jueves, marzo 11, 2010



"No queremos que nos persigan, que nos prendan, ni que nos discriminen, ni que nos maten, ni que nos curen, ni que nos analicen, ni que nos expliquen, ni que nos toleren, ni que nos comprendan: lo que queremos es que nos deseen." N. P.
A mi querida ROSA PATRIA Argentina

Rosa Patria

País: Argentina
Director: Santiago Loza
Duración: 90 min
Reparto: Rodolfo Fogwill, Fernando Noy, Alejandro Ricagno
Produccion:
GUIÓN: Santiago Loza
FOTOGRAFÍA: Paula Grandio
MONTAJE: Lorena Moriconi
PRODUCCIÓN: Liliana Paolinelli, Cristina Fasulino

SINOPSIS BAFICI 11
La obra poética de Néstor Perlongher es conocida y admirada desde su publicación en los años '80, y progresivamente ha ascendido al canon de la literatura argentina vía reediciones, traducciones y trabajos académicos. Menos referida es su lucha activa por los derechos de los homosexuales, que se remonta a su militancia troska allá por los años '70 y continuó hasta su muerte derivada del contagio del virus HIV en 1992, justo cuando esa causa comenzaba a rendir frutos. Claro que Perlongher no abogaba por la actual identidad "gay", un término que para él implicaba integración al sistema que siempre lo había repelido. "No queremos que nos liberen, queremos liberarlos a ustedes" fue una de sus consignas más atrevidas –y lúcidas– en tiempos en que ni siquiera la izquierda quería tenerlos cerca. Santiago Loza compila esa historia, y repasa sus reflejos literarios, en un entrañable documental que cuenta con testimonios de amigos, colegas y compañeros de paso.
Las ideas revolucionarias de aquel poeta, que vivió como "exiliado sexual" en Brasil durante varios años, podrían sintetizarse en el slogan: "No hay que liberar al homosexual, sino liberar a la homosexualidad", donde dejaba claro que su lucha no era únicamente para cambiar las condiciones de vida de un grupo, sino las de toda la sociedad.
El filme ofrece algunos de sus más famosos poemas -de estilo neobarroco o "neobarroso", como él mismo los bautizó- en la voz y la actuación de sus allegados más cercanos, muestra las pocas imágenes suyas que existen y recorre la historia de una militancia político-sexual que sentó las bases para un pensamiento emancipador

La fascinación de Néstor Perlongher
Por Luciano Monteagudo para Página 12

Poeta maldito, inteligencia especialísima, personalidad muy maricona, feo, desagradable físicamente, seductor, un tipo bizarro... Estas son apenas algunas de las primeras definiciones sobre Néstor Perlongher (1949-1992) que desborda el documental Rosa Patria, dirigido por el cordobés Santiago Loza. Figura fundamental de la poesía argentina, sociólogo, agitador cultural y uno de los líderes del Frente de Liberación Homosexual (FLH), un movimiento que integró la militancia política de los primeros años ’70, Perlongher encuentra en el film de Loza “un retrato incompleto sobre su persona y la historia de aquel activismo”, según advierte el propio documental antes de dar comienzo. Una aclaración sin duda prudente (¿qué retrato puede ser acabado, completo, definitivo?), pero también, quizás, injusto consigo mismo, considerando todas las facetas de Perlon-gher –de encuestador callejero a poeta místico– que asoman a lo largo de apenas 95 minutos.
Premio especial del jurado en la Competencia Argentina del último Bafici, Rosa Patria tiene, en primer lugar, un evidente valor cultural, por su gesto de rescate de una figura no por reconocida menos oculta de la literatura argentina. Pero el film de Loza también vale por su construcción inteligente y sutil, por la manera abierta y desprejuiciada con que emprende ese retrato, por la búsqueda que implica trabajar con testimonios de escritores, amigos y compañeros de lucha de Perlongher sin dejarse atrapar por la rutina de las cabezas parlantes.
Allí está Fogwill, que fue el editor de su primer libro, Austria-Hungría, en Tierra Baldía, afirmando que “nadie había descubierto la bisexualidad del lenguaje como Perlongher”. Juan José Sebreli recuerda su figura (“tenía el aire de una señora”) y Alejandro Ricagno, poseído por el fantasma del poeta, lee magníficamente uno de sus propios poemas “perlonghizados”. La fotógrafa y militante feminista Sarita Torres aporta las pocas imágenes de Perlongher que quedan (y que se están disolviendo con el tiempo), mientras que María Inés Aldaburu, que también lo conoció de cerca, propone una performance a partir del virulento texto “Evita vive”, del libro Prosas plebeyas.
Pero la información más valiosa del film –que también incluye unas sobrias reconstrucciones ficcionales, vistas a la distancia, como viejas películas mudas en Súper 8– proviene de una zona hasta ahora recóndita o directamente negada de la historia de la militancia política de los ’70: el activismo homosexual. Rosa Patria no sólo recupera los slogans y consignas imaginadas por Perlongher, sino también el rechazo que recibía este activismo en las distintas agrupaciones a las que trataba de sumarse. Si para el trostkista PST el FLH podía militar bajo su bandera pero sólo en condiciones de clandestinidad dentro del propio partido (“la homosexualidad era vista como una desviación biológica del capitalismo”, recuerda un compañero de militancia), para los Montoneros fue suficiente una sola foto con el FLH, en la funesta tarde de Ezeiza, para que luego surgiera la consigna: “No somos putos, no somos faloperos, somos los machos de FAR y Montoneros”.
El Perlongher que emerge del documental de Loza (un director de ritmo fassbinderiano: éste es su tercer estreno en poco más de tres meses, después de las ficciones La invención de la carne y Artico) es una figura pasoliniana: un poeta y pensador radicalizado, un cuestionador permanente de la sociedad, que murió en Brasil abatido por la “peste rosa” de la que habla Fogwill y víctima no tanto del exilio político como de lo que el mismo Perlongher llamaba “un exilio sexual”.



LA DESAPARICIÓN DE LA HOMOSEXUALIDAD
Néstor Perlongher

Archipiélagos de lentejuelas, tocados de plumas iridiscentes (en cada vertebración de la cadera trepidante, las galas de cien flamencos que flotan en el aire tornado un polvo rosa), constelaciones de purpurinas haciendo del rostro una máscara más, toda una mampostería kitsch, de una impostada delicadeza, de una estridencia artificiosa, se derrumba bajo el impacto (digámoslo) de la muerte. La homosexualidad (al menos la homosexualidad masculina, que de ella se trata) desaparece del escenario que tan rebuscadamente había montado, hace mutis por el foro, se borra como la esfumación de un pincelito en torno de la pestaña acalambrada, acaramelada. Toda esa melosidad relajante de pañuelitos y papel picado irrumpiendo en la paz conyugal del dormitorio, por ellas (o por ellos: ah, las elláceas), a gacelas subidas y por toros asidas y rasgadas, convertido en un campo de batallas de almohadones rellenos de copos de algodón hecho de azúcares pero en el fondo, siempre, como un dejo de hiel, toda esa parafernalia de simulaciones escénicas jugadas normalmente en torno de los chistes de la identidad sexual, derrumbase –diríamos, por inercia del sentido, con estrépito, pero en verdad casi suavemente–, en un desfallecimiento general. La decadencia sería romántica si no fuese tan transparente, tan obscena en su traslucidez de polietileno alcanforado Desvanécese, pero sin descender a los abismos de donde supónese emergida gracias al escándalo de la liberación, sino yéndose, deshilachándose en un declive casi horizontal continuando cierta existencia menor –de una manera, claro está, atenuada, levísima como la difuminación de un esfumino– en una suerte de callado cuarto al lado –el cuarto de Virginia Wolf, tal vez, pero en silencio, habiendo renunciado a los célebres y conmovedores parties.

Es preciso aclarar: lo que desaparece no es tanto la práctica de las uniones de los cuerpos del mismo sexo genital, en este caso cuerpos masculinos (y de la parodia, renegación y franeleo de ésta dada –en el sentido de don– masculinidad, trata en abundancia su imaginario), sino la fiesta del apogeo, el interminable festejo de la emergencia a la luz del día, en lo que fue considerado como el mayor acontecimiento del siglo XX: la salida de la homosexualidad a la luz resplandeciente de la escena pública, los clamores esplendorosos del –dirían en la época de Wilde– amor que no se atreve a decir su nombre. No solamente se ha atrevido a decirlo, sino que lo ha ululado en la vocinglería del exceso. Acaba, podría decirse, la fiesta de la orgía homosexual, y con ella se termina (¿acaso no era su expresión más chocante y radical?) la revolución sexual que sacudió a Occidente en el curso de este tan vapuleado siglo. Se cumple, de alguna manera, el programa de Foucault, enunciado –para sorpresa de la mayoría y duradera estupefacción de los militantes de la causa sexual– en el primer volumen de la Historia de la sexualidad. El dispositivo de sexualidad, vaciado, saturado, revertido, vive –aun cuando sea posible vaticinarle el vericueto de alguna treta, alguna sobrevivencia en la adscripción forzada y subsunción a otros dispositivos más actuales y más potentes–, acaso en la cúspide de su saturación, un manso declive.

Un declive tan manso que si uno no se fija bien no se da cuenta es el de la homosexualidad contemporánea. Porque ella abandona la escena haciendo una escena patética y desgarradora: la de su muerte. Debe haber algún plano –no el de una causalidad– en que esa contigüidad entre la exacerbación desmelenada de los impulsos sexuales ("verdaderos laboratorios de experimentación sexual", diría Foucault) y la llegada de la muerte en masa del Sida, algún espacio imaginario, o con certeza literario, donde esa contigüidad se cargue de sentido, sin tener obligatoriamente que caer en fáciles exorcismos de santón. Sea como fuere, hay una coincidencia. Cabrá a los historiadores determinar la fuerza y la calidad de la irrupción morbosa en el devenir histórico, comprenderlas. A los que ahora la sentimos no se nos puede escapar la siniestra coincidencia entre un máximo (un esplendor) de actividad sexual promiscua particularmente homosexual y la emergencia de una enfermedad que usa de los contactos entre los cuerpos (y ha usado, en Occidente, sobre todo los contactos homosexuales) para expandirse en forma aterradora, ocupando un lugar crucial en la constelación de coordenadas de nuestro tiempo, ep parte por darse allí la atractiva (por misteriosa y ambivalente) conclusión de sexo y muerte.

Se puede pensar que nunca la orgía llegó a tal exceso como bajo la égida de la liberación sexual (y más marcadamente homosexual) de nuestro tiempo. El libro de Foucault puede anticipar esa inflexión –que ahora parece verificarse ya no en el plano de las doctrinas, sino en las prácticas corporales–, porque él nos muestra cómo la sexualidad va llegando a un grado insoportable de saturación, con la extensión del dispositivo de sexualidad a los más íntimos poros del cuerpo social.

El dispositivo social desarrollado en torno de la irrupción del Sida lleva paradójicamente a su máxima potencia la promoción planificada de la sexualidad –tratada ésta como un saber por un poder– y marca de paso el punto de inflexión y decadencia. Es curioso constatar cómo estamos a tal punto imbuidos de los modernos valores de la revolución sexual que nuestro primer impulso es denunciar coléricamente su reflujo. No vemos la historicidad de esa revolución, no conseguimos relativizar la homosexualidad tal como ella es dada (o era dada hasta ahora), enseñada y transmitida por médicos, psicólogos, padres, medios de comunicación, amantes y amantes de los amantes –siendo esa ilusión de ahistoricidad intemporal incentivada por buena parte del movimiento homosexual, que defiende la tesis de una esencia inmutable del ser homosexual. Nuestra homosexualidad es un sexpol, o al menos se presenta y maneja, a pesar de la homofobia de Reich, como uno de sus resultados. Un elemento político, un elemento sexual. Parece El Fiord de Osvaldo Lamborghini (pero un Lamborghini sin éxtasis). A decir bien, ¿sin éxtasis?

Sabemos gracias a Bataille que la sexualidad (el "erotismo de los cuerpos") es una de las formas de alcanzar el éxtasis. En verdad, Bataille distingue tres modos de disolver la mónada individual y recuperar cierta indistinción originaria de la fusión: la orgía, el amor, lo sagrado. En la orgía se llegaba a la disolución de los cuerpos, pero éstos se restauraban rápidamente e instauraban el colmo del egoísmo, el vacío que producen en su gimnasia perversa resulta ocupado por el personalismo obsceno del puro cuerpo (cuerpo sin expresión, o, mejor, cuerpo que es su propia expresión, o al menos lo intenta...). En el sentimentalismo del amor, en cambio, la salida de si es más duradera, el otro permanece tejiendo una capita que resiste al tiempo en el embargo de la sublimación erótica. Pero sólo en la disolución del cuerpo en lo cósmico (o sea, en lo sagrado) es que se da el éxtasis total, la salida de sí definitiva.

Estamos demasiado aprisionados por la idea de sexualidad para poder entender esto. La sexualidad vale por su potencia intensiva, por su capacidad de producir estremecimientos y vibraciones (¿sería, en esta escala, el éxtasis una suerte de grado cero?) que se sienten en el plano de las intensidades. Pero no quiere decir que sea la única forma, menos aún la forma obligatoria, como nos quieren hacer creer Reich y toda la caterva de ninfómanos que lo siguen, aún discutiéndole algo, pero imbuidos del espíritu de la marcha ascendente del gozo sexual. Nos suena ya una antigualla. Pero pensemos cuánto se ha luchado por llegar, por conseguir, por alcanzar, ese paraíso de la prometida sexualidad. Con el Sida se va dando, sobre todo en el terreno homosexual (pienso más en el brasileño, muy avanzado, ello es, donde se llegó a un grado de desterritorialización considerable en las costumbres; en otros países menos osados ese proceso de reflujo tal vez no se pueda ver con tanta claridad; es que es ta desaparición de la homosexualidad está siendo discreta como una anunciación de suburbio, a muchos lugares la noticia tarda un poco en llegar, aún no se enteraron...), otra vuelta de tuerca del propio dispositivo de la sexualidad, no en el sentido de la castidad, sino en el sentido de recomendar, a través del progresismo médico, la práctica de una sexualidad limpia, sin riesgos, desinfectada y transparente. Con ello no quiero postular un viva la pepa sexual, dios nos libre, tras todo lo que hemos pasado (sufrido) en pos de la premisa de liberarnos, sino advertir (constatar, conferir) cómo se va dando un proceso de medicalización de la vida social. Esto no debe querer decir (confieso que no es fácil) estar contra los médicos ya que la medicina evidentemente desempeña, en el combate contra la amenaza morbosa, un papel central.

El pánico del Sida radicaliza un reflujo de la revolución sexual que ya se venía insinuando en tendencias como la minoritariamente desarrollada en los Estados Unidos que postulaban el retorno a la castidad. En verdad la saturación ya venía de antes. La saturación parece inherente al triunfo del movimiento homosexual en Occidente, al triunfo de la homosexualidad, que viene de un proceso bastante ajetreado y conocido que no hace falta repetir aquí. Recordemos que la homosexualidad es una criatura médica, y todo lo que se ha escrito sobre el pasaje del sodomita al perverso, del libertino al homosexual. Baste ver que la moderna homosexualidad es una figura relativamente reciente, que, puede decirse, y al enunciarlo se lo anuncia, ha vivido en un plano de cien años su gloria y su fin.

¿Qué pasa con la homosexual idad, si es que ella no vuelve a las catacu mbas de las que era tan necesario sacarla, para que resplandeciese en la provocación de su libertinaje de labios refulgentemente rojos? Ella simplemente se va diluyendo en la vida social, sin llamar más la atención de nadie, o casi nadie. Queda como una intriga más, como una trama relacional entre los posibles, que no despierta ya encono, pero tampoco admiración. Un sentimiento nada en especial, como algo que puede pasarle a cualquiera. Al tornarla completamente visible, la ofensiva de normalización (por más que estemos tratando de cambiar la terminología, más después de que Deleuze lanzó la noción de sociedades de control, como sustituyente de las sociedades de disciplina de que habla Foucault, no es fácil llamar de una manera muy diferente a tan profunda reorganización, o intento de reorganización de las prácticas sexuales, indicada sensiblemente por la introducción obligatoria del látex en la intimidad de las pasiones) ha conseguido retirar de la homosexualidad todo misterio, banalizarla por completo. No dan ganas, es cierto, de festejarlo, al fin y al cabo fue divertido, pero tampoco es cuestión de lamentarlo. Al final, la homosexualidad (su práctica) no ha sido una cosa tan maravillosa cuanto sus interesados apologistas proclamaran. No hay, en verdad, una homosexualidad, sino, como dirían Deleuze y Guattari, mil sexos, o por lo menos, hasta hace bien poco, dos grandes figuras de la homosexualidad masculina en Occidente. Una, de las locas genetianas, siempre coqueteando con el masoquismo y la pasión de abolición; otra, la de los gays a la moda norteamericana, de erguidos bigotitos hirsutos, desplomándose en su condición de paradigma individualista en el más abyecto tedio (un reemplazo del matrimonio normal que consigue la proeza de ser más aburrido que éste). Me arriesgaría a postular que la reacción de gran parte de los homosexuales frente a las campañas de prevención está siendo la de dejar de tener relaciones sexuales en general, más que la de proceder a una sustitución radical de las antiguas prácticas por otras nuevas "seguras", o sea con forro.

La homosexualidad se vacía de adentro hacia afuera, como un forro. No es que ella haya sido derrotada por la represión que con tanta violencia se le vino encima (sobre todo entre las décadas del 30 y del 50, y, en el caso de Cuba, todavía ahora se la persigue: una forma torturante de que conserve actualidad y alguna frescura). No: el movimiento homosexual triunfó ampliamente, y está muy bien que así haya sido, en el reconocimiento (no exento de humores intempestivos o tortuosos) del derecho a la diferencia sexual, gran bandera de la libidinosa lidia de nuestro tiempo. Reconozcámoslo y pasemos a otra cosa. Ya el movimiento de las locas (no sólo político, sino también de ocupación de territorios: un verdadero Movimiento al Centro) empezó a vaciarse cuando las locas se fueron volviendo menos locas y tiesos los bozos, a integrarse: la vasta maroma que fundía a los amantes de lo idéntico con las heteróclitas, delirantes (y peligrosas) marginalidades, comenzó a rajarse a medida que los manflorones ganaron terreno en la escena social. El episodio del Sid a es el golpe de gracia, porque cambia completamente las líneas de alianza, las divisorias de aguas, las fronteras. Hay sí discriminación y exclusión con respecto a los enfermos del Sida, pero ellos –recuérdese– no son solamente maricones. Ese estigma tiene más que ver, parece, con el escándalo de la muerte y su cercanía en una sociedad altamente medicalizada. Su promoción aterroriza y sirve para terminar de limpiar de una vez por todas los antiguos poros tumefactos y purulentos que la perversión sexual ocupaba, en los cuales reía con la risa de los Divine (la loca de "Nuestra Señora de las Flores", la inmensa travesti norteamericana). Asimismo, con la llegada de la visitante inesperada (así se llama la última pieza de Copi), los antiguos vínculos de socialidad, ya resquebrajados por la quiebra de los lazos marginales de que hablábamos, terminan de hacer agua y de venirse abajo. Es que con el Sida cambian las coordenadas de la solidaridad, que dejan de ser internas a los entendidos, como sucedía cuando la persecución, para pasarle por encima al sector homosexual y desbo rd arlo por tod as partes . Así, se nota que son de un modo general las mujeres (las mujeres maduras) las que se solidarizan con los sidosos, mientras que sus colegas de salón huyen aterrados.

Toda esa promoción pública de la homosexualidad, que ahora, por abundante y pesada, toca fondo, no ha sido en vano. Ha dispersado las concentraciones paranoicas en torno de la identidad sexual, trayendo la remanida discusión sobre la identidad a los salones de ver TV, hasta que todos se dieran cuenta de su idiotez de base; al hacerlo, ha acabado favoreciendo cierto modelo de androginia que no pasa necesariamente por la práctica sexual. Dicho de otra manera: las locas fueron las primeras en usar arito; ahora se puede usar arito sin dejar de ser macho. Aunque ser macho ya no signifique mucho. De últimas, la desaparición de la homosexualidad no detiene el devenir mujer que el feminismo (otro fósil en extinción) inaugurara, lo consolida y asienta, más que radicalizarlo, y lima romando sus aristas puntiagudas.

Ahora, la saturación (por supuración) de esta trasegada vía de escape intensivo que significó, a pesar de todo, la homosexualidad, con su reguero de víctimas y sus jueguitos de desafiar a la muerte (pensemos en la pieza de Copi, víctima de Sida, Les Escaliers de lçotre Dame: una cohorte de travestis, chulos, malandras y policías juegan a desafiar a la muerte en las escalinatas de la catedral, que hace de fondo lejano; desafio que la llegada de la muerte masiva ha vuelto innecesario, entre macabro y ridículo), favorece que se busquen otras formas de reverberación intensiva, entre las que se debe considerar la actual promoción expansiva de la mística y las místicas, como manera de vivir un éxtasis ascendente, en un momento en que el éxtasis de la sexualidad se vuelve, con el Sida, redondamente descendente.

Con la desaparición de la homosexualidad masculina (la femenina, bien valga aclararlo, continúa en cierto modo su crecimiento y extensión, pero en un sentido al parecer más de corporación de mujeres que de desbarajuste dionisíaco), la sexualidad en general pasa a tornarse cada vez menos interesante. Un siglo de joda ha terminado por hartarnos. No es casual que la droga (aunque sean sus peores usos) ocupe crecientemente el centro de las atenciones mundiales. Mal que mal, la droga (o por lo menos ciertas drogas, los llamados alucinógenos) acerca al éxtasis y llama, mal que les pese a los cirqueros históricos, a algún tipo de ritualización que la explosión de los cuerpos en libertinaje desvergonzado nunca se propuso (aunque ya una heroína sadiana avisaba: "Hasta la perversión exige cierto orden").

Abandonamos el cuerpo personal. Se trata ahora de salir de sí.
Publicado en El Porterño nº 119, en noviembre de 1991.
De "Prosa Plebeya". Publicado por Colihue 1997. © Colihue - Herederos de Néstor Perlongher
Fuente: literatura.org

sábado, febrero 27, 2010

Blu

En los alrededores de la Estación Drago de la línea de trenes que va a José León Suárez...





martes, febrero 23, 2010

“Los órdenes sociales nunca cierran”
Entrevista a Eduardo Rinesi
Por Javier Lorca

“En la tensión entre el conflicto y la necesidad de un orden radica la fuerza de la idea de república. Y nos perdemos esa fuerza cuando convertimos a la república apenas en un conjunto amable de buenas maneras”, dice el politólogo Eduardo Rinesi, volviendo sobre un tema recurrente en sus últimos escritos, la urgencia de aceptar el conflicto como algo inherente a toda organización comunitaria. En su nuevo libro Las máscaras de Jano. Notas sobre el drama de la historia (Gorla), asedian ése y otros problemas políticos contemporáneos y lo hace sobre una base inesperada y atractiva, que ya había ensayado en trabajos anteriores: la obra de William Shakespeare, en este caso, particularmente, El mercader de Venecia.



–¿Por qué propone pensar la política desde el drama, por qué la política como drama?

–La literatura constituye una herramienta muy poderosa para pensar los problemas de la vida social, quizá porque está menos obligada que las ciencias sociales o la filosofía a ser fiel a los hechos y, por eso mismo, es más libre frente a ellos. En particular, la tragedia y la comedia tienen una gran potencialidad para pensar la vida política de los hombres y los pueblos. La tragedia es muy útil por dos motivos. Primero, porque es una reflexión sobre la materia misma de la política, que es el conflicto. Es posible decir que hay política porque hay, entre los hombres y los grupos, conflicto, y que hay tragedia, también, porque hay conflicto. Por supuesto, el conflicto con el que lidia la tragedia es diferente del conflicto con el que lidia la política. Y la propia dignidad de la política radica en tratar de sostener esa diferencia: la diferencia entre los conflictos políticos, que pueden procesarse y tratar de resolverse, y el conflicto trágico, que es radical e irreductible. De modo que la tragedia permite pensar la política no porque la política sea necesariamente trágica, sino porque la tragedia nos muestra el límite de la política, su cifra oculta, su posibilidad última y siempre desplazada. En segundo lugar, la tragedia es muy útil para pensar la política porque supone una reflexión sobre lo precario y frágil de la existencia humana, sobre el hecho de que los hombres siempre estamos en manos de fuerzas –de dioses, digamos– que nos exceden. La tragedia sirve para pensar la política en la medida en que, en el mundo de la política, los hombres y los pueblos estamos siempre expuestos a esas fuerzas que no controlamos.

–¿Y cuál sería la relación de lo político con lo cómico?

–A diferencia de la tragedia, la comedia plantea situaciones en que los hombres consiguen derrotar a los dioses o burlarlos, siquiera provisoriamente. Mostrarles que no son tan omnipotentes y que los mortales, con su astucia, su virtud o su piedad, a veces pueden abrirse paso en medio de los azares y los imponderables de la vida. La política, la vida política de los pueblos, tiene un poco de esas dos cosas. Hay política porque siempre hay fuerzas que nos superan y dominan, pero también porque, a pesar de eso, los hombres, peleando, conversando, acordando o no, vamos abriéndonos camino en medio de “los dardos y flechazos de la insultante fortuna”, de las fuerzas que no podemos controlar. Vamos construyendo colectivamente, con más o menos sagacidad y suerte, órdenes que son siempre contingentes, nunca definitivas, pero que nos permiten ir viviendo la vida e ir imaginando otros destinos. La tragedia y la comedia, esos dos grandes inventos de los viejos griegos, se articulan después, se yuxtaponen durante el Renacimiento inglés, y especialmente en la obra, magnífica, de Shakespeare, y a esa mezcla solemos llamarla drama. El drama es sumamente útil para pensar la política porque la política, como la vida misma, mezcla siempre estos dos elementos, estos modos de plantearse la relación entre los hombres y las fuerzas del mundo: la subordinación o la impotencia y la decisión de, como dice Hamlet, tomar las armas contra las adversidades y tratar de derrotarlas. Shakespeare presenta siempre con gran sensibilidad lo difícil, lo complejo de estos combates, que no suelen tener una resolución nítida sino un final siempre abierto. Kierkegaard decía que no sabemos si la historia de la humanidad es trágica o cómica, porque no conocemos el final.

–En sus últimos escritos, también en este libro, hay una recurrente preocupación por resaltar el carácter conflictivo de toda sociedad. ¿Por qué esa insistencia?

–Porque tiende a volverse hegemónica en la discusión política, periodística e incluso académica una idea sobre lo que sería un buen orden político que querría creer que el conflicto no es inherente a las sociedades, que las sociedades podrían vivir sin conflictos, y que cuando el conflicto aparece, debemos atribuirlo al carácter más o menos pendenciero de tal o cual dirigente y no a algo que constituye la naturaleza misma de todo orden. Es necesario recuperar la idea de que los conflictos son inevitables e incluso, en ciertas circunstancias, buenos. De que los órdenes sociales nunca “cierran”. Disimular la conflictividad inherente a la vida social es ideología pura. No habría vida individual ni colectiva, ni historia universal, si no hubiera conflicto. Por eso trato de recuperar, con la ayuda de estos grandes instrumentos que son la tragedia y la comedia, la centralidad del conflicto para pensar cualquier orden político. Más todavía cuando se trata de pensar, como es el caso hoy en Argentina, la cuestión de la república. En efecto, la cuestión de la república aparece con gran insistencia, hoy, entre nosotros, pero lo hace en general de un modo muy pobre, asociado a la reivindicación de las reglas y los procedimientos, a la crítica de la corrupción y a la celebración de la división de poderes. Es más interesante recuperar del gran pensamiento republicano clásico la constatación de la tensión entre el hecho de que la cosa pública –eso quiere decir res publica– es una cosa común, una cosa de todos, y la verificación de que esa cosa de todos es una cosa conflictiva. En esa tensión entre el conflicto y la necesidad de un orden radica la fuerza de la idea de república. Y nos perdemos esa fuerza cuando convertimos la república apenas en un conjunto amable de buenas maneras.

–¿Aparece en otros discursos sociales esta idea bucólica de una sociedad sin conflictos?

–David Viñas suele insistir en la fuerza de lo que llamó la inversión de la dicotomía sarmientina de civilización y barbarie hacia el 1900. Mientras antes de eso el pensamiento de nuestros grupos dominantes tendía a ver a la ciudad como el alma civilizada de la nación, y al desierto o el campo como el cuerpo indómito que había que civilizar, cuando la ciudad se ve “invadida” por nuestros abuelitos, feos, sucios y malos, y se vuelve “peligrosa”, la élite empieza a verla como el cuerpo enfermo de la patria, y a recuperar idílicamente al campo como su alma espiritual. Sin conflictos. Análogamente, cuando uno lee la ideología que aparece en los suplementos “Countries” de los grandes diarios, o en las entrevistas realizadas en la muy interesante investigación de Maristella Svampa sobre la fuga de los sectores acomodados hacia los countries en los ’90, se encuentra de nuevo con esa vieja ideología del no-conflicto, ahora vestida con los ropajes new age de la “vida verde”. Pero se trata siempre de lo mismo: el conjuro de la ciudad y de sus vicios. Que es también el modo en que lo que se llamó “el campo” logró tematizar, con mucho éxito, el conflicto que sostuvo con el gobierno nacional en 2008, presentado hábilmente como una lucha de almas puras y virtuosas contra un invasión fiscalista externa. Para pensar esto me resultó iluminadora la contraposición que establece Shakespeare, en El mercader de Venecia, entre la ciudad de Venecia, la ciudad capitalista, “real”, de los comerciantes y los usureros, y la de Belmont, una ciudad que no existe, paraíso imaginario del amor idílico, puro y como fuera de la historia. Esto nos devuelve a la cuestión republicana: aquí uno puede pensar en una tradición republicana oligárquica, que es la de la era de oro de los dueños de la tierra, y en otra tradición republicana, asociada a la lucha de los sectores populares urbanos modernos, que nos da una idea de república muy distinta. Si en una tradición la república es armonía, amanecer campestre y ausencia de conflicto, en la otra, la república está asociada a la lucha permanente entre clases sociales.

–¿Qué relación hay entre esa idea de república agonal y el populismo?

–Con la palabra “populismo” pasa algo parecido a lo que pasa con la palabra “república”. Ambas contienen cierta tensión. Si república contiene la tensión entre la cosa pública, que es de todos, y el conflicto, que es inherente a esa unidad, la tradición populista expresa la ambivalencia contenida en la propia idea de “pueblo”, que –como viene insistiendo sistemáticamente Ernesto Laclau– es al mismo tiempo la parte y el todo, puesto que “pueblo” es el conjunto de los pobres que se oponen a los ricos –y ahí tenemos la dimensión del conflicto del populismo– y el conjunto de todos los ciudadanos. En esa tensión radica el hecho de que el populismo sea siempre un blanco fácil para pensamientos políticos muy distintos, incluso en muchos sentidos opuestos, y que ligue, por así decir, tanto por izquierda como por derecha. El populismo liga por izquierda porque es demasiado consensualista –lo es–, y por derecha porque es demasiado conflictivista –también lo es–. Esas tensiones que expresan las ideas de república y de populismo son análogas porque, en el fondo, son la misma. De ahí que sería interesante dejar de insistir en la contraposición entre republicanismo y populismo, que está asociada a una lectura muy parcial y sesgada de ambas tradiciones –a una lectura de la tradición republicana que enfatiza su carácter consensualista y procedimental, y a una lectura de la tradición populista que enfatiza su carácter democrático arrebatado y poco cuidadoso de las formas–. En cambio, habría que tratar de pensar sus múltiples formas de articulación. En los modos de construir, en otras palabras, una república popular y democrática.
Fuente: pagina12.com.ar

lunes, febrero 22, 2010

EL TELAR DEL ENTERRADO
Armando Tejada Gómez

La identidad es un emprendimiento
de vasta, de una desmesurada dimensión.
Las raíces, de hondas, se vuelven inasibles.
Uno se ve brumoso a la luz del paisaje
y tiene una memoria que en realidad no tiene.
¿por qué perdura, entonces? ¿Por qué insiste?
Y más: ¿por qué nos busca en las vidas remotas,
en estas vidas breves, con la misma obcecada,
obstinada obsesión?
¿Por qué yo leo el aire? ¿Por qué la sed de hondura?
Siempre creo que estuve ya en la luz de este valle,
que he mirado esos rostros y esos silencios altos
donde mis dioses mudos ya no son ni oración
¿Quién soy si soy? ¿Soy el que está durando?
Soy el que ha partido o el que está llegando
a su ser, a su uso infinito de estar de sólo estar?
¿Cuánto polvo me habita? Y aún ¿cuánto barro?
¿Qué de mí está enterrado? ¿Hasta qué edad de olvido?
¿Quién me dejó olvidado en esta eternidad?
Digo el lugar: América, por señalar un ámbito
o dar de cielo a cielos señal de identidad.
Yo soy el enterrado, el poema de abajo
Hecho añicos, disperso, esparcido en el viento
que la arena ha escondido
y que yo busco en vano entre el polvaredal.

En el calendario de abajo el bicentenario tiene 500 años.

Sofía Pitalúa, Melina Plata y Benjamín Becerra




Para el México de abajo, el 2010 abre la posibilidad de reconocernos en el proceso histórico de más de 500 años de luchas con un firme horizonte: que el pueblo mexicano sea libre para poder decidir su destino.

Dice Durito que el Poder crea estatuas pero no para escribir o recrear su historia, sino para prometerse a sí mismo la eternidad y la omnipotencia. “Para contar la historia del Poder”, dice Durito, “basta con describir las estatuas que en la geografía del tiempo y del espacio hay en el mundo”. “Porque”, dice Durito que, “donde faltan las razones abundan las estatuas. Cuando el Poder no es todavía Poder sino está en lucha por serlo, sus dogmas se hacen declaraciones de principios, programas, planes de acción, en suma, son estatuas en proyección. Cuando el Poder se hace de la silla del Poder, sus dogmas se hacen leyes, constituciones, reglamentos, en suma,  on estatuas de papel que luego son estatuas de piedra”. (Subcomandante Insurgente Marcos, Durito y una de estatuas y pájaros )


El Poder escribe desde su escritorio una Historia a su conveniencia. Pedazos de una historia de triunfadores y perdedores, en la que la lucha de los de abajo está siempre representada con derrotas, traiciones y claudicaciones. La Historia inventada desde el Poder tiene como objetivo el olvido, la negación de la vida del pueblo, y su función es desdibujar la memoria colectiva, la que crea identidad y raíz. Para el Poder, la Historia de la humanidad es un cúmulo de acontecimientos determinados de manera natural para la conformación de su presente. El pasado no tiene sentido sino como precursor de sí mismo. Por ello, se esmera tanto en construirlo y reconstruirlo tantas veces como sea necesario, hasta dibujar el mapa del devenir histórico, como un croquis que de manera lineal y progresiva marca el camino correcto hacia su constitución como Poder, tal como lo conocemos y como debe ser. Para el Poder, la historia de la humanidad es su Historia.

Los festejos del bicentenario serán la materialización de esta visión de la Historia. Se realizarán en medio de la peor crisis de legitimidad del Estado, donde ya no son fiables los mecanismos de mediación y es nula la credibilidad tanto de los gobernantes como de los intelectuales al servicio del Estado.

La “Estela de Luz” arriba y el periscopio invertido abajo

Nos quieren quitar la historia para que en el olvido se muera nuestra palabra. No nos quieren indios,  uertos nos quieren... [...] Luchamos para hablar contra el olvido, contra la muerte, por la memoria y por la vida. Luchamos por el miedo a morir la muerte del olvido. Hablando en su corazón indio, la Patria sigue digna y con memoria. (EZLN, Cuarta Declaración de la Selva Lacandona)

La “Estela de Luz” es el nombre del monumento oficial que será construido por el gobierno federal y el de la Ciudad de México, para conmemorar el bicentenario de la independencia y el centenario de la revolución. El arquitecto creador de la obra, César Pérez Becerril, al referirse a su proyecto dijo: “Desde antiguos, los seres humanos cada vez que queremos perdurar miramos hacia el cielo. Creyentes o no, la humanidad voltea los ojos a lo alto cuando quiere inspiración, ideas, fuerza. Este monumento es, en primer lugar, eso. Búsqueda de lo infinito, búsqueda de lo absoluto.  “[…] Esta figura espigada expresa a un pueblo que mira, que sueña hacia arriba, que sabe que prevalecerá a pesar de todos los avatares que la historia ponga en su camino. Porque nuestro corazón es un extraño caso de músculo flexible que está hecho de piedras antiguas que iluminan. Es su luz la que hace de México, México”.
Estas palabras aparecen publicadas en la página oficial del bicentenario y están firmadas por el autor, “con la poética colaboración” de Eugenia León. Sí, la misma ferviente activista de la convención obradorista. Podemos mirar a la historia a través de la “Estela de Luz”, como quiere el Poder: hacia arriba. O podemos hacerlo, como dice el Viejo Antonio, con un periscopio invertido: hacia abajo. Mirar hacia arriba significa creer en la Historia oficial construida desde la ideología del Poder. Representa olvidar que la construcción histórica de nuestro país se cimienta en un proceso continuo de luchas. “Soñar hacia arriba” es creer que nuestra historia se compone de segmentos aislados y que nada ocurre entre ellos. Significa olvidar a nuestros muertos, a los verdaderos forjadores de nuestra patria.
El Poder quiere que, en el 2010, olvidemos y no miremos que donde hubo una conspiración, hoy hay un banco; que donde hubo una insurrección, hoy hay un puesto de comida rápida; que en lugar de la patria, tan referida por los gobernantes en estos días, quedan escombros en venta. En fin, como dice el Subcomandate Insurgente Marcos: “donde había memoria, hoy hay olvido” (Carta al pueblo de Chile, “Homenaje a Miguel Enríquez”). Nosotros oponemos a la idea de la “Estela de Luz”, la imagen del periscopio invertido. Cuando miramos a la historia a través del periscopio, no miramos segmentos aislados, miramos un movimiento subterráneo, un terremoto de 500 años que no para de moverse y que, de vez en vez, sacude profundamente al país desde abajo. El epicentro del terremoto es la rebeldía alimentada de la memoria.“La memoria es el alimento vital del guerrero. El agua donde abrevamos es nuestra historia. No sólo como zapatistas, no sólo como indígenas, no sólo como mexicanos. Donde otros leen y repiten derrotas, para así justificar rendiciones, nosotros leemos enseñanzas. Donde otros ven personajes, líderes y héroes, nosotros vemos pueblos enteros cumpliendo la función de maestros a la distancia, en tiempo, geografía y modo. La historia de abajo no es sino una inmensa memoria colectiva” (Subcomandante Insurgente Marcos, Dos políticas y una ética).

El simulacro de la paz y el progreso arriba, contra el dolor y la rabia organizada abajo

El monumento del Ángel de la Independencia fue construido para enaltecer uno de los mitos pilares en la historia de la nacionalidad mexicana: el ideal de la paz y el progreso. Porfirio Díaz puso la primera piedra al conmemorar y festejar el centenario de la Independencia, queriendo representar así el avance del progreso humano en la historia, un tiempo por demás homogéneo y vacío. Ahora, doscientos años después, quieren, nuevamente, festejar arriba sobre los muertos en quienes se trepa el Poder. Pero el progreso, como dice Don Durito de la Lacandona, va dirigido a la catástrofe.
Para describir al ángel de la historia, W. Benjamin hace referencia al Ángelus Nobus, un cuadro de Paul Klee, y dice lo siguiente: “Se ve en él un ángel, al parecer en el momento de alejarse de algo sobre lo cual clava la mirada. Tiene los ojos desencajados, la boca abierta y las alas tendidas. El ángel de la historia debe tener este aspecto. Su rostro está vuelto hacia el pasado. En lo que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que arroja sus pies ruina sobre ruina, amontonándolos sin cesar. El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destruido. Pero un huracán sopla desde el paraíso y se arremolina en sus alas, y es tan fuerte que el ángel ya no puede plegarlas. Este huracán lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al cual vuelve las espaldas, mientras el cúmulo de ruinas crece ante él hacia el cielo. Este huracán es lo que nosotros llamamos progreso”. El peligro en esta historia del progreso, nos dice Benjamin, es el de entregarnos como instrumentos de la clase dominante, pues la profecía del ángel es que: “Tampoco los muertos estarán a salvo del enemigo, si éste vence. Y este enemigo no ha cesado de vencer” (Walter Benjamin, Tesis sobre la historia y otros fragmentos).
A finales del siglo XIX y principios del XX, Díaz controló la vida política del país. Influenciado por el grupo de “los científicos”, su dictadura tuvo como lema: “orden y progreso”. Díaz presumía de haber acabado con el bandolerismo, los levantamientos y los cuartelazos; y de haber dejado al país en condiciones maduras para la transición democrática. El gobierno de Díaz se fundamentó en el principio, “mucha administración, poca política”.
El impulso de Díaz a la política económica abarcó la construcción de ferrocarriles y telégrafos, la creación de industrias, la expansión de la minería, el fomento de la agricultura capitalista en los sectores que daban buenas ganancias (azúcar, tabaco, henequén, etcétera). Tuvo puertas abiertas al dinero extranjero para acelerar este ciclo de expansión capitalista. Como elementos necesarios de esta política se estimuló la educación, se fomentó el sentimiento nacional y se favoreció a las ciudades. Uno de los “olvidos” fundamentales de Díaz (no el único, pero quizá el más grave) fue la situación en que se dejó al campo, en donde vivía la mayor parte de los mexicanos (entre el 70 y el 80 por ciento, según la región).
Ese “olvido” nos permite ver lo que implicaba para Díaz el progreso. Ya en la conformación del Estado posrevolucionario se consolidó el mito de que el desarrollo y el progreso sólo son concebibles en el capitalismo. Al respecto, el Subcomandante Insurgente Marcos dice: “No se trata de si el desarrollo y el progreso son concebibles sólo en el capitalismo. Nosotros decimos que la destrucción y la miseria sólo son posibles en el capitalismo. Entonces, si nosotros no queremos ser destruidos como humanidad, o como nación en este caso de la mexicana, y queremos salir de la miseria, tendríamos que destruir el sistema que lo está provocando. Esto quiere decir que en cuanto al desarrollo y al progreso también hay uno arriba y uno abajo. No sólo eso. Aquella ficción de que el hombre se construía su fortuna ya no se puede sostener más. Los ricos y poderosos de este país y del mundo, lo son, por un crimen fundamental que es el del despojo y, en muchos casos, crimen de sangre, de muerte y de destrucción. “El progreso y el desarrollo de ellos ya no es que ellos son ricos allá y nosotros somos pobres, sino, fundamentalmente, esa riqueza que están acumulando brutalmente es por el despojo, por la explotación, la represión y el desprecio que sufrimos nosotros abajo. Su desarrollo y su progreso son, necesariamente, nuestra destrucción y nuestra miseria” (El elemento extra: la organización. Entrevista realizada por la revista Rebeldía).

(...)

La herencia de la clase política: el miedo a los de abajo

Hace siglos, lunas, soles que el país va navegando. Látigos de dura historia, montonera de hambre y años; hace mucho —el tiempo es hombre— que la Patria va en un barco hacia su puerto de paz, navegando. Hay que admitirlo. Es un hecho largamente elaborado, un modo de muchos sueños y una esperanza almirante.¿No es hermoso que pensemos a la Patria navegando? ¿No es bello saber que todos vamos navegando el mismo barco? Políticos, presidentes, honorables ciudadanos, generales, abogados, sacerdotes, diputados, señoras, hombres de empresa, comerciantes, funcionarios. Sobre la flor de los vientos, la Patria se ha vuelto barco. ¡Ya no me digas, guitarra, cómo es mi patria! Lunas, siglos, días ciegos, navegando. Y mientras ellos te beben, abajo vamos remando, remando, vamos remando, abajo vamos remando! Guitarra, Patria, Bandera, luna, río, sueño y cielo, navío del alto viento, dulce rosa navegando, hay dos modos de saberte mientras tanto: arriba como un olvido, como una memoria, abajo. (Armando Tejada Gómez)

En la destrucción del Estado Nacional mexicano, no sólo la independencia y la soberanía están en la lista de bajas, también la cohesión política. Si antes el presidencialismo era la columna vertebral del sistema político mexicano, el paso del quehacer político a un quehacer comercial, más preocupado por los vaivenes del mercado electoral que por gobernar, ha provocado que nuestro país se vea como un desordenado archipiélago. (Subcomandante Insurgente Marcos, Contra la represión, Otra Campaña).

El ofensivo derroche de dinero planeado para los festejos del bicentenario de la revolución de independencia
ilustra perfectamente el mito de que la clase política representa los valores de la patria. La clase política se reconoce a sí misma como heredera de la  lucha por la independencia, en cuya custodia recaen los logros políticos y económicos conseguidos tras ésta. Cierto, la oligarquía nacional halló la manera de hacerse del Poder, de arrancar el poder político a la Corona española y elevar su bandera de independencia para saquear, oprimir, explotar el territorio y sus habitantes con total libertad. En el terreno de la economía, la situación no cambió radicalmente, el capitalismo encontró un campo fértil para instaurarse de manera más sólida y profunda. Eso festejan allá arriba, por eso tanta alharaca, por eso tanto discurso.
¿Tan seguros están de la solidez de su herencia? Nosotros creemos que no. En medio de una crisis económica sin precedentes como la que vemos asomarse a nivel mundial, en medio del ridículo y el descrédito que caracteriza a los juniors que creen gobernar este país, tanta arrogancia y despilfarro sólo se pueden traducir de dos maneras: estupidez y miedo. Miedo al festejo de abajo. Porque de todo esto no deducimos que el México de abajo no tiene nada que festejar. Abajo tenemos nuestras propias razones y nuestros muy otros modos de festejar. Si la herencia para los que arriba se anquilosan tiene que ver con la realidad política y económica que nos oprime y explota, la herencia nuestra es la lucha de hace doscientos años, continuada hace cien, más viva que nunca hoy día. Nuestra herencia es la capacidad de vernos entre nosotros para encontrar la fuerza y la compañía necesarias para enfrentar al Mandón. Nuestra herencia es el ingenio de revertir y recrear la política como actitud ante la vida, como autodeterminación de nuestro propio navegar por el mundo. Nuestra herencia es una historia cotidiana de dignidad y lucha, de construcción y confrontación, de dolor y rabia, de esperanza. Nuestro festejo es por la vida de nuestros muertos, los masacrados, los desaparecidos, los negados, a quienes no han podido ni podrán matar. La defensa de nuestros muertos pasa por mantener la dignidad: no vendernos, no rendirnos, no vencernos.
Dar continuidad de manera digna a la lucha iniciada hace más de quinientos años, como hace 200, como hace 100 años, lo hicieron los guardianes del territorio. Ahí está para el México de abajo  el sentido del bicentenario, sólo así será nuestro bicentenario.

(...)

A manera de conclusión

“Y sobre el tesoro se arrojó la jauría con ropas de sotana y armadura. Se destruyó y se saqueó. La tierra,
la Madre, adolorida, ordenó a sus Guardianes la resistencia y el paciente alivio, que no la cura, de la cobija de la lengua, el vestido, el canto, el baile, la cultura.
“En las naguas y las trenzas de las mujeres, en los dobleces de la piel de los más mayores, en el asombro de los niños, en la digna rebeldía de sus hombres y mujeres, fueron guardados los recuerdos, pero no de lo que fue, sino de lo que será. “Bajo estos cielos ondearon las banderas usurpadoras de las monarquías española, portuguesa, holandesa, británica, francesa, siempre la del dinero; y los saqueadores tenían cartas de gobiernos que, decían, se preocupaban por ‘civilizarnos’.
“[…] En el reloj de abajo sonó después la hora de la lucha, y la sangre indígena corrió por los 7 puntos cardinales. Y se llamó independencia al cambio de ropa que el dinero hacía para seguir oprimiendo tierras y gente. “Llegó después al arriba de arriba el nuevo Emperador, el capital, y con él la nueva alquimia que todo lo convierte en mercancía.
“Arriba se simulaba independencia y soberanía, pero la ropa del extranjero seguía vistiendo al Mandón. El calendario de abajo cumplió el ciclo y el centenario alumbró un nuevo alzamiento. La sangre morena se reiteró, generosa, y sobre ella y por ella cayó el tirano. El final se decretó hecho monumento y los pendientes fueron tantos que el alivio fue escaso y la cura nula.
“La tierra, la Madre, brindó entonces su alimento de dignidad rebelde a otros colores y, como fragmentos de un espejo roto, la lucha tomó desde entonces la ropa del obrero, del campesino, del empleado, del otro amor, de la juventud, de la mujer, de la sabiduría que no se vende por comodidad o moda. “La resistencia floreció, florece. “Pero la historia de arriba vuelve a ofrecernos, como salida, la mentira que ni cura ni alivia…200 años después.
“El Emperador ha crecido y ha crecido su ambición y poder de destrucción. Si antes el tesoro era de oro,
plata, metales y piedras preciosas, ahora es de agua, aire, bosques, animales, conocimientos, personas. “Y si antes el ropaje de sus oficiales de conquista era la sotana y la armadura, y después la afrancesada levita de ‘científicos’ y militares porfiristas; ahora es la chaqueta de múltiples vistas de los partidos políticos”
(Subcomandante Insurgente Marcos, Las ropas nuevas de los viejos conquistadores).
La única salida real a la crisis de legitimidad es la construcción de un proceso organizativo de nuevo tipo, que tengan como banderas la libertad, la democracia y la justica para todos y todas. Proceso organizativo cuya práctica esté guiada por la ética, que construya una nueva forma de hacer política. Eso nuevo que tiene que imaginarse y construirse, tiene que nutrirse de la lucha de los pueblos de abajo y a la izquierda y ubicar su lugar histórico en ese continuo de 500 años de resistencia.
El capitalismo se enfrenta con la necedad de los pueblos a defender su derecho a la vida, a decidir tomar las riendas de su rumbo, alimentados por la memoria de sus muertos y de su historia. La fuerza que derrotará al capitalismo es el mismo impulso que ha guiado estos 500 años de lucha, es el impulso más humano que existe y se llama: rebeldía. Texto completo en revistarebeldia.org

jueves, febrero 18, 2010

Riachuelito
Por F.F.D.G.

Acá la gente dice que en realidad estos pibes murieron ahogados, víctimas de algún pozo o chupón invisible, de correntadas furibundas, fierros y resacas del demonio. Que es pura negligencia. La gente dice: “Que se jodan, si está prohibido bañarse en el río, si ya saben que está contaminado”. “Que se jodan”, dice la gente, sin creer en la posibilidad de que la culpa en realidad la tiene un monstruo, un bicho horrible con predilección por las vidas jóvenes. Nadie cree en esas cosas, pero ahí en el Río de la Plata hay algo que cuando hace calor se cobra siempre juventud. Un ente que se traga a los bañistas adolescentes y al cabo de unas horas los devuelve a la orilla, como si se hubieran ahogado. Se cree que les chupa el alma. No es seguro. En el río de Vicente López, que allá por los ‘60 era un balneario limpio y puro llamado El Ancla, ahora hay al menos ochenta personas refrescándose. No son vecinos, la mayoría viene de lejos, pero no pueden ir al mar, qué va’cer. ¿Guardavidas? No hay. Pero hace calor. Mucho. Y el río refresca el alma, entonces el cartel que dice “Prohibido bañarse, aguas contaminadas. Cuide su salud” es un adorno que de verdad dice “mirá que te avisé”. Pero los chicos siguen metiéndose y no logran desalentarlos ni el cartel ni los motoqueros de agua dulce vestidos de prefectos, que pasan a fondo tirándoles olitas en la cara. La policía de río sugiere que abandonen el agua. Nadie se va. Más bien se siguen metiendo. Es como una procesión que dice, tácitamente, “a ver quién es el elegido esta vez, a ver ahora a quién marca la criatura para llevárselo al más allá, para siempre”. Y se meten. Y todos los años alguno no vuelve, con suerte retorna su envase descartable, un cuerpo sin vida. Los diarios no informaron que una vez más un pibe de 16 años se ahogó en el Río de la Plata a la altura de Vicente López. Menos van a informar que en verano una criatura poco conocida como el gigante Riachuelito, bagre mutante producto de la contaminación industrial del Riachuelo, descripto por Juan Diego Incardona en su novela El campito, se sale furioso de su hábitat natural, el río Matanza, y va vengador por las costas de la ciudad: feo, pinchudo, patinoso, bien chupado al fondo.
Fuente:

miércoles, enero 20, 2010

Borges, Bioy y los viejos tangos


Por Jorge H. Andrés


Gracias a que mientras leía las pruebas de Borges, de Adolfo Bioy Casares, para su ensayo en el suplemento Cultura de LA NACION del último domingo de septiembre, Edgardo Cozarinsky se tomó el trabajo de señalar todas las menciones a la música popular y sus intérpretes que allí se hacen, estas líneas pueden aparecer apenas publicado el libro, porque hubiera llevado mucho más tiempo rastrear esas referencias escasas, breves y muy dispersas en más de mil seiscientas páginas de un volumen que trae índice onomástico, pero no incluye a todos los citados ni indica en qué lugar aparecen.
A solas, o en compañía de Manuel Peyrou, el único a quien parecían considerar digno de intercambiar opiniones sobre viejos tangos, Borges y Bioy escuchaban de manera casi ritual música del género popular -no se mencionan en el libro sinfonías, óperas ni canto de cámara-, y repetían la placa varias veces en reproductores de discos de pasta, aun en años en que esos aparatos habían pasado a la historia.
* * *
Como en tantas otras cuestiones, en materia de música los unía un gran odio y se juntaban para estimularlo: Carlos Gardel -"un poco banal y muy trivial" (Bioy), "es un ciclista que se aleja rápidamente, saludando con la mano" (Borges)-, pero también coincidían en la fascinación de piezas como "El cuzquito", "El 13", "Independencia", "Muela careada", "Don Esteban" y otras que en 1957 habían desaparecido de todos los repertorios.
La pareja inflexible que no dejaba prestigio en pie, sobre todo tratándose de escritores argentinos, contemporáneos y conocidos de ellos, se volvía ingenua y tolerante en cuanto sonaba "Ivette" o "Flor de fango", y era capaz de admitir a Pascual Contursi, el autor de esas letras, como una "cumbre de la expresión literaria" y de inmediato descalificar a Goethe y su Fausto con infinidad de argumentos.
Las reacciones ante la música son inocentes, pero sensibles; los comentarios, ingeniosos; la erudición que Borges insiste en aportar suele estar equivocada o de más, pero no la repetida afirmación de "¡Esto es la patria!" ni la confesión de Bioy: "A veces creo o siento, un poco en broma, que en este país no se hizo nada más grande que los tangos".
El desconcierto se produce al leer los nombres de los intérpretes causantes de semejantes certezas en genios que desconfiaban de todo y además detestaban a Gardel, porque su favorito no era ninguno de los grandes vocalistas que todavía permanecían activos y en plena forma sino Jorge Vidal, un cantor auténtico, pero elemental y demagógico que, luego de dejar la orquesta de Osvaldo Pugliese, en 1951, gozó de larga popularidad televisiva y radial -todavía conduce un programa los domingos a la tarde por Radio El Pueblo- sin llegar nunca a figurar en el círculo de los mejores.
Más asombrosa todavía resulta la manera de recordar el tango instrumental que los había ayudado a imaginar una fantástica mitología arrabalera. Las mejores orquestas típicas que han existido continuaban actuando y grabando, pero ellos preferían escuchar sus primitivos en malos "discos de trapo", como denominaba Borges a los fonogramas flexibles que acompañaban ciertos fascículos, o en las versiones adulteradas de Los Muchachos de Antes, un trío de clarinete, guitarra y contrabajo formado en 1958 por músicos de jazz en crisis -Panchito Cao, Malvicino, Nicolini- que todo lo tocaba igual, sin pasar de los dos minutos, y a ellos les parecía "una orquesta de gorriones".
En Borges , Bioy Casares también registra el encuentro de ambos con Ben Molar, cuando planeaba el álbum 14 con el tango , y el intercambio de injurias entre Borges y su madre con Piazzolla en la época de las milongas para el long play El Tango , pero eso es una guerra aparte y demasiado extensa para contar ahora.
Siempre propuestos por Bioy, más para discutir que disfrutar, también escuchaban temas extranjeros: "Minnie the Moocher", por Cab Calloway, blues de Leadbelly, "Et maintenant...", por Gilbert Bécaud -"Las canciones francesas son más sentimentales, más dulzonas que las norteamericanas" (Borges); "Tiene un prejuicio contra todo lo francés" (Peyrou)- y hits de Johnnie Ray, Frankie Laine y Tennessee Ernie Ford, más olvidados que la gran duda que le sembraron a Borges: "Es sospechoso que la música popular guste tanto a todo el mundo. Tal vez no haya diferencia entre la gente".






Los amigos de Borges

por Óscar Peyrou

Aunque después de la muerte de Jorge Luis Borges sus amigos se multiplicaron evangélicamente como los panes y los peces, lo cierto es que sólo tuvo dos íntimos durante la mayor parte de su vida: los escritores Adolfo Bioy Casares y Manuel Peyrou, y cada uno de ellos desempeñenó una función diferente en la relación.

Con Bioy se trataba de una amistad a la inglesa, que excluía las confidencias; la que mantuvo con el segundo, en cambio, incluyó las confesiones más íntimas y personales. Cuando Borges necesitó la ayuda de un psiquiatra —así lo reveló Estela Canto—, fue Peyrou quien se lo recomendó. Roberto Alifano incluye en su libro sobre Borges unas palabras que este le dictó acerca de Peyrou: «Era un hombre muy reservado, pero aceptaba y alentaba las confidencias. Creo que fue una de las pocas personas a quien me atreví a hacérselas».

Tras la muerte de su amigo en 1974, Borges escribió un poema que lleva por título «Manuel Peyrou» y que publicó luego en Historia de la noche: «Suyo fue el ejercicio generoso / de la amistad genial. Era el hermano / a quien podemos, en la hora adversa, / confiarle todo o, sin decirle nada, / dejarle adivinar lo que no quiere / confesar el orgullo (...)».

Es conocida la manera en que Borges conoció a Bioy Casares en la casa de Victoria Ocampo. Casi nadie recuerda, en cambio, como nació la amistad con Peyrou. La relató él mismo durante un homenaje que le hicieron al autor de El Aleph en 1969:

«Yo empecé a concurrir a lugares donde se reunían escritores y una noche, en un bar alemán de la calle Corrientes cerca de Pueyrredón, alguien me presentó a Borges. Fue la presentación formal, que consiste en darse distraídamente la mano y decir las palabras y las frases convencionales. La verdadera presentación ocurrió unas horas después, por obra de una sombra o de una presencia del pasado. Salimos y Borges me preguntó hacia dónde iba. Repuse que hacia el norte, a lo cual él respondió que también tomaría ese rumbo. Cuando íbamos por la calle Pueyrredón noté que a mi lado vagaba una presencia invisible pero estimulante, la sombra de que hablé. Era el recuerdo de un uruguayo, Jules Lafforgue y yo incité un verso de ese poeta francés nacido bajo el Trópico, como él mismo dijo. Borges inmediatamente completó el verso y recitó otros. Allí, para mí se produjo una confusión del tiempo y del espacio o un estado nebuloso en el que yo no sabía, en mi exaltación, si caminaba por Pueyrredón o por la calle llamada Rimbaud, Lafforgue o Baudelaire. Al llegar a las Heras, donde él vivía y como no habíamos terminado de recitar poemas a voz en cuello, Borges se ofreció a acompañarme hasta mi casa. La operación se repitió varias veces, pero no se agotó mi impulso de recitar poemas franceses y, sobre todo, de oírselos a él. En esos viajes de tres cuadras hacia un lado y de tres cuadras hacia el otro, que duraron algo así como unas horas, llamamos la atención hasta de un vigilante que estaba en la esquina (...)»

Aparte de estos amigos muy cercanos —y de Silvina Ocampo, la mujer de Bioy—, que lo fueron desde el principio de la década de los treinta hasta el fin, otros que giraron en la órbita de ese grupo —en distintas épocas y por diversos espacios de tiempo— fueron Carlos Mastronardi, Emma Risso Platero, Francisco Luis Bernárdez, Xul Solar, Enrique Amorín, Ricardo Güiraldes, Oliverio Girondo, Norah Lange, Elvira de Alvear, Ulises Petit de Murat, los hermanos Dabove, Gloria Alcorta, Estela Canto, María Esther Vázquez y Néstor Ibarra.

Macedonio Fernández no fue estrictamente amigo sino una especie de mentor de Borges, y únicamente durante unos años, hasta que se distanciaron por razones políticas.

Curiosamente, Fernández se graduó de abogado en la Universidad de Buenos Aires en 1897, junto a los padres de Borges y Peyrou.


martes, diciembre 01, 2009

"...Lo más lindo que puede haber en cada ser humano es sacar ese niño que tenemos adentro.Y con la murga ese niño lo saco constantemente..."

Reportaje ciber-epistolar a Daniel "Pantera" Reyes, Director del Centro Murga Los Reyes del Movimiento de Saavedra*

Por Pupita La Mocuda






¿Cuántos años cumpliste de director de murga, Daniel?
Y, hacé la cuenta. Desde 1981. Son tres murgas que saqué: Los Rejuntados, Los Calamares y Los Reyes del Movimiento. Siempre en Saavedra, claro. Los Reyes salen por primera vez en 1986. El 81 y el 82 eran los últimos años de la dictadura.




¿Cómo fueron para Los Reyes los carnavales 2009?

A nivel cantidad de actuaciones te puedo decir que, personalmente, fue el peor carnaval que viví en mi vida. No por culpa de la organización ni nada sino por culpa de San Pedro. Hubo un par de rounds allá arriba en el cielo entre San Pedro y el dios Momo ¡y los ganó San Pedro todos por knock out! Salimos tres noches solas durante el carnaval en Capital Federal y una vez en Provincia antes de que empezara.



Sería muy triste que desapareciera o se achicara el circuito porteño de tal manera que las murgas no tuvieran más que, no sé, cinco o seis actuaciones por carnaval. (1)


Bueno, este año tuvimos doce actuaciones. Vos mirá que esto lo hacíamos en dos noches, antes. Y hacíamos catorce o dieciséis actuaciones en dos noches. ¡Dos noches! Esto mucha gente nueva no lo cree pero nosotros no hacíamos, por ejemplo, el baile individual como lo hacen ahora; no perdíamos ese tiempo que es precioso. Hacíamos tres canciones: una entrada, una crítica y una retirada. Por algo históricamente se habla de una entrada, una crítica y una retirada. Y salíamos volando a otro corso o a otro club dejando lugar a otras murgas… Algo que hoy en día no pasa. Muchas murgas quieren cumplir los cuarenta y cinco minutos a rajatabla porque lo dice el reglamento. Sin ir más lejos, una vez estuvimos en Boedo menos de treinta minutos, cantamos tres canciones y nos retiramos, siendo una murga de ciento cincuenta a más de doscientas personas. Actuamos y nos vamos volando para otro corso. ¡Suban al micro! ¡Bajen del micro! Ese es uno de los secretos. Lamentablemente no hay otra manera cuando te tenés que hacer escuchar en cuatro micros y veinte coches que siguen la caravana de la murga. Yo veo a veces que por el reglamento alguno dice: “¡Pero nosotros entramos a las once!” y son las once menos cuarto y esos quince minutos están parados al divino cohete. Nosotros no perdemos tiempo. Si podemos entrar, entramos y nos ahorramos esos quince minutos para ver si podemos entrar en otro corso.


Qué terrible sería volver para atrás y que las murgas porteñas no pudieran salir en su lugar de origen…


A mí personalmente me encantaría volver a Ensenada, a La Plata, Berisso, Francisco Solano a pesar de que teníamos que pelear el precio porque en ese momento los corsos los copaban los grupos de cumbia. Es como que les daban más importancia a esos grupos en pleno carnaval. Pero hoy sería muy difícil llegar a la Provincia porque los corsos son gratis y a pesar de que venden nieve y chorizos no se les paga a las murgas. Imaginate, si nosotros en Capital Federal gastamos entre dos mil a tres mil pesos por noche si vamos a La Plata ¿cuánto tendríamos que gastar?


La murga así como vos la concebís tiene ese juego de cintura, esa flexibilidad para agregar o de sacar canciones, por caso…


Y sí… Hay corsos, por ejemplo este año en Villa Pueyrredón, donde hicimos cinco o seis canciones porque no había ninguna murga esperando, a la gente le gustaba. Le preguntábamos al público si quería que siguiéramos. Eso también lo tenemos en cuenta. Si vemos que al público no le gusta y bueno… ¡Nos vamos! No me puedo quedar una hora ahí sabiendo que no les gusta. Esto es algo que a veces no ven las murgas. Yo veo algunas que actúan, actúan, actúan y no se dan cuenta, no miran, si al público le gusta o no. Nosotros miramos al público. Si veo que se ponen a jugar a la nieve, se ponen a hablar entre ellos, no les está gustando la murga. Hay algo en lo que estamos fallando.



Entonces, entre San Pedro y que hubo pocas actuaciones, no fue el mejor de los años. Pero, ¿rescatás algo positivo a pesar de esto?


Y, bueno, después de tantos años ascendimos a la A. Ya no somos más de la B. ¡Ojalá que Platense nos pueda imitar y ascienda a la A! (2)


¿Qué significa para Los Reyes estar en la A?


Para nosotros estar en la A significa básicamente tener más actuaciones. Creo que son diecisiete actuaciones para quienes entran en esta categoría. Y esto quiere decir también no estar mendigando para entrar por afuera. Eso es algo que se critica mucho, el entrar por afuera, que es muy loco criticarlo.


De las dos maneras igual estás en el circuito…


Sí, pero entrar por afuera quiere decir no estar en la programación oficial del corso hecha por la Comisión de Carnaval y, por supuesto, no recibir pago.


¿Y es criticado eso?


Y... Es bastante criticado, sí.


Pero esa es una práctica muy antigua, ir por adentro o por afuera, ¿o no?


Sí, es una práctica antigua. Al estar por afuera no cobramos la actuación. Nosotros, por ejemplo, al salir en la categoría B tenemos catorce actuaciones, es decir, cuatro o cinco noches por adentro. Y las demás noches las estamos haciendo por afuera. ¡Qué las pagamos del bolsillo nuestro! No nos van a devolver esa plata. Yo creo que eso es algo para valorizar y que muchos no lo hacen. Tenés que hablar de dos mil a dos mil quinientos pesos, una murga como la nuestra, como Los Viciosos, como Los Cometas, como Los Amantes de la Boca… Imaginate que Los Amantes de la Boca salieran con las cuatrocientas personas que tenían antes, ¿cómo harían, cuánta plata gastarían? Era parte de nuestra cultura salir las ocho noches y cada noche en seis u ocho lugares. Hoy cuando tenemos tres actuaciones es como tocar el cielo con las manos. Y si actuamos las ocho noches es el mejor premio que podemos tener y decir que tuvimos un buen carnaval, como antes.



Es la primera vez que Los Reyes están en la primera categoría…


Sí, siempre estuvimos en la B como buenos hinchas de Platense. Pero somos de la A, igual que Platense. No queremos salir primeros ni nos creemos los mejores. Sabemos que somos una murga que gusta y nos conformamos con estar entre los primeros veinte o los primeros diez puestos.


¿Cuál fue la reacción de los murgueros al saber del resultado?


Yo creo que nos trae un poco de dignidad, podemos decir. No hablo de autoestima, que creo que siempre hemos tenido porque de no ser así no sé si Los Reyes seguirían existiendo. Hemos salimos número cuarenta alguna vez, número veinticinco. Pero por tener esa autoestima – no de sentirnos los mejores, esto quiero recalcarlo – creo que damos un buen espectáculo y dejamos todo lo que sabemos o podemos hacer y todo lo que aprendimos jugando a la murga desde chicos. Yo estoy contento de poder haber transmitido a la gente de la murga nuestra lo que yo hacía cuando jugaba a la murga. Cuando subimos arriba del escenario, tanto Jorge como Corina o muchos otros que no nacieron murgueros, juegan a la murga junto conmigo. Y bueno, ¡estoy contento por eso! El año pasado, en el 2008, el mejor premio que tuvimos – esto lo hablamos siempre – es haber salido las ocho noches, lo que nos costó mucho, mucha plata que no nos reintegra el Gobierno de la Ciudad, que sale del bolsillo del “Director”, figura que tanto critican algunos. Fue, mirá lo que te digo, hasta mejor que haber salido en la A. Porque ya no tenemos el kiosko, el almacén, la carnicería que antes nos ayudaban con sus publicidades. ¡Estábamos recontentos! El premio más grande que podemos tener Los Reyes es salir todas las noches, como te decía antes.



¿Se prepararon distinto comparado con otras veces para los Carnavales 2009?

Como siempre. Actuamos durante todo el año. Eso nos da una práctica donde cada actuación que tenemos es un ensayo más. No tenemos un ensayo anual por no tener un espacio físico como, por ejemplo, un galpón por el que peleamos durante tantos años y que se lo dieron a otras personas que no son de nuestro barrio. Se ve que todavía seguimos siendo personas no gratas para cierta parte de la sociedad aunque lo nuestro es primordialmente un trabajo social.


Ustedes ensayan un par de meses antes de empezar los carnavales…


Sí, así es. Lo bueno que tenemos ahora y que no teníamos antes, podríamos decir diez o quince años atrás, es poder salir durante el año. En la misma actuación estamos ensayando y a veces nos juntamos para hacer alguna letra nueva. Pero no ensaya la murga en sí durante el año.


A veces los ensayos de ustedes son como una especie de actuación en sí misma, de encuentro a cielo abierto donde se junta el barrio...


Y es que la murga siempre ensayó así… A veces veo murgas que ensayan por un lado la percusión, por otro el canto y por otro el baile. Y yo, desde que tengo uso de razón, cuando salía en Los Ambiciosos, en Los Curdelas – estoy hablando de la década del setenta – ensayábamos así como ensayamos nosotros. Cantábamos y bailábamos y estaba la percusión. Todo junto pero sin sonido. Una de las diferencias que tenemos hoy nosotros es que estamos ensayando con sonido, que es una ventaja. Las voces ya las manejás de otra manera. Esto explica por qué a veces gritan las murgas. Se grita porque hay que levantar la voz arriba del bombo. Siempre digo que no es lo mismo cantar arriba de una guitarra que cantar arriba de un bombo…



¿Cómo sería eso?


Y sí, cantar arriba de una guitarra, cantás sin problema. Llevás un tono. Pero cantar arriba del bombo ¡hay que cantar! No cualquiera canta arriba de un bombo. Yo no sé si un cantor profesional puede cantar arriba del bombo. Seguro que te lo va a hacer bajar en vez de él levantar un poco la voz. Porque no va a gastar su garganta. A diferencia, por ejemplo, de nuestro cantor, Eduardito Castro, que es un profesional pero entiende la esencia de la murga y sabe que tiene que levantar un poco la voz.


Entonces me decís que se prepararon como siempre…


Como siempre, sí. Con letras nuevas, criticando a Cristina, a Néstor. Esto demuestra que sí criticamos al gobierno. Lo hacemos como lo hacíamos en la época del proceso… Aún así, que creo que hoy por hoy lo que hace el gobierno lo podés mirar por televisión. Si cada murga lo vuelve a repetir queda medio pesado por ahí. Pero en la época de los militares era como que no se publicaba lo que hacían los militares y las murgas decíamos lo que no decía la televisión. Y era una necesidad de la gente, ¿no? Por eso los clubes de barrio se llenaban esperando que las murgas criticaran al gobierno ya que en los corsos muchas veces nos hacían bajar. Por ejemplo, en Provincia de Buenos Aires nos exigían poner trompetas, cuarenta bombos, cuarenta redoblantes y hacer un desfile y no querían que hiciéramos el escenario. Por eso es que muchas murgas de Provincia perdieron el escenario y nosotros tuvimos la suerte de tener clubes como el All Boys de Saavedra, el Juventud de Saavedra, Agronomía, Mariano Moreno, California, Islandia y algunas veces el Sin Rumbo y el Pinocho.


Fuente para esta imagen: barriada.com.ar/Saavedra/clubAllBoys.jpg

La voz del pueblo silenciado…


Sí, se puede decir que éramos la voz del pueblo. Y criticábamos… A Massera, Videla, a Martínez de Hoz especialmente.


¿Durante el 2008 qué lugares visitaron? ¿Qué cosas hicieron? Sé que fueron varias.


Estuvimos en Santiago del Estero, Río Negro, Bahía Blanca, Saladillo, Las Flores. Son todos encuentros murgueros nacionales armados por nosotros o por otras murgas en los que hemos venido trabajando desde hace más o menos doce años y en los que empezamos juntándonos como amigos de “militancia murguera”. Nos interesa que se conozca la murga porteña.


También hicieron la radio el año pasado…


Sí, estuvimos en la Radio Mágica difundiendo un poco lo que hacemos.


¿Por qué pensás que es importante difundir la murga porteña?


Porque justamente el género porteño es un género virgen. Son pocos los que saben lo que es la murga porteña. Yo siempre digo que en Uruguay hay tres millones de uruguayos y dos millones novecientos noventa y nueve mil saben lo que es la murga uruguaya. En la Argentina de treinta y ocho millones que somos no sé si hay mil personas que saben bien lo qué es la murga porteña. Muchas personas se han encargado de esconder a los murgueros, no sé si por vergüenza o por conveniencia, como, por ejemplo, los que dicen que no estuvimos en la época del Proceso. Para muchos es como que a principios de la década del noventa reaparece la murga ignorando que nosotros nunca desaparecimos. Éramos pocos pero seguíamos resistiendo contra viento y marea.


La marginación de la murga por razones sociales y políticas… ¿En ese sentido lo decís vos?


Puede ser. Tenemos una sociedad bastante - ¿cómo la podemos llamar a esta sociedad? - ignorante en el tema. No sabe lo que es la murga y a veces se baja una línea que no es. Por algo mi viejo me prohibió salir en la murga. Lo que baja la sociedad nuestra es que la murga es de malhechores, de delincuentes. Y no es tan así. La murga porteña nació por una necesidad social, primero y principal. Y bueno, donde pudimos crecer, artísticamente se puede decir, bailando y cantando, lo hicimos. No haciéndolo profesionalmente sino sintiéndolo.


Daniel, ¿cómo pensás que hay que defender el carnaval porteño?


Al carnaval porteño… Yo creo que tendríamos que definir qué es lo que defendemos. Si la identidad o el carnaval. En el carnaval vale todo. Creo que algo que nos debemos es defender la identidad de lo que fue el carnaval porteño. En la identidad no vale todo. A mi manera de ver, la identidad es la identidad. Y con esto no quiero decir que soy un cerrado aunque más de uno lo va a hacer. Es que no se conoció ni se conoce del todo el género murguero porteño. Sería bueno que se empezara porque los chicos nuevos si no la conocieron nunca van a hacer murga porteña. Creo que uno primero lo tiene que conocer para después ver si es lindo o si es feo. Y no porque al género se le agreguen algunas cosas novedosas va a ser más lindo que lo viejo. Pienso que en lo viejo hay muchas cosas buenas.


Entonces, vos verías ahí una diferencia, digamos, entre lo que es el festejo del carnaval en la ciudad y la defensa de la murga porteña como género oriundo de Buenos Aires. ¿Eso lo ves como una materia pendiente que tenemos como pueblo?


Tenemos, sí, una deuda pendiente. Vos mirá que con esto de que no está el lunes ni el martes de carnaval hay mucha gente de plata que se queda acá. Antes, sábado, domingo, lunes y martes la gente de plata se iba. Y ahora se queda y va conociendo la murga. Antes el carnaval era para los pobres, que no se iban a ningún lado. Eran las vacaciones del pobre. Hoy, bueno, algunos ricos que, como no tienen ese sábado, domingo, lunes y martes, se quedan acá y de paso conocen las murgas. Y a veces la conocen mal y a veces la conocen bien.


¿Qué proyectos tienen Los Reyes para el futuro próximo?


De por sí ya fuimos a Las Flores, uno de los primeros encuentros nacionales que justamente son encuentros por la identidad. Recién volvimos de Saladillo. Y estaremos yendo a Santa Fe, Mar de Plata, Bahía Blanca y quizás Roca, si nos da el bolsillo. ¡Qué loco! Estamos hablando de lo que es defender la identidad de la murga porteña con murgas de Bahía Blanca, de Las Flores, de Santiago del Estero, de Zapala, Neuquén, con murgas de muchos lugares del país. Igualmente, ahora le estamos diciendo murga argentina más que murga porteña… También queremos hacer algún teatro, como ya hicimos, grabar un compact… Nosotros, por ejemplo, no estamos en ninguno de los CDs de Carnavales Porteños. No quisimos estar aunque lo respeto mucho a Diego Robacio, de verdad. Y me dolió mucho que haya perdido plata con estos compacts.

Murga argentina con una raigambre muy profunda porteña…


Así es. Y esto salió en conclusión alguna vez que discutimos con agrupaciones que no piensan igual que nosotros y qué preguntaban qué era lo que defendíamos nosotros. Y nosotros decíamos que nosotros nos juntamos porque nos gusta hacer murga… Imaginate, Santiago del Estero queda a mil trescientos kilómetros de acá de Buenos Aires, Catamarca casi mil quinientos, Río Negro a mil doscientos kilómetros, Zapala no sé cuántos kilómetros… Somos como una familia grande que armamos en el país y nos juntamos para encontrarnos. Y lo vemos así. Nos sentimos familia con la gente, con Guillermo de Bahía Blanca, con Fabián de Las Flores que está junto con los de Saladillo, con Mariano de Pringles, con Javier de Santiago del Estero. Para nosotros Santiago del Estero es algo especial, es un pedazo de nuestro barrio, del Barrio Mitre. Me emociona mucho a mí. Poder haber logrado que con la murga se olviden de su pobreza es algo groso para mí.


Estuvieron dando talleres ustedes…


Sí, en la facultad. Primeramente eran ocho.


¿Ocho qué?


Eran ocho personas y hacían murga de estilo uruguayo. Nosotros les dijimos que para hacer la murga tenían que ir a un barrio, a un barrio humilde. Y lo hicieron. Y hoy son doscientas veinte personas. Con diecisiete bombos con platillo y con un letrista como Javier que… La verdad que las letras de Javier te emocionan mucho. (3)


Y ustedes los visitan…


Sí, los visitamos cada dos por tres. Ellos vinieron al encuentro de Bahía Blanca. Bah, algunos de ellos: Javier, Claudia y sus dos hijos.


Los Reyes, bueno, Saavedra, es como que ha sostenido a lo largo del tiempo la identidad y la actividad de la murga porteña y ahora la está expandiendo, la va llevando a otros lugares de la República Argentina.


Hace diez años, alguna vez – nadie es profeta en su tierra, dicen ¿no? – sentimos como que… No sé si decir odio; no sé cómo llamarlo… Algunas personas no aceptaban nuestra manera de pensar. No sé qué pensarían. Y decidimos no gastar más energía acá en Buenos Aires – si bien seguíamos haciéndolo porque no nos habíamos ido – y poner un poco de energía en otro lado. Y así salió esto de recorrer el país. Vos mirá que ya desde 1995, cuando estuvimos en Santo Tomé…


¿Es verdad que cuando vos visitás otros lugares fuera de Buenos Aires la gente canta las canciones de Los Reyes o que cuando ustedes las cantan ellos ya las conocen?


La verdad que es algo emotivo eso. Me acuerdo una vez en Río Negro, estábamos haciendo un taller de murga, enseñando a bailar, un poco a tocar el bombo y en un momento – ya estoy un poco grande, un poco viejo, no me banco tanto tiempo enseñando a bailar – medio me cansé y para descansar nos pusimos a cantar con los chicos de Las Flores, con los chicos de Bahía Blanca y para mí fue una emoción grande ver una ronda de gente de Zapala, de Plaza Huincul, de Cutral-Có, de todo el sur ¿no? Y empezamos a cantar la canción de murguero, toda la vida fui murguero. Cuando vi que toda esa gente empezaba a cantar el coro, qué se yo, me puse a llorar. Fue emocionante porque todavía nos sentimos marginados nosotros. No sé si seremos paranoicos...


A vos te parece importante que se sostenga la actividad, que se la difunda…


Yo creo que sí. Porque vos mirá, una persona que nunca vio murga porteña, pum, si aprieta un botón, lo primero que va a encontrar es murga uruguaya. Si quiere comprar un compact, lo primero que va a encontrar es un compact de murga uruguaya; hoy por hoy yo creo que no hay un verdadero compact de murga porteña. Me encantaría tener plata para poder hacer un compact que realmente represente la represente. Hay un compact de una cantante famosa que deja a la murga uruguaya bien parada con su profesionalismo pero cuando escuchás la porteña se siente un ritmo que no es la murga porteña y una persona gritando “¡Aguante la murga!” casi como menospreciándola. Quiero pensar que lo hacen inconscientemente.


También – a lo mejor no sé si lo habrás visto vos – hay gente que cuenta que cuando va allá ve a los chicos bailar y les dice Los Panteritas o Los Mini Pantera. ¿Sabías vos eso? (4)


Y… Lo vimos acá en el corso de Saavedra con los chicos de Zapala que estuvieron en carnaval. Es algo inexplicable. Es algo groso, impresionante. Y nosotros estuvimos ¿cuánto habremos estado con él diez minutos? Nico fue de los primeros que vino a Río Negro. (5)


Uno de los dos murgueros que estuvieron contó que se sentía como si los Rolling Stones lo hubieran invitado al escenario.


¿Ah sí? Qué loco, no. Ojalá fuéramos los Rolling Stones y tuviéramos el uno por ciento de la plata que tienen ellos. ¡Sabés el murgón que tendríamos! Y te puedo asegurar que recorreríamos el mundo… Invertiríamos la plata en esto. No para guardarla para nosotros si no para fomentar esto que es la murga. Iríamos a Europa para que conozcan la murga, la murga porteña, la murga argentina como bien dicen. Pero lo que hacemos lo hacemos a pulmón y gastamos mucha plata. Porque es mucha en serio la plata que se va.


Pasando a otra cuestión muy importante, Daniel, ¿cómo ves la lucha por el feriado de carnaval? ¿Se agotó? Ya hace diez años que vienen las marchas. ¿Ustedes participan?


No sé si se agotó. Yo veo que hay gente que tiene otros intereses, políticos, por ejemplo. No sé si les importa el lunes y martes de carnaval. Yo creo que el feriado del lunes y el martes de carnaval se puede pelear de otra manera. No con una marcha. Vos mirá qué contradicción, qué hipocresía. Yo escucho a veces decir a algunos que nosotros, los murgueros tradicionales, somos punteros políticos o barrabravas. Nos acusan, nos marginan. Constantemente lo dicen. Yo nunca les contesto. No son los murgueros tradicionales los que organizan estas marchas. Yo lo que digo es que todas las murgas estemos en el corso el lunes y martes de carnaval con la gente. Nosotros resistimos el lunes y martes de carnaval en los clubes de barrio. ¿Y sabés por qué dejamos? Hasta 1986, 1987 podemos hablar de muchos clubes que hacían lunes y martes de carnaval: el Estrella Federal en Florida, el Juventud de Saavedra, el All Boys de Saavedra, Mariano Moreno, todos los que anteriormente te nombré. Corsos no había pero los clubes hacían bailes. Aunque algunos corsos también se hacían lunes y martes. Pero después dejó de venir la gente. Creo que nos tenemos que preguntar por qué dejó de venir la gente y que sea la gente quien pida el carnaval, no el murguero. Con respecto a que hay quienes quieren sacar un rédito político de estas marchas, tal vez lo que ocurre es que venden la movida a sus referentes políticos: “Mirá todos los murgueros que movemos.” Y a la vez el murguero es un ciudadano que vota. Este último febrero en Saavedra hubo corso el lunes de carnaval para demostrar que estamos por el lunes y martes pero que hay otra manera de pelearla. Hubo dos mil, tres mil personas ese lunes.


En Buenos Aires ha habido dos marchas, lunes y martes de carnaval. ¿Vos qué pensás de esa situación?


Es una lástima. Le estamos dando un mal mensaje a la sociedad: “Uh, mirá como se dividen los murgueros.” Pero creo que es un mensaje ambiguo: “¿Qué buscan estos murgueros?” La gente sigue pensando que somos vagos, malentretenidos, como quien dice… Lo siguen pensando: “¿Qué intereses tienen que están divididos?”; Unas murgas de un grupo por un lado, otras por otro…


Te pregunto ahora específicamente por Saavedra. Fue muy lindo algo que pasó este año en el Cincuentenario del Barrio Mitre (6) con murgas tocando juntas, incluso a la vez, en simultáneo, entrando a la plaza desde esquinas distintas. ¿Van a seguir esos encuentros? ¿Cómo ves esa relación con murgas más nuevas, muchas de las cuales salieron de Los Reyes?


¡Qué loco! O sea que vos estuviste ahí y no te vimos. Mucha gente habla de vos como si te conociera y no te conoce. Ahora, por ejemplo, en este ciber-reportaje yo no te veo… Eso es magia, como la murga. Vos sabés que a veces cuando se habla de las llamadas de Uruguay… Si estuviste ahí habrás visto que…


¿En Uruguay?


No, no. En el Barrio Mitre.


Ah, ahí sí, sí.


Te habrás dado cuenta de que no había nadie y de repente apareció gente.


Sí…


Es como una llamada. Y nosotros siempre hicimos llamadas en el Barrio Mitre. Siempre entramos por la Calle del Medio. No hay nadie y de repente… Te hablo tanto de la Calle del Medio en el Barrio Mitre como en cualquier esquina del barrio de Saavedra. En épocas de carnavales era muy común. Vos mirá, hoy capaz que estás en una esquina de tu barrio y viene la policía y no lo podés hacer con toda las ordenanzas que tenemos. Pero antes lo hacíamos. Y en época de dictadura estamos hablando. Íbamos, ponele, a la esquina de Ramallo y Pinto, de Saavedra estamos hablando…

¿Antes de salir para los corsos?


Sí. Otra, Freyre entre Correa y Ruíz Huidobro donde está el Sindicato de la Unión Obrera Metalúrgica. En esa cuadra hay muchas familias murgueras. No que salen en la murga. Yo digo familias murgueras porque siempre iban al Juventud de Saavedra a escuchar a las murgas. Saavedra es un barrio muy murguero, que tiene mucho público murguero.


Esto se usaba, entonces.


Se usaba, sí. Tirábamos la manga para poder ayudar para los micros y, bueno, es algo que se está perdiendo, que se perdió. Y en el Barrio Mitre seguimos estando. Este año no estuvimos al principio del carnaval. Le pedimos disculpas al Barrio Mitre que lo dejamos… Porque justamente salimos tres noches. Estábamos un poco tristes. No es fácil para un murguero salir sólo tres noches de carnaval.


Se usaba cada murga por separado. ¿Esto de tocar las murgas todas juntas por el Cincuentenario fue algo especial?


Y… Son cincuenta años del barrio donde yo nací.


En el videíto que se hizo para el festejo hay fotos de las primeras murgas, de Los Curdelas…


¡Los Curdelas, un murgón ese!

Hay varias imágenes de los carnavales de antes…






¡Los disfrazados! El carnaval del Barrio Mitre era un carnaval hermoso. Yo lo recuerdo constantemente. Más aún, yo viví mis primeros carnavales ahí. Cuando no salía en la murga, esperaba que vinieran Los Curdelas de Saavedra... Después ya cuando fui un poco más grande, bueno, me escapaba al Juventud, al All Boys de Saavedra.



Vos me decís que se da todo el tiempo, lo de las llamadas… ¿Cómo se da?

Así: “Bueno, che, hoy vamos al Barrio”. Y vamos al Barrio.



¿Todas juntas?



No, todas juntas es la primera vez que se hizo. Venimos hablando hace rato, de esto que te digo de las llamadas. Entrar una murga por una esquina y otra… Pero en carnavales teníamos ganas de hacerlo. O antes de empezar el carnaval. Y capaz que esto fue un comienzo, un punto inicial de esta movida. Yo creo que va a llegar el momento en que le va a interesar a mucha gente.

Esto me parece importante, algo que podría ayudar a descomprimir, como lo veo yo, la situación actual del circuito oficial, en el sentido de planear otros lugares y momentos de encuentro…

Vos que decís, ¿compartir con otras murgas de otros barrios?



Si, por ejemplo: “Bueno, hoy a las seis de la tarde, todas las murgas o grupos que quieran hacer una llamada o tocada murguera se juntan en distintas esquinas de la ciudad. Para el barrio…”

Bueno, Los Viciosos yo creo que eso lo siguen haciendo en Bulnes y Guardia Vieja.



Sí, es verdad. El Homenaje al Conventillo. (7)



Y bueno, es parte de una tradición. Que la teníamos y que la estamos perdiendo. Yo me acuerdo una vez que fuimos a Chungo, la heladería. Salimos y los chicos dicen: “¿Qué estamos haciendo acá? No hay nadie”. Y digo: “Vamos a tocar el bombo”. Y todos decían: “Pero no hay nadie.” No querían tocar los chicos. Y digo: “Vamos a tocar el bombo que la gente va a venir sola”. Y dicho y hecho. Al tocar el bombo, como por arte de magia apareció la gente. Eso, que es magia, se está perdiendo… La murga es pura magia. Que no haya gente y de repente aparezca la gente. Y esas personas se preguntan: “¿De dónde son estos? ¿De dónde es esta murga? ¿Quiénes son? ¿De dónde vienen?” Justamente hay una letra uruguaya que habla de esto: “De donde vienen, de donde salen”… Y bueno, son Los Reyes del Movimiento o Los Viciosos de Almagro.

Se está perdiendo esa magia ¿por qué razón?

En este sentido de que por ahí viene la policía o hay algún vecino que hizo la denuncia por ruidos molestos.

Bueno, a lo mejor eso tendría que ser parte de la promoción, de la política cultural de la ciudad…



¡Inmobiliaria! Yo creo que las inmobiliarias tendrían que decir cuando alguien compra una casa en Saavedra: “Mirá que acá hay murgas. Son parte de la cultura de Saavedra.” Porque después ese vecino nuevo que viene a Saavedra se encuentra con una murga, no le gustó y te denuncia… Pero yo creo que habría que recorrer las inmobiliarias y comentarles: “Che, cuando vendan la casa – o el departamento, ahora que están construyendo edificios – díganle que acá en Saavedra se compra con murga y todo. Es parte de la cultura del barrio.” Porque si no la vamos a perder. Vos mirá Palermo. Pobre Palermo. Con Palermo Hollywood, Palermo Qué Se Yo, hay que poner, como decían Los Elegantes de Palermo, Palermo Murga al barrio ¿no? Porque vos mirá la plaza Costa Rica. Toda la vida ensayaron Los Elegantes de Palermo (podemos hablar de treinta, cuarenta años atrás) y hoy hay toda una historia muy turística y capaz que te marginan, viste. “¿Y estos quienes son los que están ahí?” Y es la murga, estuvo toda la vida ahí.




En cuanto a la marginación. Al ser quizás parte de la cultura de los más pobres…



¡Pero es que te siguen marginando! Yo lo que comparo es lo de antes y lo de ahora. Antes te decían directamente que eras un negro villero, un negro de mierda. Hoy no te dicen nada y te marginan de otra manera. Yo prefería lo de antes porque sabía quién me trataba de negro de mierda o negro villero. Tal vez estas palabras parecen medio resentidas pero es una realidad, viste, de lo que vivimos… Yo tenía vergüenza de decir que era murguero. Cuando estaba haciendo el secundario – yo lo hice de grande – y la profesora de Sociología, justo se estaba hablando de liderazgo natural y quería que comente esto de la murga. Y te estoy hablando del 1992, 1993. Tenía vergüenza. “No, no hablo nada.” ¡Todavía tenía vergüenza! A pesar de que ya estaba toda esta movida nueva. Tuve bastantes reportajes en ese momento. La movida en el Rojas empieza en 1988, 1989 y ahí estuvimos nosotros enseñando a través de nuestro baile, nuestro ritmo, nuestra forma de cantar.

Mostraban lo que hacían…



Claro, mostrábamos lo que hacíamos. Y había discriminación. Vos mirá que hay letras:




Muchos años nos hicieron a un costado
Si total son negros nada más
Y sigue:



Pero ahora queremos confesarles
Nuestra verdad;

A esos negros hoy los llaman murgueros;
Desfilando la vida ven pasar



¡Desfilando la vida ven pasar! Nosotros pasamos la vida desfilando en los corsos. De la vida estamos hablando. No estamos hablando de un año o dos, de un momento. Estamos hablando de toda nuestra vida. Hay otra letra que precisamente dice: No es un rato ni un momento. No somos ni un rato ni un momento. Toda una vida somos nosotros. Mis hijos… Mi hija mayor que tiene veintisiete años ya estaba en la panza y yo siempre lo comento que ella nació un 16 de marzo y que el 15 terminó el carnaval. ¡Esperó que termine el carnaval para no molestar al padre y a la madre que estaban en la murga! Y eso es algo groso, de re-murguera. Y hoy tengo la suerte de que mi hija es maestra, que está estudiando psicología… Tanto ella como mis otros hijos, Agustina, Alexis y ahora Kiara…



Hay razones históricas profundas. La murga porteña ha sido marginada y discriminada por años.

¡Por décadas! La murga porteña existe desde el año veintipico acá en Buenos Aires… Antes había también agrupaciones humorísticas. Desde la época de Rosas se puede hablar, donde estaba el candombe, estaban los negros. Después con la guerra del Paraguay muchos murieron. Por algo se marginó. En otros países no pasó. En Brasil, Uruguay valoran su cultura. Nosotros no, lo seguimos marginando. “Es cosa de negro”. Dicen. Y nosotros estamos orgullosos de ser negros. Yo siempre digo que estoy orgulloso de haber nacido en el barrio en el que nací porque si no, no sé si hubiese conocido la murga. No hubiese conocido la murga ni jugar a la bolita, ni jugar con los carritos de rulemán ni esa creatividad para inventar juegos. Cuando no había con qué…



El otro día vi por internet un videíto muy interesante filmado y subido a YouTube por alguien que se llama Aracalamar que probablemente salga en Los Reyes.

Sí ella es de Los Reyes. Araceli.



Y bueno, hay unos pibitos – seis o siete – muy chiquitos que están con unos bombitos. ¿Lo viste vos? Se llama Centro Murga Los Peladitos el video. Van desfilando con una bandera marrón y blanca.



Te habrás acordado de mí, seguro: Suena un tacho y los pibes se alborotan.

Sí, es verdad. Me acordé de vos. Por suerte ahora tienen bombitos para jugar…





Bueno, pero ves, ahí está. Ya tienen el bombo y el platillo. No tienen necesidad. Ahora te venden el bombo con el platillo arriba. Pero la imaginación no está. Antes nosotros con un tacho de basura teníamos que ver cómo hacíamos, cómo inventábamos el platillo arriba. Después del tacho de basura fueron los bidones de plástico para la generación que está después de nosotros. ¡Y vos no sabés qué murgas armábamos! Era murga de pibes. Y me hubiese gustado que en esa filmación hubiera cuarenta o cincuenta chicos como estamos acostumbrados a ver todos los meses de enero y febrero. Justamente enero, que muchas veces en este barrio los Reyes Magos pasan de largo y llega el Rey Momo para hacernos olvidar las penas de que el juguete no llegó o no tener las vacaciones. Vos mirá que antiguamente hasta armábamos las peleas de murgas. Cuando éramos chicos. “¡Eeeehhh, aguante Los Curdelas!” Entre los chicos. Era como parte de una cultura la pelea de murgas, lamentablemente. Pero por suerte ya crecimos. Siempre digo que crecimos porque hubo un diálogo entre murgas. Antes no teníamos diálogo. Por ejemplo, si en una pareja si no hay diálogo entonces no es pareja. En la murga ocurría lo mismo. Al no tener diálogo, pasaban las cosas que pasaban.



Igual son otras épocas. A veces uno juzga otra época con los ojos de esta y quizás se pierde la riqueza de ese otro momento que no era igual a este pero que también pudo tener sus cosas, sus momentos, buenos.

Sí, sí. Había muchas cosas lindas. Mirá vos que todavía sigue el mito. Ha quedado un mito. “¡Ché, se agarraron unas murgas!” Mentira. Ahora igual no nos agarramos más como era antes, viste. Por suerte. Porque hoy sería muy malo una pelea entre murgas. No como antes que nos agarrábamos a las piñas y de última quedabas con el ojo morado o con la cabeza rota. Hoy los tiempos cambiaron y sería otra cosa.



Mujeres había, ¿o no?



Sí, había mujeres. Pero ves, antes éramos mucha gente grande. Me acuerdo de Los Calamares… Muchos dicen que éramos cuatrocientos. No, no éramos cuatrocientos. Eramos por ahí doscientos, ciento ochenta personas pero grandes. Y por ahí había diez mascotas, diez chicos. Y mujeres habría diez. Y al haber mujeres y mascotas ya es como que se empezó a evitar esa historia. ¡Bueno, pará! Un piedrazo a un chico en la cabeza lo puede matar. Creo que en esto tenemos que ver mucho Tavi, El Turco, Pajarito de Paternal… Cuando nos encontramos allá en el Fondo Nacional de las Artes. Dijimos el día que entramos al salón ese: “¿Qué estamos haciendo nosotros acá?”

¿En el Fondo Nacional de las Artes?

Sí, entre Juan José Tangari y Coco Romero nos juntan por primera vez en el Fondo Nacional de las Artes. Eramos sesenta y pico de murgas de Provincia y de Capital. Intentamos armar una Federación pero nos sirvió más para evitar esto de las peleas. Fue lo positivo que sacamos de esas reuniones. Vos mirá que desde ahí hasta el día de hoy no hubo grandes peleas de murgas, por suerte. Es como que ahí empezamos a respetarnos. Porque era una pelea entre pobres, en definitiva. Y además nos dimos cuenta de que teníamos algo en común: ¡el sentimiento murguero! ¿Cómo vas a perder eso? Yo siempre digo que jugaba a la murga y para mí la murga es un juguete que lo cuido como el mejor juguete que tuve en mi vida. Y perder la murga o perder el carnaval sería algo que… Tengo un pequeño dolor porque este año 2009 una murga pidió que nos echen del carnaval sin darse cuenta, quiero creer, todo lo que uno trabajó, lo que nosotros, trabajamos por este carnaval. Siento un poco de impotencia. Pero, bueno, qué se yo… El INADI finalmente aclaró que no fue discriminación de lo que yo fui acusado sino que de mal modo hice notar una diferencia de cultura, tal vez por una pequeña bronca que tuve en el momento. Nos podrán echar del carnaval pero no nos van a echar de la murga; seguiríamos haciendo murga de otra manera. Si resistimos a los militares, vamos a resistir a cualquier cosa. Ni la dictadura nos pudo echar del carnaval… Cuando yo digo dictadura, alguno dirá: “¡Eh, pero si Los Reyes salen desde el 86!” Yo empecé a ser director en 1981, 1982 con Los Rejuntados de Saavedra y Los Calamares de Saavedra. Fueron los dos últimos años de la dictadura. Y empecé a salir en murga en 1974. Ahí estaba con Miguel Pérez, que fue mi compañero de los dados.

¿Qué hacían ahí?



Llevábamos los dados y bailábamos.



¿Y de quienes más te acordás de ese momento?

Y… Estaban también Osvaldo Sánchez, Teite, Fito Bompart, Lito Sosa, El Negro Quelo, Memo, Marta Conde, bah, la familia Conde entera, Fasulo… Miguel imitaba mucho a Fasulo, cuando Fasulo salió con nosotros en Los Ambiciosos de Villa Martelli. Antes Fasulo se abría de piernas y se levantaba como un muñequito. Y Miguel hacía lo mismo pero yo lo levantaba.



¿Cómo en el baile clásico?

Claro, como los bailarines clásicos.

¿Pero que quiere decir que se levantaba como si fuera un muñequito?

Con un movimiento como Chirolita. ¿Te acordás?

¡Ah, sí!

Por supuesto que todo al compas del bombo. Es como la momia. (8)


¿La momia de Karadajián? Luchador sordo-mudo, quiere a los niños muuuuuy tiernamente... ¡Ja ja! ¡Claro, si yo te vi hacer la momia a vos!

Antes bailaba al compás del bombo, lento pero al compás. Hoy sale una momia y baila como un murguero más nada más que disfrazado. ¡Ahora ese es uno de los tantos sueños que tengo!

Debe haber sido dura la época de la dictadura…

En 1982 con Los Calamares junto a Los Mimados de Paternal y los Estropeados de Padilla y no recuerdo que otra murga, participamos de la marcha contra la censura, en Teatro Abierto, contra el incendio del Teatro El Picadero. Y bueno, así resistimos la dictadura. Resistimos con nuestros cantos. Tal vez ignorando lo que nos podía pasar. Yo siempre digo que ignorábamos lo que nos podía pasar, que podíamos haber desaparecido por criticar a Martínez de Hoz, a Massera, a Videla… No sé si lo hice conscientemente. ¡Menos mal que los militares no sabían lo que era la murga, viste!

Lo que la dictadura hizo fue intentar sofocar el festejo del carnaval…


¡Pero no paró el carnaval, Pupita! Con eso siempre hay confusión. El carnaval siguió. Sacaron el feriado, el lunes y martes de carnaval. Pero nosotros lunes y martes seguíamos estando…. Por eso en nuestras letras decimos: El carnaval está preso pero jamás murió. El carnaval no murió nunca. Estuvo preso, sigue estando preso. No murió porque nosotros seguíamos estando, seguíamos resistiendo y acá estamos, seguimos todavía luchándola. Por eso es doloroso esto: “Qué se vayan del carnaval”. Creo que si nosotros hubiésemos pensado de manera egoísta cuando empezó toda la nueva movida allá por 1988, 1989 esta gente que nos quiso echar del carnaval a nosotros no sé donde estaría. Me atrevo a decir que no sé si estarían ahora. Sin embargo, no lo fuimos; no le quisimos cortar las alas a ninguno. Con toda esta movida nueva Los Reyes hemos perdido mucho – a pesar de todo lo que hemos puesto de parte nuestra para que exista – porque muchas murgas nuevas nos hacen a un costado. Hicimos los primeros talleres en el Rojas y apostamos a que esto creciera. Nunca nos imaginamos que algunas murgas de la nueva movida no sólo nos iban a dar la espalda sino que nos quisieran hacer desaparecer, algo que ni el Proceso puro lograr con todo su aparataje. ¡En cualquier club con determinados años de antigüedad te hacen vitalicio! Esta es una canción que habla de lo que sentimos:

Fuimos Botelleros

Solista


¿Cuándo volverán esos carnavales del ayer?
La gente comenta y no lo podemos entender;
Las generaciones que hoy han bailado
La verdad que hoy nos hacen a un lado.

Coro


Fuimos botelleros, tal vez borrachos, lala lalala,
Chicos de la calle o jubilados, lalalalala,
El diariero, el negro y un movimiento singular.
¡Qué viva el carnaval!

Solista



El presente es hoy cuando nos volvamos a encontrar;
La verdad bailamos y no queremos molestar
Aquellos murgueros que están presentes
Nos miran ¿o no somos buena gente?

Coro


Fuimos laburantes toda la vida;
Por eso elegimos esta alegría
Por más que no quieran
Nunca lo lograrán.
¡Qué viva el carnaval!
¡Que viva el carnaval!
¡Qué viva el carnaval!



Solista


Quiero que las tristezas en este mundo no existan más;
Un bombo, una serpentin,a alguna matraca, ¡que más me da!
¡Vamos, luchemos juntos por los murgueros que ya no están!
Ellos dejaron todo; por eso no vamos a parar.

Recitado

(Mientras el coro tararea, lalalalalala)

Coro


Fuimos botelleros tal vez borrachos, lala lalala,
Chicos de la calle o jubilados, lala lalala,
El diariero, el negro y un movimiento singular.
¡Qué viva el carnaval!
¡Qué viva el carnaval!
¡Qué viva el carnaval!



Ustedes – me refiero a tu generación – lo que hicieron fue reconstruir el festejo en Buenos Aires. Como el carnaval es una fiesta de y para todos, pensar en rehacerla – pienso yo – en ese momento debe haber significado que todo el mundo pudiera disfrutarla.


Yo creo que lo que no vislumbramos en ese momento fue el crecimiento desmedido de la actividad en el circuito. Al no ser egoístas no pensamos eso y ahora pareciera que somos egoístas. Y no es así. Yo lo que veo es que perdí un pedazo de carnaval. Por ejemplo, uno de los primeros presupuestos que se ganó en Cultura del Gobierno de la Ciudad fue a partir de Dándole Vida a Saavedra en 1997. (También se hizo al año siguiente.) Ahí invitamos a murgas nuevas, murgas de estilo uruguayo, Tute Cabrero, por ejemplo, estaba; nosotros trabajamos mucho con ellos, con Agustín. Ahí sale la Ordenanza. Lo que muchos murgueros tal vez no saben es que esa fue la primera vez que una murga de barrio consiguió presupuesto del Gobierno de la Ciudad. Después, cuando nos dieron el presupuesto para el carnaval, no nos quisieron dar más para lo que hacíamos en nuestro barrio y querían que sacáramos la plata del presupuesto de carnaval pero yo les dije que no porque esa plata era de todas las murgas y lo nuestro era algo que habíamos ganado a la Municipalidad con nuestro laburo. Por ese motivo no pudimos hacerlo más. Son espacios que se fueron perdiendo. Por todo esto muchas veces nos ponemos mal, sonamos como quien dice “agresivos” pero cuando hablamos lo hacemos mayormente desde el dolor de haber perdido espacios.

¿Cómo ves vos la cuestión de la diversidad, de la que tanto se habla hoy en día?


A mucha gente nueva que no es auténtica le sirve hablar de diversidad. Mirá vos que con las murgas uruguayas nosotros no tenemos ninguna discusión porque ellos son auténticos en lo suyo como nosotros en lo nuestro. Igualmente, nosotros nos renovamos en muchas cosas pero sin perder la identidad en el baile y en el canto. Sería algo así como innovar desde la identidad.

¿Cómo se conectaría esto en tu opinión con el resguardo de la identidad?


Si vamos a un corso y vemos, que de las ocho murgas que entran, siete hacen otra clase de cosa y una sola que hace murga porteña no estamos cuidando la identidad. Nosotros en Dándole Vida a Saavedra mantuvimos bien la identidad y, a su vez, mostramos distintas cosas. Me acuerdo de que estaba el Colegio Raggio de la Avenida Libertador. Hacían algo diferente a lo que es la murga, un tema sobre la droga: salían de abajo de una sábana como que la murga era la vida atacando la droga y estaba muy bueno y no era una murga tradicional. Pero a la vez, de las seis, siete murgas que entraban había dos cosas nuevas y cinco que mantenían la tradición. Y de esa manera estás respetando la historia y estás invitando a lo nuevo. Ahora si de las, ponele, ocho murgas, metemos siete de lo nuevo y uno de lo viejo, no estamos cuidando la identidad. Capaz que vos no llegaste a ver eso que es lo viejo. Imaginate el Secretario de Cultura que va a una movida de estas y no puede ver a esta murga tradicional que tiene magia, que tiene mística. Son muy pocas las murgas que tienen mística; cinco o seis; no sé si no me alcanza con los dedos de una mano. Estamos hablando de mística, de magia…









Mezcla de memoria, tradición, misterio… ¿Algo del orden de lo metafísico, del espíritu quizás?


Magia, magia pura. Nosotros siempre lo decimos y lo comentamos entre los murgueros nuestros. Nosotros no somos la mejor murga pero tenemos una mística, tenemos algo que nos rodea…


Un halo…


Hay algo que nos rodea. No sé qué es. No sé cómo llamarlo. La gente se queda mirándonos. “¿Qué es?”


Muchas veces yo trato de descifrar eso también. Es como una especie de arrobamiento… Lo conecto mucho con la emoción que me produce y que sé que a otros también les produce.



Es un encantamiento. Y eso es lo que tenemos. Nosotros lo comentamos mucho eso entre nosotros, las murgas, y hay murgas que tienen un buen espectáculo pero no tienen esa magia aunque estén lindas.


Pero no sé por qué esa emoción…


Yo le digo a la gente que quizás no entiende a veces que la murga es “fea” aunque es lo más hermoso que conocí en mi vida. Pero la murga tiene que ser así.


Parece una paradoja: la hermosura de su fealdad tiene…


Ahí está. Y es así. La murga es así. Y uno trata de ponerla más linda, cantar mejor, bailar mejor, vistiéndonos mejor, comportándonos mejor. Eso es algo que no tiene premio, la conducta del murguero. Si el jurado viera de donde sale esa murga y cómo logró esta murga tener esa buena conducta, ese respeto por la gente, por lo que hace. Lo que tiene que entender es que sale de un estrato social muy bajo.


Lo social…


Claro. Si salimos del Barrio Mitre. Somos chicos en situación de riesgo. ¡Yo ya no soy chico! pero tenemos muchos chicos en situación de riesgo. Y las murgas se están comportando como la gente. Creo que cuando se habla del tema de seguridad tendrían que preguntarse por qué estos chicos hacen lo que hacen, que salen delincuentes. Creo que no tienen lugar en la sociedad. Y en la murga se lo estamos dando. Y de a poco vamos zafando algunos. Yo creo que la sociedad ignora la cantidad de delincuentes que evitamos con esta movida de murgas. En el país estamos hablando. Yo me acuerdo que esto lo hablamos un poco en el Encuentro de Saladillo el año pasado. Y un chico de dieciséis años, creo que tenía, nos decía: “Sí, encima no nos pagan. Trabajamos ad honorem”. Un chico de dieciséis años. O sea que esto no se vive solamente acá en Buenos Aires. Yo lo que analicé, me acuerdo, en Santa Fe con una psicóloga es que la pobreza acá en Capital es peor que la pobreza en las provincias. En la Capital Federal es mucho peor, creo, ser marginado. Tenés mucho menos de donde agarrarte y estás más a un paso de la delincuencia.






Yo creo que a veces se minimiza o ni siquiera se tiene en cuenta el papel que juegan las murgas en el trabajo social.

¿Sabés qué es esa contención social? Autoestima. La murga te da autoestima. Yo me acuerdo cuando fuimos la primera vez a Santo Tomé allá por el 95. En el programa de radio de la Latinoamericana estábamos y le preguntaba a uno de los chicos qué sentía. “¿Qué sentiste en Santo Tomé?” En Santo Tomé había un anfiteatro donde fueron cuatro mil personas más o menos a vernos a Los Reyes. Nos aplaudían a rabiar. Y después nos venían a felicitar. (El diálogo que hay con el público ahora no es el mismo diálogo que había con el público antes.) Bueno, le pregunto a este chico que sintió y me dice: “Yo me sentía grande. Me sentía un grande”. Claro él decía que sentía algo groso porque de vivir en el Barrio Mitre… Digo Barrio Mitre como puede ser Soldati, como puede ser alguna villa. De sentirse ese negro villero a sentirse un artista, podemos decir de carnaval. Y que la gente lo aplauda. Porque en el carnaval salimos y no tenemos la posibilidad de dialogar con el público como en estos lugares, como en Santo Tomé o cuando salimos afuera y, bueno, es algo grande. Santo Tomé fue un antes y un después para nosotros, para Los Reyes. Vinimos… Nos dio autoestima.

Era un Encuentro de Teatro…

Tal cual. Era un Encuentro de Teatro, sí. Y juntarnos con gente de teatro. Yo recuerdo cuando estaban las reuniones de teatro hablaban de técnica y yo escuchaba eso y decía: “¿Cómo puede ser que nosotros lo hagamos natural?” Lo nuestro era natural. Por ejemplo, había un mimo que hacía como que era un muñeco y de repente se moría. Y él contaba que un ojo lo abría para ver si había alguno que lloraba. Si había uno que lloraba de entre las cien o doscientas personas o mil o dos mil personas, él había logrado lo que quería hacer. Y nosotros lo hacemos con las letras. Cada vez que cantamos una letra nostálgica, si vemos alguno que hace un pucherito nos pone contentos. Y en una crítica si vemos que se ríen… Y no sé qué técnica usamos. Pero son técnicas también. Lo hacemos naturalmente. No lo hacemos desde un profesionalismo. Bah, lo que aprendí en ese Encuentro de Teatro. Los escuchaba hablar y decía ¡Qué loco lo nuestro! Mirá lo que hacemos y no sabemos. Mirá el bombista que aprendió jugando a tocar el bombo y el platillo ahí en mi barrio, es músico. Y capaz que no lo valorizamos.

¿Es decir que lo artístico, de alguna manera, vendría después de lo social de acuerdo a como pensás vos?

Y sí, sí. Yo creo que por suerte es así. Si hubiéramos nacido por una necesidad artística… ¿Y por qué una necesidad artística? Bueno, capaz que quiero vivir de eso. Y el murguero no piensa vivir de esto. El murguero sale en la murga y si bien hoy a veces ganamos algunos mangos en algún casamiento, en alguna promoción de algún producto o filmaciones de alguna película, entre los murgueros no estamos pensando en ganar plata; estamos pensando en divertirnos, en divertir a la gente. El murguero no tiene conciencia de ser artista. El murguero es murguero y quiere divertirse. Es algo natural. Yo bailo murga… Una vez en una marcha de los Centros Culturales vino gente del Teatro Colón, bailarines del Teatro Colón. Me preguntaban qué técnica usaba. Yo me reía. ¿Cómo técnica? ¿De qué técnica me estás hablando? Yo bailo… El corazón le manda información a mi mente y mi mente baila. Esa es la técnica que uso, les digo. No sabía explicarlo. En el 88 una vez me hacen una pregunta, de dónde venía la murga. Y yo quedé mudo. Y qué se yo… La murga viene del vecino de en frente de mi casa, el de al lado de mi casa, que hacía murga y…. Para mí nació en el Barrio Mitre. ¡¿Yo qué sabía que venía de España la murga?! Yo lo que menos me imaginaba es que la murga venía de Cádiz… Para mí la murga era de Fito, de Américo, de los vecinos… Pero me acuerdo de esa pregunta y la tengo hoy todavía. Si hay algo positivo es que con Coco Romero aprendí sobre los negros candomberos, la murga de España, que se mezcló. Pero creo que si no hubiese venido esta movida nueva yo seguiría pensando que la murga viene de Fito, de Américo o de los anteriores a ellos, ¿no?




Lo cual también es verdad. Porque vos la aprendiste ahí…

Y sí, sí… Nosotros fuimos aprendiendo de mirarlos a ellos. Fito no está más pero sigue viviendo. Fito está entre nosotros. Cuando vos me decís esto de Zapala, del chico que baila parecido a mí. Alguna vez vino un murguero y me dijo: “Eh, ya estás viejo, Pantera”. “Sí, ¿pero sabés qué es lo bueno? Que yo no me voy a morir nunca”. Porque van estar estos chicos, como los chicos de Zapala y como un montón de otros chicos que bailen como Pantera y yo capaz que no esté más en este mundo. Pero voy a seguir estando. Y es algo que me llevo adentro. Que voy a seguir estando. Siempre digo que no le tengo miedo a la muerte sino a que me olviden. Y creo que no me van a olvidar así no más. Es algo lindo que tengo acá dentro, viste Pupita… Y aparte van a estar mis hijos, mis nietos… Y se quedó mirándome el pibe. Y de vos capaz que no se acuerda nadie, le digo. Yo no me voy a morir y estoy contento con eso. Me voy a morir físicamente, obvio, pero voy a seguir estando. Y cuando veo esto como lo del chico de Zapala siento eso, que voy a seguir estando.




Bueno, la murga seguirá viva mientras exista “en la memoria del niño más pequeño”, como yo le comentaba por email a Aracalamar acerca del video de los chiquitos en el Barrio Mitre. Es decir, mientras el niño más pequeño que salga en tu murga la lleve en su recuerdo, la murga no va a morir nunca… Es un reaseguro muy fuerte ¿no?

Y vos mirá, nosotros, ya los más viejos somos viejos pero ese niño que vos viste en ese video es el que sacamos constantemente arriba del escenario y en el desfile cuando vamos bailando.

Es lo que ustedes llaman el semillero…

Claro, claro. Y después cuando él sea grande, ese niño lo van a tener adentro ellos y lo a sacar afuera también. Lo más lindo que puede haber en cada ser humano es sacar ese niño que tenemos adentro… Y con la murga ese niño lo saco constantemente. Y todos los murgueros también. Yo cada vez que lo veo a Guigue Mancini me re-emociona, a Kalustik, que el jurado le puso un uno. ¿Cómo le van a poner a Kalustik un uno? Tipos de setenta y pico de años que estén arriba del escenario sacan ese niño… Esa es la magia, ¿ves? Esa es la mística. Lo muestran ahí, lo sacan y no tienen vergüenza, te da esa posibilidad la murga. ¡Qué lindo! Si todo ser humano tuviera oportunidad de sacar ese niño de adentro y de jugar, tendríamos un mundo mejor, creo. Por eso digo que jugamos a la murga constantemente. Cada uno lo debe sacar a su manera. Yo lo veo en la murga todo el tiempo y lo veo en los chicos. Lo veo hablando con Guigue, con Fasulo y somos como niños.

¿Te imaginás un futuro mejor para los carnavales que lo que hay ahora? ¿Te imaginás un corso en cada esquina? Si alguien te dice que podés tener el carnaval que vos querés, ¿cómo sería?

No sé si sirve tener un corso en todas las esquinas. Yo creo que hay gente a la que no le gusta el carnaval y tiene derecho a que no le guste. No podemos imponer algo que no quiere la gente. Sí, sería ideal para los murgueros, para los que nos gusta el carnaval. Pero no estaríamos respetando a la gente que no quiere el carnaval. Yo no estoy de acuerdo en que haya tantos corsos, que cortemos las calles y que después la gente nos termine insultando y diciendo que somos vagos, diciendo todo lo que dicen. Yo tengo que levantarme para ir a trabajar como todo el mundo. Y como todos los murgueros también.



¿Pero te imaginás una Buenos Aires sin corsos? ¿Te gustaría?


¿Buenos Aires sin corsos? ¡No, no, no no! Si en la época del Proceso teníamos corsos, ¿cómo no vamos a tener ahora en democracia? Porque acá hay dos lecturas. Una lectura dice que no había carnaval en la época del Proceso y había, había… Y con esto no estoy defendiendo la dictadura. Yo me acuerdo en época de la dictadura haber subido al escenario en La Boca y nos hicieron bajar porque criticábamos a Martínez de Hoz. Y también en el corso de Urquiza.


Es decir que sí había corsos…


Claro, claro. Estaba el corso de Flores, de La Boca, de Avenida de Mayo, el de Urquiza, corso de Villa del Parque en la calle Cuenca, el corso de Beiró.


¿Durante toda la dictadura?


Sí, estamos hablando de toda la dictadura. Al corso de Villa del Parque y al de Beiró, que quedaba casi en la General Paz, los hacía el mismo tipo. Y después estaban los clubes que ya te dije. Sería bueno que vuelvan los clubes para ese carnaval ideal que queremos. Y que vuelva la gente disfrazada, que vuelva la gente. Tiene que volver la gente para que sea un carnaval ideal, al lunes y martes y a los clubes. La familia. Hoy el corso de Saavedra es muy familiar. La mayoría de los corsos son familiares. Y tiene que volver eso. Me dio lástima que había corsos muy bien organizados, muy buen sonido, pero había más vallas que gente. Estaba vacío pero sería bueno apostar a ese corso y que vaya la gente.



Una manera sería difundir, promover mejor, con mayor énfasis tal vez…


Claro. Es una lástima tener un buen corso con un buen sonido y que no vaya gente. Tenemos que ver por qué no va la gente en ese barrio. O poner ese mismo corso en un barrio en el que vaya la gente. Yo pido que haya una encuesta barrio por barrio, corso por corso. Y que les pregunten qué clase de murga le gusta… Porque a mi barrio Saavedra, por ejemplo, les gusta Los Fantoches de Urquiza, Los Elegantes de Palermo, Los Viciosos de Almagro, la murga tradicional. Cada barrio tiene distinto gusto. Yo por ahí voy a Recoleta y no gusto. Y tienen derecho… Como nosotros en Saavedra tenemos derecho a ver las murgas que nos gustan. Con esto no quiero decir que no entren. Si no que, bueno, hay que pensar: a este barrio tenemos que mandar solamente una murga o dos de este estilo. En algunos barrios van a votar otra clase de murga y tienen derecho porque para eso pagan los impuestos. Creo que a veces lo que no respetamos es la plata de los impuestos que paga la gente. Y tenemos que respetar a la gente porque si bien no pagan entrada, pagan impuestos. Y bueno, en cada barrio hay que elegir. Mirá lo que pasó en el Abasto. Ahí cambió la cultura totalmente. Ya creo que desapareció la murga. Pero el Abasto era un barrio murguero si bien están Los Nenes.




Ahora son Los Nenes de Buenos Aires.


Sí, pero es una lástima en Abasto como se perdió la cultura murguera. Está la Tana Lucía. Hay que seguir protegiendo la murga y la cultura de cada barrio. Creo que cada barrio tiene una cultura diferente. Qué se yo, ponele el barrio “Chichipío” que no es un barrio murguero y le interesa esto nuevo. Pero hay barrios como Saavedra, como Almagro, en los que está instalada la cultura murguera y la murga les gusta así, “fea”, como te decía antes. Creo que estas cosas hay que respetarlas y hay que hacerlas urgente. Y no querer imponer algo nuevo olvidando lo viejo. El que olvida el pasado vuelve a cometer los mismos errores. Eso creo que lo decía el Che Guevara. Y pienso que es así. No olvidemos lo viejo. Si siguió subsistiendo por algo lo hizo. Que sea feo no quiere decir que no seduzca, por otro lado. Yo soy feo pero sin embargo trato de seducir bailando; es la parte linda mía. Aunque te repito que para mí la murga es lo más hermoso que conocí en la vida. Yo le digo “fea” porque veo gente que quiere que cambiemos. Y digo ¿qué querés que cambiemos? Para vos es “fea” la murga. Y bueno, si es “fea” dejala que sea “fea”. ¿Qué te importa a vos? Pero igual yo creo que hay mucha gente que le gusta la murga “fea”. ¡Déjenla! Veo muchas murgas que también se desesperan por innovar, como que les diera pudor hacer murga como siempre fue. Igualmente, nosotros innovamos también. Como por ejemplo el bolero de Ravel bailado con coreografía de murga o la primera vez que se hizo un programa de radio sobre murga y desde el 82 que sacamos la murga fuera del carnaval. Recuerdo que ese año salimos con Canturbe, un grupo de música. (9) También hicimos teatro negro donde representamos la resistencia en la época del proceso. Y otras cosas más que ahora no recuerdo... ¡Hicimos tantas cosas! Algunas no nos sirvieron.

Sí, todo el tiempo. A la vanguardia, diría yo. Como con el Bolero de Ravel, un ejemplo, muy emblemático en mi opinión, entre muchas otras cosas. (10)



Bueno, fijate que hay quienes dicen que somos cerrados pero, sin embargo, otra gente rescata lo que, como ellos dicen, tenemos de creativos o innovadores. Algunas cosas de las que probamos, quedaron y otras no. (11)




Pero por otra lado, también es muy fuerte en ustedes el sostén de la tradición…



Claro, la gente nos felicita porque cantamos en la calle: Baile de los murgueros, baile de carnaval. Y eso es algo re-viejo. Algo que tenía la murga de antes. O sea que lo que tenemos que tratar de rescatar es todo lo viejo y mejorarlo. Cachú Mambero es una canción que cantaban Los Viciosos de Villa Martelli precisamente en el corso de Villa Martelli. Y me quedó. Y nosotros lo hicimos pero lo hicimos de otra manera. Ellos subían al escenario y la cantaban arriba del escenario. Me acuerdo cuando Corina me hacía el reportaje en el año 1996 le decía: “Vos imaginate doscientas personas cantando este coro.” Que eso es lo que hay que imaginarse. Doscientas personas cantando el coro porque así eran las murgas de antes. Yo lo veo a Los Viciosos, los veo a Los Chiflados de Almagro, lo veo en esas murgas… Doscientos tipos cantando el coro. Y hoy tal vez eso se perdió en las mayorías de las murgas. Pero era algo fuerte, doscientas personas cantando el coro arriba de los bombos. Hoy es como que nosotros lo volvimos a recuperar. Y mucha gente dice: “¡Che, qué bueno lo del coro!” ¡Y era lo que hacían las murgas tradicionales! Ese era el fuerte de la murga. Y cuando me dicen: “Eh, pero vos no querés innovar”, para mí innovar no es poner una guitarra, un bandoneón… Justamente la gracia de la murga tradicional es hacer misma melodía pero con el bombo y el platillo. Si hago la misma música, con los mismos instrumentos que usa, no sé, una banda de rock, me parece una estafa. No estoy creando nada. Estoy haciendo la misma música con los mismos instrumentos. La gracia es hacer el Himno Nacional con el bombo y el platillo, no con un piano como me enseñaron en el colegio. ¡Es groso hacer el Himno Nacional con el bombo y el platillo!



Hasta ahora no lo escuché nunca…


Bueno, esa es la gracia de la murga tradicional. O sea, para aquellos que critican: “¡Eh, vos sos un cerrado!” No, no es así. Los chicos hoy tienen una computadora y todos los juegos. (Una contradicción que tiene todo progreso.) En cambio, nosotros antes teníamos que crear los juegos. Teníamos esa creatividad para armar un tejo para jugar por papeles de cigarrillo en nuestro barrio; teníamos la creatividad para armar un karting con rulemanes que íbamos a manguear a los talleres mecánicos. Esa es creatividad. Nuestras mentes estaban creando. Justamente la murga tiene que crear.


¿Cómo sentís vos esta cuestión de la creatividad?


Y bueno, la necesidad te hace crear. Tenés que crear juegos. Si vos no creas juegos sería un pendejo aburrido, pobrecito, porque no tenía juguetes. Yo sí tuve juguetes. Mi viejo me dio una infancia muy linda a pesar del barrio en que vivía. Pero hablo por mis amigos. Y algo lindo que me acuerdo de mi viejo es que les compraba juguetes a mis amigos también. Y siempre lo tengo en mi mente y en mi corazón eso. Algo lindo de mi viejo. Y yo sufría mucho cuando mis amigos no tenían ese juguete:



Por eso agarrábamos los tachos cuando ya llegaba enero
Para olvidar nuestras penas si el juguete no llegó.
Los reyes magos siempre pasaban de largo:
Seguro que a nuestros padres el bolsillo no le dio.



Nuestros tachos eran juguetes que los usábamos de bombos;
¡Cuántos chicos que juntamos para armar este murgón!
Toda la tarde nos pasábamos jugando,
Teníamos como los grandes, un purrete director.



Nuestros sueños ya se daban bailando por los pasillos,
Los vecinos admiraban nuestra forma de bailar
Y en nuestros cantos seguro que criticamos
A ese viejo rezongón que el corso no le gustó.



Todavía lo recuerdo al viejo de la otra cuadra
Que nos hacía un charco de agua para no poder bailar.
¡La calle es nuestra y nosotros la disfrutamos
Y con nuestra algarabía alegramos el carnaval!



Tacho de basura,
bolsita de los recuerdos,
Tacho de basura,
fantasía del murgón.



¡Qué pueden hablar! Ja ja, me parezco a Castillo cuando decía ¡que saben los pitucos de bailar tango! Y no lo digo con falta de respeto. El que no lo vivió no sabe lo que es. Bueno, esa es la creatividad, lo digo para esta gente, que es música, que me dice que soy un cerrado, a mí y a muchos más, ¿no? La murga tiene que crear la misma música con el bombo y el platillo. Si logramos eso, es groso. Me dice uno del jurado: “Pero a vos no te gusta innovar”. No, no. Innovar no es copiar. Si yo estoy copiando lo que es la batucada brasilera y lo meto en la murga porteña, no estoy innovando. Si yo le pongo trompetas, estoy copiando. Aunque igual habría manera de introducir trompetas innovando… Hay quienes se quejan porque todas las murgas entran igual Tun chi chi tun chi chi tun… Y cuando entran con trompetas también entran todas igual Ta Taaaa Ta taaaaa… ¡Toda la misma música! Siempre El Negro José… ¡Che, qué no me chamuyen, qué no me chamuyen más! (12)





(1) Sobre el Programa Carnaval Porteño consultar:
(2) Se refiere a la categorización propuesta por el Reglamento del Carnaval Porteño para la evaluación de las agrupaciones que se presentaron en el circuito organizado por la Comisión de Carnaval en el año 2009. Ver: Sección Archivos del Grupo Dale Murga: http://ar.groups.yahoo.com/group/dalemurga/
(3) Acerca de Los Ilustres del Carnaval puede verse: http://dalemurga.blogspot.com/search/label/Los%20Ilustres%20del%20Carnaval%20de%20Santiago%20del%20Estero
(6) Ver Crónicas murgueras saavedrinas en este blog: http://sostenganquenacemos.blogspot.com/2008/12/crnicas-murgueras-saavedrinas.html
(7) Ver El golpe al plexo en este blog: http://sostenganquenacemos.blogspot.com/2008/08/blog-post.html
(8) http://www.youtube.com/watch?v=sEZtonATr8Q
(9) http://canturbe.blogspot.com/
http://www.rock.com.ar/bios/1/1100.shtml
(10) Consultar: http://dalemurga.blogspot.com/search/label/Despertando%20a%20Momo
(11) Ver comunicación de Diego Robacio al Grupo Dale Murga recopilada en: http://dalemurga.blogspot.com/search/label/Encuentro%20de%20Murgas%20de%20Bah%C3%ADa%20Blanca
(12) Más sobre Daniel Reyes y el Centro Murga Los Reyes del Movimiento de Saavedra en: http://www.fotolog.com/murgalosreyessvd
http://sostenganquenacemos.blogspot.com/2006/09/reportajelas-alas-del-murguero-daniel.html








*Realizado entre los meses de junio y octubre del año 2009 a través de distintos medios de comunicación virtual. Todas las fotografías se reproducen por gentileza de Corina Diana.