo que yo soy la enemiga de la mujer con levita larga. Le quita gracia al cuerpo de la mujer. Le quita femineidad. Para mí la levita larga es del varón. Para las mujeres, pollera o short con levita tipo cabaret, corta, como la de Los Goyeneches. Así quedan vistosas las chicas, las deja lucirse. O de lo contrario, chaqueta corta como las de Los Reyes. Hay muchos modelitos lindos. Porque es la típica ropa de la mujer. Ojo que yo tuve que salir con levita larga pero no me gusta. En las canciones, antes todos hacíamos el coro, todos. Ahora no. Tienen que subir cincuenta al escenario para que hagan el coro porque los integrantes desde abajo no cantan. Y antes nos daban las canciones escritas en papelitos para que las aprendiéramos. ¡Por eso es que hay tanta gente arriba de los escenarios! Se precisa del coro para que también respire un poco el cantor. En definitiva, no son los mismos carnavales. En definitiva, no es la misma destreza de baile. En definitiva, no es la misma forma de vestirse. Hay muchas cosas que cambiaron pero ¡que viva el carnaval y todas las murgas de donde sea. Y a toda esa gente que tiene ganas de rendirle culto al Dios Momo ¡un aplauso!  


              Meka en el Centro Murga Los Calamares de Saavedra 




 - Meka, hace poquito se publicó en la Revista Gestar Carnaval una antología de letras de murga escritas por mujeres. Fue un hallazgo, una sorpresa total el hecho de que hubiera una escrita por vos, sobre todo porque es de muy a principios de la década del ochenta. ¿Cómo se dio esa cuestión, la de escribir para la murga? 
 - En Los Rejuntados y en Los Calamares escribí canciones. Los Rejuntados fue una murga que arrancó casi sin querer entre Pantera y Rico, el papá de mis dos hijos más chicos, Alexis y Joni. Ahí yo escribí canciones que perduraron y que se cantaron también en Los Calamares, una murga simbólica de Saavedra, de colores marrón y blanco, donde agregué más canciones, como, por ejemplo, La Marcha de Los Calamares: 
 Luciendo el marrón y blanco 
Y danzando por las calles 
Nos llaman Los Calamares 
Y hoy llegamos hasta aquí
 Al principio yo ayudaba a escribir las canciones, entradas, retiradas, alguna glosa para la salida de la murga. Después ya hice canciones yo sola para Rico, que cantaba con Fito Bompart. Fito era una eminencia sobre el escenario, ¡un vozarrón! También escribí homenajes, por ejemplo a Ñamuña, a Luis Sandrini. Al mismo Fito, después de que falleció, le escribí un homenaje, pedido por su hija Ivonneé ¡Así nació la autora de canciones de murga! 
 - ¿Escribís otras cosas, además de canciones y glosas murgueras? 
 - No escribí ningún otro tipo de canciones todavía pero lo que sí escribo es poesía. Yo he escrito muchas poesías para mis nietas, cuando fallecieron, el 1 de enero del año 2001. También narraciones. Se las escribía para ellas, para conversar con ellas. Las tengo guardadas. 
 - Habrán sido años memorables... 
 ¡Ni hablar! Lo de Los Rejuntados fue una locura. Estábamos por salir en Los Cariocas de San Martín porque no teníamos murga acá en Saavedra. Entonces, empezamos a ensayar en el Club All Boys. Puchero, el señor que sacaba la murga traía los instrumentos, todo. Nos hicimos la ropa unos cuantos y de repente por una pelea entre este señor y un ayudante de él, quedó todo parado. ¡A una semana de empezar el carnaval! Decidimos seguir con los ensayos en el All Boys a condición de ver cómo salíamos. Entonces se decretó que se podía salir con la ropa que tuviéramos o disfrazados de lo que quisiéramos porque ya no había tiempo para vestuario. Algunos tenían la ropa de Los Cariocas, otros de Los Elegantes, todos de diferentes murgas. Hubo personas que se disfrazaron de fantasmas, de cualquier cosa. Era un clericó de colores, de ropa. Una tarde estábamos en la casa de Pantera con Rico y faltaba el nombre de la murga. La mamá de Pantera dice: "Eso es un entrevero. Son unos rejuntados" ¡Y le dejamos Los Rejuntados! Al final fue muchísima la gente que se juntó. No alcanzaban los micros, había coches particulares, una barbaridad. 
 - ¿Dejaste de salir algún carnaval en todos estas décadas de murga? 
 - La verdad es que nunca dejé de salir por voluntad propia. Mis hijos más chicos, Jonathan y Alexis (que ahora saca Los Goyeneches) nacieron los dos en diciembre. En enero empezaban los ensayos y yo todavía estaba toda cosida pero iba igual, con ellos en el cochecito. Les compraba en la farmacia unos taponcitos especiales para los oídos y los llevaba conmigo. En esa época eran en el Club Loma. Incluso estando recién operada cuando me enfermé, una noche fuimos a un ensayo de Los Preferidos, donde iba a salir mi familia, y me largué a bailar aunque no me podía ni mover de los dolores que tenía. Todavía no sé cómo fue que lo hice. En un momento de doy vuelta y veo que estaban todos llorando. Ese carnaval fui todas las noches en el micro, no me perdí ni una. Igualmente, en cuanto a los chicos, a mí nunca me gustó eso de "tienen que ir porque yo voy". Yo creo que los chicos tienen derecho a decidir si les gusta la murga o no. Así como tampoco se les debería imponer un equipo de fútbol desde chiquitos. El ser humano tiene derecho a decidir sus cosas y aunque no elija lo mismo que nosotros, es su decisión. Yo nunca obligué a mis hijos a salir en la murga. Mi hijo Gabriel, salió como acompañante, ahora vive en el Chaco con su familia pero mi hija mayor, Marcela, siempre salió con nosotros.


Meka en el Centro Murga Los Goyeneches del Barrio Mitre 



 - ¿Qué significa para vos ser murguera? ¿Qué te dio la murga a nivel personal? 
 - Mi vida nunca fue fácil pero la murga me dio la alegría, las ganas de reirme, de disfrutar. Esas siempre fueron mis vacaciones. Salir en la murga era algo que me levantaba el corazón, me renovaba. A mí la murga me salvó. Le debo muchísimo. Una vez al año, esas ocho noches de carnaval yo volvía a reiniciar mi vida. La murga me dio fuerzas para salir adelante. Era terminar un año y ya estar pendiente de que viniera el otro. ¡No veía la hora! Me sacaba todo lo que tenía adentro. Era una terapia para mi cuerpo, mi corazón. Creo que la murga me salvó. Cuando estuve enferma, empecé a bailar llena de cicatrices, de perforaciones en mi vientre, de dolores espantosos, pero yo escuchaba el bombo y bailaba. ¿Qué otra forma de demostrarle al carnaval que amo, que la murga? Me la jugué. Aunque me quedaran pocos meses de vida, los iba a quemar bailando. Y la murga me ayudó, me dejó, me sacó y volví a ser la misma Meka murguera de siempre. O sea, para mí la murga significa todo. Es como un guitarrero que ama a su guitarra. Es porque le pone todo. Está el alma incluida ahí. La murga desde el primer momento en que la conocí, se quedó en mí. Para mí la murga es todo y el carnaval es mi vida. Porque la verdad es que te ponés el traje de murga y te convertís en algo muy especial. No lo sabés especificar, no sabés qué es, pero hay algo en vos. Ser murguera para mí es tener la obligación de alegrar a un montón de gente sin fines de lucro. El murguero le alegra la noche a los espectadores, a todo el público y quizás sin darte cuenta te estás alegrando tu propia vida. 



Detalle zapatillas de lentejuelas cosidas a mano,  
confeccionadas por Meka. 








Detalle Traje de Meka (espaldar) 



 - ¿Cuáles son tus proyectos para el futuro? 
 - Estos carnavales que viene tengo pensado salir en alguna murga de Saavedra. ¡Pero que salgo, salgo! Para mi futuro me encantaría terminar mi etapa como murguera, bailando. Hasta donde pueda llegar. En cualquier murga, la que sea. Al verdadero murguero no lo hace el nombre de la murga. Mi sueño dorado es que me despidan con el traje de la murga. No importa cual. Y también que mi familia continúe mi legado, que no dejen nunca nunca de salir en carnaval. Para mí la murga es el elixir. Me gustaría legarle mi sucesión, mi continuidad. Aunque me duela en el alma no poder estar con ellos. O sea todo lo que salió de mi vientre, que siga bailando y disfrutando del carnaval, cada uno de mis descendientes con su experiencia. Mi nieto, por ejemplo, es director bombista. Y ahora el próximo que está llegando, mi bisnieto, ¡seguramente también será murguero!








                         

Meka y sus hijitos de cuatro patas: Jazam, Jayro, Popy y Jana 

jueves, mayo 05, 2011

Mujeres en la murga porteña
Pupita La Mocuda

Una cuestión central en la historia de las murgas de raíces porteñas, es la que se relaciona con la participación de las mujeres.  En Buenos Aires, son estos grupos artísticos junto con las  comparsas,  las sociedades corales y las agrupaciones humorísticas, algunos de los conjuntos de aficionados que desde siempre han celebrado el carnaval. Ellos se corresponden ya  entrado el siglo XX con el tejido de redes informales de socialización de varones vigentes en la ciudad – la barra del café, la parada, la esquina, la hinchada del equipo de fútbol – que dan lugar a todo un ciclo de bohemia masculina. (Martín, 1997) Aún así, la participación femenina se verifica con fuerza en la celebración del carnaval, por ejemplo, en los juegos con agua, bailes, recorridos callejeros.  


Es posible definir el género como un elemento constitutivo de las relaciones sociales basado en las diferencias que se perciben entre los sexos. (Scott, 1986) Queda, asimismo, el juego de visibilidad e invisibilidad de ciertas identidades que, a lo largo de la historia, ha resultado en un relato construido y narrado desde el punto de vista androcéntrico.

Más allá de que la historia registrara la presencia notable de las mujeres en todos los ámbitos, persistió una visión según la cual los datos sobre ellas no pesaban en la interpretación histórica llevando a una "ignorancia" de su existencia. (Una historia no sesgada debe expresar necesariamente todas las identidades genéricas.) (Scott, 1989)


Es bajo esta luz que debería examinarse el rol que la mujer ha cumplido a lo largo del tiempo en la murga porteña. Es importante destacar que  hasta bien avanzado el siglo la función femenina  remitía por lo general  a actividades de soporte de la actuación tales como hechura y refacción de trajes y estandartes, decoración de fantasías, galeras y demás implementos o incluso préstamo de maquillaje para ojos y mejillas así como de bijouterie a los murgueros varones. (Era relativamente común, sí, la presencia de muchachos transvestidos.)  eventualmente su presencia en desfiles, escenarios  fue haciéndose cada vez más notoria  hasta tornarse masiva hoy en día y hasta mayoritaria en algunas agrupaciones. Actualmente no causa sorpresa alguna verla incursionando en las bandas rítmicas, bastión sagrado de la masculinidad por excelencia durante décadas.



"Si la murga no hace sentir bien

a la gente, no sirve."
 Reportaje a Ana Gerez, Directora
General del Centro Murga Eléctricos
de Agronomía.

Por Pupita La Mocuda








¿Cómo llega la murga a tu vida, Ana?

De chica me llevaban a los corsos y a mí me deslumbraba el movimiento. Siempre íbamos atrás de las murgas. Veíamos los bombos y los últimos bailarines.

¿Dónde te llevaban?

A los corsos que teníamos más cerca, Villa del Parque, Devoto. Vivíamos en Agronomía. Y de más chica, aún, seguro que también pero no recuerdo. En Tapiales, habré visto algún ensayo… Pero después más de grande, conocí un pibe – Julito Locatelli – que salía con Coco Romero y con Los Quitapenas. Fui a ver un espectáculo de ellos, vi que había mucha música, mucho baile de murga y mucho colorido. Cosas que me parecieron muy buenas y que yo veía que podía hacer en la escuela. Pensé que través de la murga los chicos iban a poder aprender música y cosas de la cultura nuestra. Entonces empecé a ir al Rojas a uno de los talleres de Coco Romero y aprendí un montón. Ese año salió de ahí mismo, la murga Traficantes de Matracas.

¿De quienes te acordás que estuvieran con vos?

Estaban Daniel Laham, que después fue director; Fabiana Vidal, Valeria, Marcelo López (el Topo), Mariano, Ethel Batista…

¿Vos que hacías?

Yo tocaba el bombo, bailaba, cantaba… Lo que hiciera falta.

¿Cuál era la formación musical que traías?

En ese momento yo ya era Maestra Nacional de Música y estaba terminando el Profesorado de Música.

¿Y qué fue lo que más te gusto hacer en la murga al principio?

Y, en la murga… ¡Todo! De chiquita hice danzas clásicas cuatro años, subía al escenario todos los años. Y me quedó la cuenta pendiente de eso, de la ilusión de poder volar… Porque tuve que dejar para dedicarme a estudiar música. Entonces, todo ese tema de la danza, esa necesidad del baile que yo traía, se juntó con mi historia musical.

La murga junta todo eso…

Sí, desde la alegría. Y esa conjunción fue lo que más satisfacción me dio durante todos estos años de murga.

¿Qué tipo de relación tiene tu familia con la música, con el arte?

Siempre amaron la música, toda mi familia. Mi abuela era Profesora de Música y Profesora de Violín, a diferencia de sus hermanas que estudiaron piano. O sea, era rebelde… Pero, claro, como todas las señoras de la época, que se casaban y dejaban… Llegó a los ciento cuatro años alegre. Mi abuelo cantaba y tocaba la guitarra en el entorno familiar. Mi mamá aprendió a escondidas… Mi papá silbaba muy afinadamente y tocaba en un cajoncito de madera que tenía los ritmos del bombo legüero. En casa se escuchaba mucho folklore, tango y música clásica. Esas fueron las tres cosas que a mí me marcaron, me impulsaron y formaron siempre parte de mi vida. Desde la panza de mi mamá yo escuchaba Tchaicovsky, era lo normal en mi casa. Mis dos hermanos aman la música, tocan la guitarra, cantan.

Traficantes de Matracas, ¿genera alguna marca especial?

Bueno, fue NUESTRA murga. Era propia. El grupo era de nosotros. Daniel, Ethel y yo éramos los que la llevábamos adelante, aunque los demás trabajaban y colaboraban también. Era necesario un coordinador para algunas decisiones. Y ese rol lo tomó Daniel. Nos financiábamos con lo que sacábamos en algunos – poquitos – corsos. También fiestas particulares, escuelas…

¿Y el estilo? ¿Siempre fue murga porteña?

Murga tradicional. Con bombo, platillos y silbato. Eso era lo que prevalecía y sobre ese ritmo se hacía todo.

¿Cuánto dura la experiencia?

Cuatro años de 1994 a 1998.

¿Y qué rescatás de ella?

¡Todo! La base del amor a la murga y los recorridos que hicimos. Pasaba que como éramos una murga chica y no teníamos mucha experiencia, no había posibilidad de ir a corsos grandes. De esa manera nos acercábamos a participar en los ensayos o salidas de murgas más grandes. Como, por ejemplo, en su momento fue con Los Herederos de Palermo y Los Reyes del Movimiento de Saavedra. Así estuvimos dos años varios de nosotros. Compartíamos lo que hacían, obviamente con el permiso de los directores. No era que nos estábamos cambiando de murga.

¿Sentían que se enriquecían de esa manera?

¡Pero muchísimo! Para mí fue una manera de crecer abismalmente. En el sentimiento por la murga, cómo tocar, cómo bailar... Tener la experiencia de lo que es una murga de barrio fue una de las patas más importantes que a nosotros nos faltaba. Estar adentro de una murga donde no te conoce nadie, donde sos “el nuevo”, donde quizás te miran como diciendo “Y vos, ¿a qué viniste?”. La gente de la murga tradicional, la murga de barrio, no estaba acostumbrada a que le digan: “Hola, vengo a aprender de vos.” Ese murguero no estaba acostumbrado a que el que sabe es EL y que puede dar algo a los demás. Se sentían incómodos, sorprendidos. Hasta que por ahí, alguno se aflojaba y te pasaba un ritmo… Lo que pasaba es que teníamos necesidad de salir en carnaval y sabíamos que esas eran murgas grandes, con mucha historia, lugares donde podíamos aprender. Nosotros estábamos sedientos de murga. Y ahí íbamos, hasta donde nos dejaran. Si era para ver, para ver. Si era para sumarnos a bailar, a bailar…

¿Cuando ustedes planteaban esto a los directores de esas murgas, ellos eran receptivos?

Bueno, nosotros tratábamos de explicar lo que queríamos. Ibamos felices de poder estar. Coco también nos alentaba desde su lugar. La verdad que en Los Reyes, por ejemplo, Pantera en seguida nos dijo que si queríamos integrarnos, lo mejor era ponernos a participar, a bailar, más que ver el ensayo. Y aprendimos un montón. Después cada uno siguió su rumbo.

¿Y vos que hacías? ¿Solamente bailabas en ese momento?

Bailaba y también toqué el bombo. En Los Reyes en ese momento estaba Darío, que, con mucha paciencia, me enseñó los ritmos.

De las primeras mujeres bombistas de las que se tienen noticias…

Bueno, ni bien llegué al Rojas lo primero que quise fue tocar el bombo. Estamos hablando del año 1994. El que es músico en seguida quiere agarrar el instrumento.

Pero cuando llegaste a las murgas más tradicionales, ¿no hubo ningún cuestionamiento en cuanto cómo podía ser que quisieras tocar el bombo siendo mujer?

Eh… En Los Herederos no hubo posibilidad de elección. Era bailar o bailar. Pero en Los Reyes, sí. No me acuerdo el día exacto pero había que salir y… Capaz que era porque no había ropa de bailarín… Me acuerdo de estar aprendiendo los ritmos antes de una función, en un camarín.

¿Y por qué vos tenías tu propio bombo? ¿Por qué te compraste bombo?

El primero me lo compré para Traficantes. Después me compré otros más. Por una cuestión de independencia. Soy una persona que trata de no depender de si el otro lleva el bombo o no. Si yo tengo que tocar, quiero tener mi propio sonido.

Esto podría ser visto como una cuestión que involucra al género, al ser mujer, específicamente pero puede que no haya tenido que ver con esto…

En mi caso puntual tiene que ver con tener un instrumento, como hace cualquier persona que estudia música. Si vos tenés tu propio instrumento vas a tocar mejor que si no lo tenés. Es un tema de desarrollo musical. En Los Reyes tocar el bombo no era algo habitual para las mujeres. “¡Mirá, toca el bombo!” ¿Dónde se coloca a una mujer que toca el bombo? ¡En el medio de todos los bombos! Como figurita rara, decorativa o como “¡Mirá lo que tengo! ¡Tengo una bombista mujer! ¡Tengo lo que no tiene ninguna murga!” Y además estás cuidada. Porque la persona que va en el medio va mejor protegida que el resto. Cuando se iba un lugar considerado “peligroso”, ahí los varones iban en los bordes de las filas en el desfile, y las chicas en el medio. Algo parecido. Ahora no es tan así, me parece.

Sí, bueno, pasaron 15 años… El momento histórico no es el mismo. Los lugares donde salían las murgas tampoco son los mismos: corsos largos, poca iluminación, en general en la Provincia de Buenos Aires, sin vallas… ¿Qué te deja tu paso por los Reyes, entonces?

Fue un momento muy intenso. Me deja el respeto y el amor incondicional al barrio como generador de todo. Por el barrio se trabaja, por el barrio se baila, por el barrio, todo. La gente que salía en la murga era de Saavedra y escucharlos cantar a todos “Saavedra, barrio querido…” era muy fuerte. Es su identidad, su cuna. Eso le da motivo a toda la construcción de la murga, a ir a ensayar, a cantar, a dejar de hacer cosas por estar. Chicos que por ahí ese día no comieron y fueron a salir con la murga cinco horas. Es muy poderoso ese aprendizaje. Después de disuelta Traficantes, el único objetivo que yo tenía era algún día formar, sacar una murga de mi barrio porque todo ese aprendizaje de lo barrial fue muy importante para mí. Siempre tuve esa ilusión pero sabía que eso llevaba mucho esfuerzo.

¿Cuándo llega esa oportunidad?

Recién en el 2005, con Los Eléctricos. Antes hice otras cosas. Pasé, por ejemplo, por Los Pitucos (un carnaval solo) porque ahí había muchos chicos que había sido alumnos míos, como Pachu, que asistía a la escuelita donde yo daba clases de música y a la vez incursionaba en murga. Ahí habíamos formado Los Salpicantes de Alegría en La Escuela Número 11 Congreso de Tucumán del Distrito 16. Estuvimos en el homenaje que se le hizo a Ñamuña en Saavedra. El integrante más grande tenía doce años. Di orientación para formar la primera murga salida del ámbito hospitalario en la Argentina, a través de un taller del Programa de Salud Mental Barrial con vecinos y pacientes, la murguita del Pirovano. Se llamaron Los Audaces de Coghlan



¿Cómo fue esa experiencia en el espacio escolar?

Donde veía que había posibilidad, yo iba para adelante con la murga. Estuve en un Jardín de Infantes con cuatro salas de chiquitos de tres años armando una murguita; también en la Escuela Raggio. Los Malaprendidos del Raggio se llamó ahí la murga. Salimos en Dándole Vida a Saavedra, evento que organizaron Los Reyes del Movimiento, mostrando cómo la murga también puede surgir en otros ámbitos, por ejemplo el escolar. Eso era de una novedad absoluta. Incluso estaba mal visto. Las directoras decían: ¡No, olvidate! Pero al ser una maestra de la institución generaba confianza. Igualente, siempre después del horario escolar, con el aval de las madres ahí cuidando. Por otro lado, di talleres en el CEPA con Angel Batista, también de Traficantes de Matracas, que se llamaron “La Murga en la Escuela”. Durante cinco años, pasaron por ahí entre doscientos y trescientos maestros de Capital Federal aprendiendo qué es una murga. Y ellos, a su vez, fueron amplificadores de sus experiencias. Se armaban murgas, aprendían a bailar, a tocar, a componer, a hacerse el traje, a decorarlo, la historia de la murga… El curso se aprobaba con un trabajo escrito y una presentación con público de murga. Todo, hasta el estandarte tenían que hacer.

¿Y paralelamente a tu actividad murguera?

Bueno, yo tocaba folklore también. Me acompañaba con el piano o algún guitarrista. Y fui organista y coreuta de un coro de música Regina durante siete años.

¿Bien Frappé viene detrás de esto?

Sí, fue un grupo instrumental de tango que integré un poco después. Hice seis giras a Europa como pianista y arregladora: Alemania, Suiza, Suecia, Dinamarca, Inglaterra, Austria, Holanda, Italia… Tenemos un CD. Duró cinco años la experiencia.

En definitiva, ¿qué instrumentos sabés tocar?

Piano, guitarra, clarinete, bombo legüero, bombo con platillos, redoblante, flauta, quena…

¿Y todo esto como se complementa o se opone a la murga? ¿Qué cosas se conectan? ¿Lo profesional y lo murguero confluyen?

Todo es música y todo es importante. Si no, yo no lo estaría haciendo.

¿No hay diferencias? ¿Es parecido lo que hacés, por ejemplo, actualmente en La Flor y Nata?

El objetivo es diferente. En La Flor y Nata hace cinco años que estoy. Somos una banda de músicos, un grupo musical, cuyas letras, la temática en sí, refieren al carnaval y a la murga. Canciones y algún que otro recitado. Varios de sus integrantes originales son o fueron murgueros. Hay bombo con platillo de acompañamiento pero también otros instrumentos de percusión y melódicos. Cantamos incorporando distintas voces, que, igualmente, no quiere decir que hagamos estilo murguero uruguayo, distinto del porteño.


¿Cuál es la diferencia?

El estilo uruguayo hace voces a determinados intervalos. Es difícil de explicar pero básicamente es así: en la murga uruguaya se hacen cuatro o cinco voces simultáneas. Hay momentos en donde se canta a una sola voz, en otros a más voces y ahí siempre se mantiene la tríada, que quiere decir, las tres notas que forman el acorde, distribuidas de una manera especial. En cambio, en la murga porteña no se hace eso. Acá hay una sola voz y si se quiere meter otra voz, para mantener el género, lo único que se puede hacer, es una voz que le conteste.

¿Lo que hace el coro con el solista?

Una especie de coro y solista. A dos voces ya se sale del género. Lo que sí se hace es una voz que le conteste a la otra. No, superposición de voces melódicas, al mismo tiempo. Ese es el estilo uruguayo. Y también depende qué tipos de intervalos hay. Cuando vos tenés dos melodías diferentes pero sucesivas, una empezando y otra que le sigue, eso es tradicional porteño. Pero cuando dos voces son diferentes, una aguda y una grave a la vez, eso ya no lo es. Por más que no hagan lo que hace la murga uruguaya, que es ese determinado intervalo.

¿A qué te referís con intervalo?

A que tenga una determinada estructura de acorde DO MI SOL. Porque a veces se hacen dúos, dos voces, que no es el uruguayo tradicional pero se acerca. La murga porteña mantiene una sola línea melódica.

Eso es así, ¿por qué? ¿Por tradición?

Sí, por historia.

Vos hablás siempre de una voz que aúna, que unifica…

Claro. Lo que yo pienso y lo que yo siento – porque aquí también se involucra lo emocional – es que cuando toda la murga canta al unísono, todos la misma melodía, se genera una potencia mucho mayor que la murga dividida en voces. Precisamente, porque en esa división, la murga está fraccionada, unos para un lado, otros para otro. Cuando todos cantan igual, con potencia – por ejemplo como yo lo he escuchado en Saavedra – tiene el doble de fuerza.

Es igualadora, lleva la fuerza de la multitud…

La fuerza del total, de todos. De ser todos la misma voz. De estar todos bajo la misma voz. La murga uruguaya canta por momentos al unísono pero prevalecen las distintas voces. Hay, igualmente matices: por momentos canta el solista, por momentos cantan varios a una sola voz, en otros todos a una sola voz o en distintas voces. La manera también es diferente de la porteña…

¿La emisión de la voz?

Sí, es nasal. Viene de la tradición que traen, de los orfeones españoles, de los grupos corales a cuatro, cinco o seis voces.

La nuestra tiene otra tradición. ¿A qué remite?

Viene de otra historia. Está lo español, la tradición eclesiástica, que es un tipo de canto responsorial, donde al pastor le contesta la congregación. Esto está muy arraigado. Pero también está la música de los negros, donde canta un solista y contestan todos lo mismo. Una pregunta y una respuesta. Eso es algo muy común en la murga nuestra. El canto comunitario donde todos cantan a una sola voz es algo que está en muchas culturas. Lo tiene también la indígena. A diferencia de lo que fue resultando en Uruguay, donde quedó y se mantuvo la historia de la murga de Cádiz. Es como un orfeón – aquí también llegaron orfeones a Buenos Aires, que eran coros masculinos – que se prolongó en el tiempo: un coro a varias voces referido al carnaval. Allí lo negro quedó para el candombe y lo europeo para la murga. Acá no fue así, la evolución fue distinta. A principios del siglo veinte había gran variedad de grupos de carnaval en Buenos Aires, producto de las oleadas de inmigración. Recién se va amalgamando hacia el treinta, se hace más homogénea la propuesta, al afianzarse lo barrial. Finalmente, la murga fue aquello que se acompañaba de bombo con platillo y nada más.

¿Cómo se crean tus Eléctricos de Agronomía? Es evidente que vienen desde tu deseo…

Sí, del deseo de tener una murga en mi barrio para mantener la tradición. ¿Qué pasó antes de ese momento? Me llama el Colo, de Los Pibes de la Esquina porque quería reflotar su murga. Fui varias veces, había que trabajar duro y ahí me di cuenta de que si tenía fuerza para armar una murga en otro barrio, la iba a tener para sacarla en el mío. Porque ¿cuánto había esperado tener la fuerza para hacer eso? Y ahí decidí empezar de cero en Agronomía. Un par de chicas que habían estado conmigo en el Raggio me habían dicho que contara con ellas para cuando armara una murga. Ellas no vivían en Agronomía y, sin embargo, tenían la semillita sembrada del amor por la murga y estaban buscando un lugar donde poder continuar con todo lo que ya sabían. Al final empezamos el 7 de julio de 2005, pleno invierno. Y acá estamos, contra viento y marea.

Hay una historia barrial detrás…

En el año 1925 salieron los viejos Eléctricos que después volvieron a salir a mediados de la década del cuarenta y nuevamente en los sesenta hasta el año 1965. Tuvieron tres etapas pero muchos años sin salir. Ninguno de los que la formamos en la actualidad tenía relación con esa murga de antaño. Uno de los objetivos que teníamos era buscar a algunos de esos integrantes y decirles: “Queremos que estén con nosotros.” Encontramos a tres, de setenta años más o menos, que por vivir lejos no podían venir.

¿Cuál es el origen del nombre?

Al tren que atraviesa nuestro barrio lo llaman “el eléctrico”; no sé si será porque fue el primero de ese tipo que pasó por ahí, quizás sí. Y también porque el nombre me gustó. ¿Ese sería otro motivo válido?

¡Cómo no! Además, la electricidad es una metáfora que puede aplicarse muy bien a cierto baile murguero…

¡Claro! Por otro lado, las personas que fundamos Eléctricos nos pusimos la murga al hombro y no paramos de hacer cosas. Una persona eléctrica es una persona que hace, hace, hace… Yo soy bastante eléctrica, ¡ja ja! Además, antiguamente, había un personaje de la murga (que sigue existiendo, lo que pasa es que no todas las murgas lo sacan) que es el eléctrico, como el panzón, el borracho… Es el que hace temblar todo su cuerpo. Una figura tradicional, como el loquito, el presidiario.

¿Los colores?

Sale primero el nombre y después salen los colores. El único posible era el azul eléctrico. Agregamos el plateado. Fuimos a la Comisión de Carnaval a ver si era posible esa combinación y había ya una murga con esos colores. Por eso tuvimos que agregar otro más y elegimos el negro.

¿Quiénes forman la murga? ¿Cómo es la banda rítmica?

Somos una murga chica, mayoritariamente de personas jóvenes pero sin que eso implique ningún tipo de exclusión. Tenemos bombos con platillo y silbato en cuanto a instrumentos. Tuvimos en su momento surdo pero solamente siguiendo el mismo compás del bombo, sin introducir ninguna variación. En general, ensayamos a partir del mes de junio en adelante hasta carnaval.

¿Qué importancia tiene para ustedes lo artístico?

Siempre tuvimos la idea (y cada vez más, a medida que nos íbamos definiendo y consolidando) de que la parte artística es muy importante. En lo sonoro, por ejemplo, que los bombos tienen que HACER MUSICA, que son relevantes, que deben mostrar variedad tímbrica. Eso tomado como búsqueda, que haya crecimiento y que se luzca. Lo que más desarrollamos es ese costado. Lo técnico también. Como cuando tocás cualquier otro instrumento. Además, ensayamos muchísimo el canto, el escenario. Es imprescindible que gente que nunca cantó o tocó en su vida que pueda encontrarse con su potencial.

Reconocerse como artistas…

Yo considero que hagan o no hagan un desarrollo intensivo del canto, del baile o de lo instrumental, los murgueros son artistas igual. No por hacer un taller uno va a convertirse en artista. Se podrá pulir algún aspecto pero nada más, hay cosas que se traen. Una actuación de murga no es un concierto pero al público hay que demostrarle respeto. A partir de las posibilidades y los deseos de cada uno vamos armando lo que después se ve en la calle y sobre el escenario. La murga debe mostrar lo mejor que tiene.

¿Las letras quien las escribe? ¿A qué le cantan los Eléctricos?

En principio todos podemos componer pero al que más experiencia tiene, mejor le va a salir… Nos enmarcamos dentro del género. Hacemos entradas, retiradas, críticas, homenajes, por ejemplo, a viejos murgueros,  gente que ha construido el carnaval, al barrio de Agronomía. Muchas de esas las compongo yo. Por ejemplo, esta es la canción de entrada para los carnavales 2011 con música de Leonardo Favio (Me estoy volviendo loco)


Me estoy volviendo loco por la murga más que un loco,
Cosiendo lentejuela me desvela la razón.
Ya no percibo el tiempo de las cosas más reales
¿Y cuánto es lo que vale una noche como hoy?.
La murga Los Eléctricos del Barrio Agronomía
Presentes cada día en este hermoso carnaval.
Regalo de la vida que es eterno cada día,
Que brilla en las pupilas de aquel niño que no está.

Que mira de una estrella con nostalgia, con grandeza
Cumpliendo la promesa que hiciera alguna vez.
Con muchos que vivieron aquellos carnavales
Hoy viven en nosotros y acoimpañan de revés.
Que siempre volverán a reir y todavía
Se ven entre las filas bailando una vez más,
Con su traje de luna van llegando en esta noche,
La gente los saluda y los aplaude sin parar.

Me estoy volviendo loco por la murga más que un loco.
Si están todos bailando abriendo la función,
Es para la alegría que suelto y que ilulmina
Por muchos de estos rostros cargados de emoción.
Que vivan los murgueros pero todos los murgueros
Que hicieron y lucharon por un carnaval mejor,
Con la cabeza loca pero siempre con la murga
Por la gente que hoy se junta en esta presentación.


O esta, El vals del ayer,  que es una canción de homenaje a nuestro barrio con música de Agustín Minotti (El vals de los 15 años)


El ayer, de mi barrio que no olvidaré.
El ayer, de esa esquina que nos vio crecer.
Y al pasar, tantas cosas que no han de cambiar,
Este humilde y sincero homenaje
A la gente del barrio que está y no está.
Que supieron en Agronomía formar la familia
Que hoy vemos acá

La esquina era de Don Benito,
Con su delantalcito atendía el almacén.
Tenía en una libretita
Todas esas cuentitas del fiado de ayer.
Y siempre confiaba en el barrio
Con su libreta llena de tanto fiar,
Cuando ayer la palabra valía
En el barrio no había por qué desconfiar.
Cuando ayer la palabra valía
En el barrio no había por qué desconfiar.

El ayer, de mi barrio que no olvidaré.
El ayer, de esa esquina que nos vio crecer….

Recuerdos de antaño yo tenía
De cuando era una niña y jugaba en la esquina.
Febrero, bombita de agua y balde,
Había que esquivarle sin un resbalón.
Recuerdos de antaño yo tenía.
Que se cuiden las niñas de este carnaval,
porque hay muchos muchachos contentos
que justo en febrero les gusta mojar.
Porque hay muchos muchachos contentos
que justo en febrero les gusta mojar.

¿Quienes han sido tus referentes, tus figuras inspiradoras?




Hay varios, pero a la hora de ver cómo los directores de murga resuelven cosas, con el paso del tiempo y la experiencia de todo este tiempo, he conversado bastante con Pantera, con Dani Laham también. Pero Pantera al dirigir la murga ha pasado por todo lo que pasé yo diez, cien veces. Es una gran referencia. Obviamente hay cosas en las que estamos de acuerdo, cosas que no.

¿Cómo abordan los Eléctricos el tema de la identidad? ¿Qué importancia tiene?


Cada vez más. Esto ha producido algunos quiebres pero el rumbo es y seguirá siendo el de Centro Murga. El canto de cierta manera, el bombo con platillo sin redoblante ni trompetas, el parche del surdo sonando igual que el bombo… Yendo siempre sobre ese camino claro de lo que es la murga tradicional, histórica. Mostrarla tal cual es, defenderla, significa mantener las raíces. Ahora, La Flor y Nata es otra historia. Como no es una murga se pueden hacer cosas distintas. Definir la murga tradicional es prestar atención a lo instrumental, a lo vocal, cuáles son los roles.

¿En lo organizativo también, entonces, habría un correlato? ¿Cual sería el papel del Director o Directora? Pregunto esto porque creo que existe tal relación. No sé si taxativamente pero me parece que la hay…

En una murga que se describe como tradicional pero en la que se desea respetar el género, uno se puede encontrar con gente que no lo conoce en toda su dimensión, que no lo puede sostener básicamente porque no lo conocen. Ese es el papel de los directores, en general los más viejos de cada murga, que son los que dicen: “No, mirá, ese toque no es de murga.” Van conduciendo el rumbo de lo artístico hacia su objetivo para mantener las raíces culturales. Las decisiones más allá de lo artístico son cosas sobre las que se puede votar, se pueden decidir en conjunto. Ahora, dónde van los bombos, cómo se toca o se canta, dónde van las fantasías, dónde van las mascotas, eso ya tiene una historia y conocer la historia es lo que te conduce a mantener la tradición.

¿Cuál es la inserción de Eléctricos en el mundo murguero contemporáneo? ¿Qué relación tienen con otros agrupamientos más generales?

Nosotros pertenecemos al circuito de carnaval de la Ciudad de Buenos Aires. La relación que tenemos con otras murgas es a través de amistades personales que hicimos con el correr de los tiempos. A nivel murga es lento el proceso porque somos nuevos. Eso se va construyendo lentamente, en la medida en que vamos participando de los corsos, vamos conociendo otra gente. En el 2010 hemos tenido la oportunidad de cosas históricas, como por ejemplo hacer por primera vez una función conjunta con Los Reyes del Movimiento donde los bombistas tuvieron que compartir el toque de bombos con otra murga. Esto fue en el corso del Colo en Villa Pueyrredón. En el encuentro de Las Flores pudimos compartir el desfile y la presentación con Estrellados Porteños que implicó ceder espacios personales para un trabajo artístico en común. Eléctricos tocamos el ritmo de Estrellados en el desfile de entrada y Estrellados siguieron a Eléctricos en el de retirada.

Con los chicos de Pateando contra el Viento de Zapala hicieron algo parecido en 2009, ¿no es cierto?

Sí, es verdad. Lo que ocurre allá en el sur es que los murgueros reciben gente de Buenos Aires en talleres y van aprendiendo sobre murga porteña. Los invitan para que les enseñen lo que ellos saben. Pero en un taller de canto donde ellos participaron con otros chicos de Neuquén, yo les decía en uno de esos encuentros que “el hombre nunca es más que cuando tan sólo es él”, como dice la chacarera. Que no busquen tan lejos lo que tienen a la vuelta de la esquina. Sí que tengan fuertes las bases de lo que tradicionalmente fue y es la murga porteña pero que a la identidad la encuentran en su propio lugar y no en otros lugares. Ellos decían que sus murgas tenían de todos lados un poco y yo pienso que, en realidad, ya está clara su identidad, no tienen que ir a buscarla más allá. El loncomeo, las canciones de los hermanos Berbel, canciones mapuches…

Es muy fuerte eso…

Sí, es muy fuerte y es importante. Ellos tienen eso, así como en Buenos Aires nosotros tenemos el tango, por ejemplo. A algunos les gustará más, a otros menos pero es la música de acá junto con la murga. La murga cantó tango toda la vida.

¿Cómo se salvaría esa aparente contradicción, entonces, de gente que quiere hacer murga porteña en un lugar que no es Buenos Aires?

La murga porteña nace de Buenos Aires pero la temática y la identidad ellos la tienen que encontrar en su lugar. Lo que yo hice es darles el ejemplo de una canción con letra en castellano y en mapuche y la canté con ritmo de murga. Es compatible el ritmo del loncomeo – propio del sur, tradicional mapuche – con la murga nuestra. Todo eso hace a la identidad del lugar. Pero la idea no es hacer música mapuche. Porque no estarían haciendo murga si la hacen con el kultrún solamente. Ahora, si ellos quieren hacer murga pueden usar bombo con platillo pero basándose en la música de su lugar, en la raíz folklórica de su vida.

Con temas propios de su lugar…

Claro, con sus problemas, sus cosas, el viento, la piedra, las cosas que hacen a su entorno. No van a hablar del asfalto o de lo que hablamos nosotros. Entonces, en ese momento, cuando terminé la canción, hubo una gran emoción en todos. Porque ahí estaba la identidad. Sin esperar que de afuera venga todo. Es un ida y vuelta constante. Yo tengo en mi familia una veta mapuche… Mi padre era de Neuquén y mi abuelo era juez de paz de la zona. ¡Así que imaginate!


¿Cuál sería para vos la importancia de estos Encuentros Nacionales? ¿Por qué participas vos?

Hay de todo, tienen varios objetivos. El otro día hablábamos con Guille de Vía Líbre de Bahía Blanca. El decía que era diferente para el murguero de Capital Federal que va a los encuentros que para el que va desde el resto de Buenos Aires y del país porque van a aprender, a ver qué van a hacer los otros. Con sólo verlos, en todos sus aspectos, ya están aprendiendo, conociendo la murga. El de Capital Federal también tiene una curiosidad por saber qué hacen los demás pero la diferencia es que sabemos que la murga se gestó acá.


Van a difundirla, quizás…

Exactamente. Y a la vez a enseñar lo que se pueda a partir de charlar, de talleres, de intercambios. Yo me encargué en su momento de dar algunos talleres de canto y recitado en Saladillo, Las Flores, Bahía Blanca. Sobre cómo usar ciertas herramientas importantes para tener en cuenta. Eso fue enriquecedor porque todos se sentían en igualdad de condiciones y que se llevaban algún aprendizaje en función del género. Pasaba, por ejemplo, tanto a chicos de Capital Federal como de otras partes que tenían incorporada la canción como es originalmente, ya sea melódica, cumbia o como tango. Y veíamos que para poder hacer murga tenemos que dejar de cantar melódico, dejar de cantar cumbia o tango. Debemos adaptarlo a la murga…

A la manera de tocar…

No solamente. A la manera de cantar también, la melodía más precisa, más cortada, no patinosa, por ejemplo.

¿Por qué? ¿Porque el acompañamiento es con bombo?

No. Simplemente porque es parte del género. Es una comunión de varias cosas. Tiene que ver con el fraseo, que es el acelere y el desacelere de la melodía, no de los ritmos de los bombos en sí porque lo que produce eso es un cortocircuito con los bailarines. Tiene que ser cuidadoso en el inicio, en las mitades y en el final de las estrofas porque se torna confuso para los bombos, se empiezan a cruzar, genera duda.

Ahora que se han restituido los feriados de Carnaval, ¿qué queda por hacer?

Ha habido avances pero lo que nos preocupa hoy por hoy es que se pueda mantener el carnaval vivo y que las murgas puedan seguir saliendo y aumentando su participación.

¿Cómo ves la murga como género a futuro? ¿Pensás que va a seguir afianzándose?

Pienso que la murga todo el tiempo tiene que estar luchando por subsistir y la murga tradicional más todavía. Hay mucha búsqueda de otras cosas que no es la tradición y un pueblo que no mantiene sus tradiciones es un pueblo que se extingue. Por eso mientras haya una murga que mantenga la tradición hay diez que pueden hacer otras cosas pero esa una tiene que estar como referencia para que no muera el género. Por eso, por ejemplo, las copleras de Jujuy no cambian en su toque, siguen igual desde hace siglos. La samba brasilera, la chacarera, los mapuches tampoco cambian. Y eso no los hace antiguos, retrógrados.

A nivel personal, ¿qué dio tu  la murga?

A mí me dio motivo para hacer cosas para los demás, que incluye hacer algo para mí y ese hacer algo para los demás, para que se sientan bien, es un objetivo de vida. Eso junta lo personal, lo profesional, lo espiritual. Nosotros tenemos una canción sobre los niños que armé que dice: “Cuando brillan esos ojos, se transforma el aire, mi alma se ilumina”. El objetivo de la murga es ese, si ese niño (o esa persona) que llegó a la murga se fue con una sonrisa, ya está. Tiene sentido. Si la murga no hace sentir bien a la gente, no sirve. Tiene sentido colgarse el bombo y andar diez kilómetros más. Tiene sentido si ves a la gente contenta en un corso, incluso hasta pagar de tu bolsillo los micros porque no alcanzó el presupuesto. Lo artístico yo lo incluyo entre lo que es hacer cosas por los demás. Entregar lo mejor que yo tengo para dar, eso que yo genero para que un abuelito se pueda emocionar o un niño reírse cuando ven la murga. Entonces el objetivo está cumplido.