miércoles, agosto 09, 2023


"Fuimos un grupo de mujeres pioneras del carnaval. Todas peleamos por la igualdad, por nuestros derechos, para poder disfrutar de esta pasión que es la murga."

 Entrevista a Meka (Isabel Sara Silva) 

de Saavedra 

 Por Pupita La Mocuda 






- ¿Meka, vos sos originariamente de Saavedra? 
 - Bueno, mi mamá me tuvo en el Hospital Pirovano pero yo soy de Boulogne. Nos criamos allá, Marcelo, mi hermano, y yo, en la Avenida Rolón. 
 - ¿Cómo llegaste a Saavedra, entonces? 
 - Mi papá - cuando yo tenía siete años y mi hermano once - era custodio del Presidente de la Nación de ese momento en la Quinta Presidencial de Olivos. Las personas que estaban ahí se habían encariñado muchísimo con mi viejo porque decían que era muy responsable. Y un día le preguntaron lo que él deseaba,  porque lo querían ayudar. Ojo, no le regalaron nada pero lo ayudaron. Mi papá les explicó que a él le gustaría venir para el lado de Capital porque al ser policía y trabajar en el Departamento Central que quedaba ahí en el centro, para él era un terrible viaje. Además, Boulogne no estaba tan poblado y a él le preocupaba un poco dejarnos a mi mamá, mi hermano y a mí. Entonces lo que quería era venir para Capital porque acá estaba la hermana de mi mamá, mi tía, viviendo en la calle García del Río, en lo que ahora es un garage. Quería que estuviéramos más cerca de la familia, para no estar tan solos allá y a él le ahorraba el viaje. ¡Increíble los viajes que se mandaba en tren! Y bueno, a través de pagar un alquiler pudo conseguir la casa en el Barrio Mitre. Entonces, vinimos a vivir acá. Desde ese momento, desde mis siete años, que yo estoy viviendo en el Barrio Mitre. Esa fue la manera de llegar acá. 
 - ¿De donde proviene tu apodo, Meka? 
 - Mi sobrenombre surge porque mi hermano, cuando yo nací era chiquito y venían todas mis tías, mis familiares y decían: parece una muñeca. Y él no sabía decir muñeca y empezó a decir: parece una meca. Entonces después, cuando quería preguntarle a mamá o a papá por la hermanita decía: ¿y la meca? Y bueno, me quedó el apodo Meka. 
 - ¿Cómo entra la murga en tu vida? ¿Cómo fue que te hiciste murguera? 
 - Yo me inicié en Los Curdelas de Saavedra en el año 1969 o 1970. Esos eran los primeros Curdelas, los verdaderos Curdelas de Saavedra, de rojo y azul, que ensayaban en la puerta del Club Platense en la calle Zufriategui. A ese lugar le llamaban la calle muerta. Yo tenía trece años. Fue un capricho. En mi familia no había murgueros. En esa época había otros códigos. Papá, encima policía, no quería que yo saliera en la murga. Mamá traicionaba a papá llevando a la nena a ver los ensayos. Hasta ese momento yo todavía no era integrante pero me empezó a gustar muchísimo. 
 - Te picó el bichito... 
 - ¡Sí! Es más, vino a vivir a mi casa una amiga mía, Nancy, que era soltera. Mi mamá la recibió como una hija más. Entonces llegó el momento en que mi mamá y mi papá se separaron (mi papá se fue a vivir a San Miguel) y mi mamá nos llevaba a las dos a ver los ensayos. Aparte a mi mamá le gustaba muchísimo la murga. Le fascinaban los carnavales. A mi hermano también le encantaban los carnavales. 
- ¿El salía también en alguna murga? 
 - No, no, él nunca salió en las murgas pero me ayudaba. Cuando yo era chica y vivíamos juntos acá en casa, lo que me podía hacer, me lo hacía él. Era una persona que se dedicaba a crear cosas para que yo luciera en la murga. Me adornaba la galera, le ponía piedras, alguna pluma de Malibú... Me acuerdo que usábamos batutas. Algunos las tenían hechas con antenas de auto y venían bien para defenderse. ¡Pero las mías, no! Mi hermano me las hacía con una varillita. ¡Yo no me iba a meter en un berrinche, en ninguna pelea! Yo lo que buscaba era escaparme de todo eso. 
 - ¿Y entonces qué pasó? ¿Cómo empezaste? 
 - A Nancy y a mí nos gustó muchísimo y yo dale que dale: ¡Mamá, quiero salir, quiero salir! Mamá: No, que si papá se entera, se va a armar una gresca. ¡Y qué sé yo! Yo lloraba y pataleaba porque quería salir, quería salir. Bueno, entonces mi mamá pidió la tela, pidió todo y en la máquina de coser me hizo el traje con el chabot. Usábamos pollera con una chaqueta. 
 - ¿Usabas apliques en el traje? 
 - Los apliques me los hice yo. ¡Pero eran cualquier cosa! Supuestamente en mi espalda tenía un águila. No sabía hacer adornos. Mi mamá tampoco ni nadie de mi familia. Fue costura directa sobre el traje, poner lentejuelas, pegarlas. Lo importante era que brillara, las poníamos en los bordes, en los puños. ¡Eramos inexpertas pero pudimos cumplir con todos los requisitos para empezar en la murga! Yo tenía fotos de ese momento, de esa murga pero, lamentablemente, con las inundaciones que hemos pasado perdí todo. 
 - Entonces, ese fue un paso de gran importancia en tu vida, ¿no es cierto? 
 - Si, por supuesto. Ya desde ese año salí. Me sentía en la gloria. Ese fue mi bautismo. Un poco de trastorno porque yo no sabía bailar. Hasta que le agarré el paso y no me paró nadie. Mi mamá me acompañaba hasta que salíamos. Como ella no venía conmigo me recomendaba a un señor del barrio, Don Eduardo, que iba llevando a su hijo, el Chiquitín. 
 - ¿Cómo vivían esas jornadas de carnaval? 
 - ¡En camiones hacíamos nuestro recorrido! No eran micros. Empezabamos a eso de las cinco o cinco y media de la tarde, con un calor que rajaba la tierra, imaginate, maquillados y vestidos. Nos corría la transpiración, era impresionante. Y arrancábamos a todos los clubes como el Mariano Moreno, Pinocho... Esos clubes queridos, venerados, que se lloran tanto, que se extrañan tanto, que al ser un lugar cerrado retumbaba todo. ¡Era tan lindo todo eso! Hasta que llegábamos al lugar de cierre. Por ejemplo, acá en el medio del Barrio Mitre se hacía un corso. Entrábamos al Barrio Mitre y te puedo garantizar que era una emoción. Porque éramos una cantidad de gente impresionante. Por el lado de la calle Posta estaba saliendo la murga y todavía no habían entrado por Melián. Ese era el punto definitivo de la murga. La gente del barrio nos esperaba con tanta calidez, ¡un amor! No veíamos la hora de llegar. Hacíamos Provincia también. Munro, el corso de Boulogne.... Esa era la meta final porque era donde se entregaban los trofeos y muchas veces se terminaban peleando las murgas, por diferencias, igual que los equipos de fútbol. 
 - ¿Qué personas queridas te vienen a la memoria? 
 - Y bueno, ahí en esa murga estaba toda la gente conocida, gente del Barrio Mitre: El Bocha Conde, el Negro Teite, el Negro Quelo, la Gorda Ana, Marta Acosta, Marta Conde, Mili - que venía de Munro -, la Leo, que era hermana del Negro Teite, Paula, Mary Aballay, la mamá de mi amiga, Marisa. 
 - Había varias mujeres en esa primera experiencia murguera tuya... 
 - ¡Claro! Y nunca me voy a cansar de decirlo.   Yo que viví eso puedo decir que ese fuimos un grupo de mujeres pioneras del carnaval. ¡Eramos muchas! ¡Algunas ya no están pero  varias todavía sí estamos  para contar nuestra historia y atestiguar el papel de la mujer en la murga.   No fue por obra y gracia de una sola persona. Todas peleamos  por la igualdad, por nuestros derechos, para poder disfrutar de esta pasión que es la murga. ¡Ahí nació la mujer murguera! Todas estábamos ahí. Por lo general, eran más grandes que yo. 
 - ¿Te parece que no están reconocidas en lo que hicieron, en el rol fundante que tuvieron? 
 - La verdad es que no entiendo por qué las dejaron en el olvido. Más que nada me duele por las que ya no están, que, ya te digo, eran muchas y de varias no se recuerda ni el nombre.   Yo era la más chica, recién empezaba. Entré con la marea de ellas. Fui partícipe de esa lucha pero ellas ya estaban. Les doy mucho mérito a ellas porque yo recién me integraba. Pude entrar por esa puerta grandiosa que abrieron todas mis compañeras. Doy gracias a Dios que pude vivirlo. ¡Y voy a morir murguera! A mí el carnaval no me lo apaga nadie. Pero es gracias a ellas, que abrieron el camino, que hoy por hoy las murgas están invadidas por mujeres. Creo que hay más mujeres que varones, les ponen más ganas las mujeres que los hombres. 
- ¿Era muy difícil para la mujer ocupar su lugar en la murga en ese momento? 
 - Mirá, las mujeres murgueras se merecen un aplauso grande todas. En mi caso, yo tuve cuatro hijos y he salido y he ido a ensayar con ellos. Me iba con el cochecito y mis criaturitas, con la mamadera, los pañalitos. He pagado para que me cuiden los dos nenes más chicos para yo poder salir en la murga. Venía cansada y así traía de vuelta a mis hijitos. No dormía. Era un sacrificio pero al otro día salía en la murga igual. Hasta que mis hijitos llegaron a cierta edad y cuando ellos tomaron conciencia de que les gustaba la murga me pidieron de salir y salieron ellos también. 
 - ¿Para el varón era distinto? 
 - Para la mujer es un sacrificio más grande. Para el hombre es otra cosa. Nosotras salimos en la murga, nos divertimos y cuando venimos no tenemos derecho a descansar. Te tenés que levantar a cocinar, a atender a los chicos, a hacer miles de cosas. Pero la mujer lo lleva más en la sangre. Yo hoy tengo toda la familia en la murga. Son todos murgueros, hijos, nietos, bisnietos... Pero todo porque yo empecé. Yo fui la primera de la familia. En ese momento, los varones - machistas ¿no? - no querían a las mujeres en la murga. Pero, bueno, fuimos un grupo de mujeres, chicas, grandes, lo que fuera, que nos rebelamos, subimos a los camiones y les demostramos que nosotras también podíamos salir en una murga, como hoy por hoy lo hacen las mujeres con la cancha. Antes no eran admitidas ahí tampoco, había muchos prejuicios. Hasta que lo lograron, se integraron. Viven la pasión junto con los hombres. 
 - ¿Ves diferencias con la murga actual? 
 - ¡Esas eran odiseas! En ese momento había certámenes de murga; no como ahora que hay jurado y el que se va abajo, se va abajo y el que sube, sube. Las murgas se llevaban copas. Estaba la copa para la primera murga, la mejor murga del carnaval. Y después se elegían dos más que se llevaban un trofeo más pequeño. Las murgas de Capital iban a Provincia y las de Provincia venían a Capital. Y había rivalidades entre las murgas. ¡Eran peleas fabulosas, terribles! Las mujeres y los chicos nos escondíamos por cualquier lado; nos metíamos debajo de los camiones porque era infernal como se mataban a golpes. La organización también era distinta a la de ahora. Las murgas tenían tesorero, presidente, vice presidente. Estaba muy preparado. No era un director y punto. Se usaban los volantes que se entregaban a la gente en los corsos y le quedaba la propina al murguero que los repartía. Muchas cosas eran completamente diferentes a lo que es hoy. 
 - Los Curdelas fueron tu primer amor murguero...
 -  Así es. Los Curdelas fue mi primer murga y fue la que me marcó. Nunca más pude dejar... Estandarte que pasaba delante de mí, estandarte que yo me iba atrás. Porque fue como que le hice una promesa. Empecé a bailar y le hice una promesa de no dejarla nunca más. Yo venía de un momento duro, de la separación de mi papá y mi mamá. (Después volvieron.) Pero era como que necesité eso. Fue un impulso. Salir en la murga me ayudó totalmente. 
 - Era una cuestión de vecindad, de amigos y conocidos del barrio... 
 - La gente que había ahí era toda gente del barrio, pero toda gente grande. Gracias a la murga terminé conociendo a murgueros como Fito Bompart, a Lito Sosa, a Memo, al Negro Bazán, que ya no están pero fueron personas que la pelearon por el carnaval. Daba gusto verlos, cada uno en su postura, en su lugar. ¡Ponían ese amor por la murga! Con mucha humildad, porque era humildad... Yo cuando salí en los primeros Elegantes nunca me voy a olvidar que Julio, que fue uno de los directores, sabía que la gente estaba con sus problemas - porque los problemas por plata existieron siempre - y me acuerdo que se fue a una fábrica de zapatillas. No sé si las pagó o se las donaron. Pero él vino y repartió las zapatillas para todos. Me quedó esa imagen tan grabada... Ahí en Los Elegantes fui directora general de las mujeres. El director general de los varones de ese entonces fue Américo Bustos. 
 - Contame cómo siguió tu historia murguera... 
 - Después de Los Curdelas de Saavedra, salí en Los Elegantes de Saavedra de aquellos tiempos. Un verdadero murgón. Al frente de esos Elegantes me acuerdo que estaban Lito Sosa, Julio Domínguez. Era una troupe grande. Ahí también la organización estaba en manos de un grupo de personas, no de una sola. Por ejemplo, se encargaban de que todos pudieran tener sus zapatillas y sus guantes. Salí en varias otras murgas: Los Estrellados de Saavedra, Los Dandys de Saavedra, Los Rejuntados de Saavedra, Los Calamares de Saavedra, Los Reyes del Movimiento de Saavedra. También en Los Pecosos de Chacarita, Los Ambiciosos de Villa Martelli, Los Preferidos de Villa Urquiza, Enviciados por Saavedra y Los Goyeneches. En todas las murgas fui directora murguera, salvo en Los Elegantes, como te decía, que fui directora general de las mujeres.  





Meka con su amiga Alicia y su hija, Marcela, 
en el Centro Murga Los Elegantes de Saavedra


- ¡Pavada de trayectoria, Meka! ¿Qué significa ser directora murguera ? 
 - La denominación directora murguera ya casi no se usa. Cuando yo empecé a salir en la murga, el tema venía así: Estaban las mascotas, los murgueros y los directores murgueros. Después estaban los directores generales de mujeres y de varones. Ser director o directora general era un orgullo, era como cuando te eligían abanderada en el colegio. Y también estaban los directores generales de toda la murga, que eran los que nos dirigían a nosotros también para que, a su vez, pudiéramos dirigir al grupo que nos correspondía. 
 - ¿Cuáles serían las diferencias entre todos esos roles? 
 - El murguero o murguera es el que recién se inicia. Yo tuve mi época de murguera, cuando todavía no entendía cuales eran los picos de lujo de una murga. Actualmente, directora murguera o director murguero es cualquiera. Pero esto antes significaba que una persona ya tiene años de murga y conoce a la perfección lo que son los golpes de un bombo y tienen muy claro como bailar a los distintos ritmos: rumba, tres saltos, patada al cielo, murga. Vos te fijás que cuando una murga va saliendo y en el fondo están los directores, que son los que pegan esos saltos, esas patadas al cielo, como se les llama, impresionantes. 
 - No era algo así no más ser director murguero, ¿no? 
 - ¡Para nada! Cuando yo empecé a salir en la murga había que ganarse el título. Hoy, cualquiera entra a bailar y aunque no sepa bailar es un director murguero. Eso es lo que estoy notando entre los cambios de la época que pude haber vivido yo a lo que se vive hoy en día. Se usa mucha coreografía. Parece un grupo de zumba; van haciendo todos lo mismo. Yo tuve que hacer coreografía en Los Goyeneches; la hice y me salió bien pero creo que rompe un poquito los códigos. Yo creo que el murguero en sí expresa lo que siente el cuerpo cuando escucha un bombo; expresa lo que siente cuando está incluido en una murga, cuando está viviendo esa alegría, esa algarabía. Vos no le podés poner al murguero una coreografía porque el verdadero murguero se va a zafar y va a salir haciendo lo que le nace, lo que sabe, lo que siente, lo que quiere, lo que le hace explotar el corazón.
 - Si bien, hay una fuerte línea de similitudes y continuidades, ¿notás otras diferencias entre las murgas que conociste en las épocas de tus comienzos y las actuales? 
 - Hace unos años escuchaba cuando Pantera y otras personas convocaban a los murgueros para ir a pedir por el lunes y martes de carnaval. Porque la dictadura nos había sacado el carnaval. ¡Y no iba casi nadie a colaborar con ese pedido! Antes no era así. Por ejemplo, con los Dandys. Teníamos que ir a ver si nos dejaban entrar en tal lugar porque sucedía que no nos dejaban salir en ningún lado, no nos querían en ninguna parte. ¡Y ahí íbamos todos! Hasta en eso cambiaron los códigos
 - ¿Y en cuanto a lo artístico? 
 - Mirá, Pupita, antes el director llevaba el pito y cuando pegaba el pitazo saltaban todos, se formaban todos. ¡Ahora están todos a los gritos y tardan más en formarse que en hacer la actuación! Con respecto a la vestimenta, te digo que yo soy la enemiga de la mujer con levita larga. Le quita gracia al cuerpo de la mujer. Le quita femineidad. Para mí la levita larga es del varón. Para las mujeres, pollera o short con levita tipo cabaret, corta, como la de Los Goyeneches. Así quedan vistosas las chicas, las deja lucirse. O de lo contrario, chaqueta corta como las de Los Reyes. Hay muchos modelitos lindos. Porque es la típica ropa de la mujer. Ojo que yo tuve que salir con levita larga pero no me gusta. En las canciones, antes todos hacíamos el coro, todos. Ahora no. Tienen que subir cincuenta al escenario para que hagan el coro porque los integrantes desde abajo no cantan. Y antes nos daban las canciones escritas en papelitos para que las aprendiéramos. ¡Por eso es que hay tanta gente arriba de los escenarios! Se precisa del coro para que también respire un poco el cantor. En definitiva, no son los mismos carnavales. En definitiva, no es la misma destreza de baile. En definitiva, no es la misma forma de vestirse. Hay muchas cosas que cambiaron pero ¡que viva el carnaval y todas las murgas de donde sea. Y a toda esa gente que tiene ganas de rendirle culto al Dios Momo ¡un aplauso!  


              Meka en el Centro Murga Los Calamares de Saavedra 




 - Meka, hace poquito se publicó en la Revista Gestar Carnaval una antología de letras de murga escritas por mujeres. Fue un hallazgo, una sorpresa total el hecho de que hubiera una escrita por vos, sobre todo porque es de muy a principios de la década del ochenta. ¿Cómo se dio esa cuestión, la de escribir para la murga? 
 - En Los Rejuntados y en Los Calamares escribí canciones. Los Rejuntados fue una murga que arrancó casi sin querer entre Pantera y Rico, el papá de mis dos hijos más chicos, Alexis y Joni. Ahí yo escribí canciones que perduraron y que se cantaron también en Los Calamares, una murga simbólica de Saavedra, de colores marrón y blanco, donde agregué más canciones, como, por ejemplo, La Marcha de Los Calamares: 
 Luciendo el marrón y blanco 
Y danzando por las calles 
Nos llaman Los Calamares 
Y hoy llegamos hasta aquí
 Al principio yo ayudaba a escribir las canciones, entradas, retiradas, alguna glosa para la salida de la murga. Después ya hice canciones yo sola para Rico, que cantaba con Fito Bompart. Fito era una eminencia sobre el escenario, ¡un vozarrón! También escribí homenajes, por ejemplo a Ñamuña, a Luis Sandrini. Al mismo Fito, después de que falleció, le escribí un homenaje, pedido por su hija Ivonneé ¡Así nació la autora de canciones de murga! 
 - ¿Escribís otras cosas, además de canciones y glosas murgueras? 
 - No escribí ningún otro tipo de canciones todavía pero lo que sí escribo es poesía. Yo he escrito muchas poesías para mis nietas, cuando fallecieron, el 1 de enero del año 2001. También narraciones. Se las escribía para ellas, para conversar con ellas. Las tengo guardadas. 
 - Habrán sido años memorables... 
 ¡Ni hablar! Lo de Los Rejuntados fue una locura. Estábamos por salir en Los Cariocas de San Martín porque no teníamos murga acá en Saavedra. Entonces, empezamos a ensayar en el Club All Boys. Puchero, el señor que sacaba la murga traía los instrumentos, todo. Nos hicimos la ropa unos cuantos y de repente por una pelea entre este señor y un ayudante de él, quedó todo parado. ¡A una semana de empezar el carnaval! Decidimos seguir con los ensayos en el All Boys a condición de ver cómo salíamos. Entonces se decretó que se podía salir con la ropa que tuviéramos o disfrazados de lo que quisiéramos porque ya no había tiempo para vestuario. Algunos tenían la ropa de Los Cariocas, otros de Los Elegantes, todos de diferentes murgas. Hubo personas que se disfrazaron de fantasmas, de cualquier cosa. Era un clericó de colores, de ropa. Una tarde estábamos en la casa de Pantera con Rico y faltaba el nombre de la murga. La mamá de Pantera dice: "Eso es un entrevero. Son unos rejuntados" ¡Y le dejamos Los Rejuntados! Al final fue muchísima la gente que se juntó. No alcanzaban los micros, había coches particulares, una barbaridad. 
 - ¿Dejaste de salir algún carnaval en todos estas décadas de murga? 
 - La verdad es que nunca dejé de salir por voluntad propia. Mis hijos más chicos, Jonathan y Alexis (que ahora saca Los Goyeneches) nacieron los dos en diciembre. En enero empezaban los ensayos y yo todavía estaba toda cosida pero iba igual, con ellos en el cochecito. Les compraba en la farmacia unos taponcitos especiales para los oídos y los llevaba conmigo. En esa época eran en el Club Loma. Incluso estando recién operada cuando me enfermé, una noche fuimos a un ensayo de Los Preferidos, donde iba a salir mi familia, y me largué a bailar aunque no me podía ni mover de los dolores que tenía. Todavía no sé cómo fue que lo hice. En un momento de doy vuelta y veo que estaban todos llorando. Ese carnaval fui todas las noches en el micro, no me perdí ni una. Igualmente, en cuanto a los chicos, a mí nunca me gustó eso de "tienen que ir porque yo voy". Yo creo que los chicos tienen derecho a decidir si les gusta la murga o no. Así como tampoco se les debería imponer un equipo de fútbol desde chiquitos. El ser humano tiene derecho a decidir sus cosas y aunque no elija lo mismo que nosotros, es su decisión. Yo nunca obligué a mis hijos a salir en la murga. Mi hijo Gabriel, salió como acompañante, ahora vive en el Chaco con su familia pero mi hija mayor, Marcela, siempre salió con nosotros.


Meka en el Centro Murga Los Goyeneches del Barrio Mitre 



 - ¿Qué significa para vos ser murguera? ¿Qué te dio la murga a nivel personal? 
 - Mi vida nunca fue fácil pero la murga me dio la alegría, las ganas de reirme, de disfrutar. Esas siempre fueron mis vacaciones. Salir en la murga era algo que me levantaba el corazón, me renovaba. A mí la murga me salvó. Le debo muchísimo. Una vez al año, esas ocho noches de carnaval yo volvía a reiniciar mi vida. La murga me dio fuerzas para salir adelante. Era terminar un año y ya estar pendiente de que viniera el otro. ¡No veía la hora! Me sacaba todo lo que tenía adentro. Era una terapia para mi cuerpo, mi corazón. Creo que la murga me salvó. Cuando estuve enferma, empecé a bailar llena de cicatrices, de perforaciones en mi vientre, de dolores espantosos, pero yo escuchaba el bombo y bailaba. ¿Qué otra forma de demostrarle al carnaval que amo, que la murga? Me la jugué. Aunque me quedaran pocos meses de vida, los iba a quemar bailando. Y la murga me ayudó, me dejó, me sacó y volví a ser la misma Meka murguera de siempre. O sea, para mí la murga significa todo. Es como un guitarrero que ama a su guitarra. Es porque le pone todo. Está el alma incluida ahí. La murga desde el primer momento en que la conocí, se quedó en mí. Para mí la murga es todo y el carnaval es mi vida. Porque la verdad es que te ponés el traje de murga y te convertís en algo muy especial. No lo sabés especificar, no sabés qué es, pero hay algo en vos. Ser murguera para mí es tener la obligación de alegrar a un montón de gente sin fines de lucro. El murguero le alegra la noche a los espectadores, a todo el público y quizás sin darte cuenta te estás alegrando tu propia vida. 



Detalle zapatillas de lentejuelas cosidas a mano,  
confeccionadas por Meka. 








Detalle Traje de Meka (espaldar) 



 - ¿Cuáles son tus proyectos para el futuro? 
 - Estos carnavales que viene tengo pensado salir en alguna murga de Saavedra. ¡Pero que salgo, salgo! Para mi futuro me encantaría terminar mi etapa como murguera, bailando. Hasta donde pueda llegar. En cualquier murga, la que sea. Al verdadero murguero no lo hace el nombre de la murga. Mi sueño dorado es que me despidan con el traje de la murga. No importa cual. Y también que mi familia continúe mi legado, que no dejen nunca nunca de salir en carnaval. Para mí la murga es el elixir. Me gustaría legarle mi sucesión, mi continuidad. Aunque me duela en el alma no poder estar con ellos. O sea todo lo que salió de mi vientre, que siga bailando y disfrutando del carnaval, cada uno de mis descendientes con su experiencia. Mi nieto, por ejemplo, es director bombista. Y ahora el próximo que está llegando, mi bisnieto, ¡seguramente también será murguero!








                         

Meka y sus hijitos de cuatro patas: Jazam, Jayro, Popy y Jana 

miércoles, febrero 08, 2023

FASULO - UN GRANDE DEL CARNAVAL PORTEÑO

sábado, agosto 24, 2019

SERIE CIBERENTREVISTAS BREVES












"Lo que intentamos hacer es interpretar el pasado y el presente entendiendo que el patrimonio siempre se encuentra en movimiento."




Entrevista a Mariano Belvedere

Por Pupita La Mocuda 


Hay excelentes noticias muy recientes sobre el Museo Vivo del Carnaval Porteño, ¿no es cierto, Mariano?

¡Así es!  Estamos muy contentos porque  a raíz de un proyecto presentado por el Legislador Javier Andrade este 22 de agosto el Museo Vivo de Carnaval Metropolitano ha sido declarado de interés cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.   

¡Felicitaciones! ¿Cuál es tu relación personal  con el Museo?  

Soy uno de sus  miembros fundadores.

¿Cuándo se origina y qué es el Museo?

El Museo Vivo de Carnaval Metropolitano nace  a mediados de 2017. Tres compañerxs estudiantes de la Licenciatura en Gestión Cultural de la Universidad de Avellaneda (dos murgueros, Santiago Reich y yo,  y una de las organizadoras del Festival de Tango y Murga de Avellaneda, Amorina Martínez)  decidimos convocar durante el mes de noviembre de ese año a la comunidad murguera con el fin de comenzar a pensar en la construcción de un Museo que contuviera  las expresiones vivas del carnaval. Sin contar con un espacio físico, propusimos tres bases fundamentales: que fuera participativo y colectivo, que enfatizara el patrimonio inmaterial y que congregara los relatos a partir de  esta construcción que se manifiesta siempre desde el presente y su contemporaneidad, remitiendo al pasado para afianzar el futuro. 



¿Cómo se manifiesta lo colectivo?  

El Museo  escucha la demanda de la comunidad del carnaval y a partir de ahí realiza sus acciones por medio de convocatorias colectivas.  Por eso buscamos que los objetos que se deciden montar en una muestra en distintos espacios, sean apenas un motor para poner en marcha una serie de charlas, reflexiones y registros audiovisuales que permitan construir un resguardo de la cultura popular. El Museo propone cambiar el concepto de conservación  de la cultura por el de gestación de la cultura.


¿Cómo surge la idea de llevarlo adelante?

Está vinculada a la creación de un espacio con sentido de pertenencia para los propios artistas del carnaval y para todo el público afín a esta fiesta. Pero sin  la necesidad de que se desarrolle en un único espacio físico permanente.  A su vez, nos parece que  lo más importante (antes de armar una acumulación de objetos que es precisamente lo que no queremos) es reflexionar en cómo nos pensamos, cómo se produce esta transferencia del patrimonio intangible de generación en generación y como hacer registro de eso en relación al contexto histórico que vivimos.  Básicamente lo que intentamos hacer es interpretar el pasado y el presente entendiendo que el patrimonio siempre se encuentra en movimiento. Nos interesa cambiar las lógicas del museo tradicional y convertirlo en un espacio de reflexión permanente y vivo donde las expresiones puedan dar cuenta de su existencia no sólo para el ámbito donde se encuentra sino llegar a todo espectro de público posible.



¿Cuáles son las motivaciones que te llevan a vos y a tus compañeros a ponerlo en práctica?

En lo personal hago murga desde hace veinticuatro años.  Soy Director General del Centro Murga Los Auténticos Rayados de Lugano, y siempre tuve la inquietud de intentar devolverle algo porque considero que ella a mí me dio mucho. Desde que arranqué a estudiar la carrera de Gestión Cultural, muchos de mis trabajos prácticos estuvieron vinculados a la murga y al carnaval. No hay muchos autores ni muchas librerías donde encontrar bibliografía;  no es fácil acceder a ciertos materiales, más allá del inagotable esfuerzo de muchos de los escritores que tenemos sobre nuestro carnaval. Ser parte de un logro como el de tener un Museo destinado a nuestro carnaval y a nuestra murga, me hace sentir muy feliz.

¿Qué objetivos persiguen?

Lo que tenemos en mente es poner en valor a la murga como expresión popular del carnaval, resaltando su valor intangible, mostrando a través de sus trajes, apliques, textos, espectáculo, talleres y jornadas que es una expresión en la que pueden participar todas las franjas etarias sin experiencia previa. Buscamos que el público pueda contemplar no sólo la calidad material de la vestimenta, las canciones y la danza sino que además pueda apreciar el valor que se transmite de generación en generación con el paso de los años.  O sea que se pueda apreciar la murga como patrimonio tanto material como inmaterial que se desarrolla dentro de nuestra cultura popular y que lleva consigo en carnaval la identidad de sus barrios con sus particularidades.

¿Cómo funciona el Museo?

El Museo funciona con una coordinación de tres patas. Las  decisiones son tomadas  en base a discusiones e investigaciones llegando siempre a una resolución por consenso entre nosotrxs. La realidad es que nosotrxs tenemos una programación pensada en base a charlas, foros y encuentros donde participamos, pero a su vez, estamos muy atentos a propuestas de lxs propixs artistas. Las analizamos y si consideramos que le suma a los objetivos del Museo y tenemos las herramientas para hacerlo o alianzas como para poder lograrlo, lo llevamos adelante.

¿Cómo están organizados?

Santiago,  Amorina y yo somos los que coordinamos de alguna manera el Museo pero, a su vez, contamos con colaboradores que desde su lugar aportan y mucho a esta construcción. Por ejemplo en este último tiempo pudimos armar un equipo colaborador de la parte audiovisual, que nos ayudan a plasmar nuestras ideas con sus herramientas.




¿Qué acciones y eventos pudieron llevar a cabo hasta ahora?

Todas las acciones que realizamos desde el Museo son de manera colaborativa, mediante convocatorias abiertas en las que el objeto siempre es una excusa para contar las historias que hay detrás. Y como nos gusta el cachengue siempre que hay una jornada de reflexión cerramos con shows en vivo. El primer  evento fue una jornada denominada “Hacia la construcción de un museo vivo de carnaval metropolitano”, la cual se realizó en la Universidad de Avellaneda en el mes de noviembre de 2017. Durante ese encuentro, distintos referentes de nuestro carnaval dialogaron sobre patrimonio inmaterial, discurso, baile,  vestuario y estética de nuestra murga.  Después seguimos con la muestra “Hermanando carnavales”en el Museo de la historia del traje, que permaneció desde febrero del 2018  hasta la primera semana de abril, lo cual nos permitió poder armar un ciclo de reflexiones de carnaval, con distintos ejes tales como crítica y poesía del carnaval, baile y percusión murguera, la mujer y la murga, herramientas para la gestión de carnaval y vestuario y estética del carnaval. Otras actividades fueron la “Muestra itinerante en el Teatro Caras y Caretas” acompañando a Los Garciarena. En febrero de 2019 llevamos a cabo una "Muestra" en el espacio cultural de la Biblioteca del Congreso de la Nación, que fue muy importante para poder seguir dándole visibilidad a todo el trabajo realizado. También estuvieron  las “Jornadas sobre educación, murga y gestión”.

¿Cómo plantearon  el cruce de la murga con la escuela? 

Fue alucinante, Pupita.  Ahí hicimos tres mesas: la primera fue dedicada a escuchar a lxs más pequeñxs y dialogamos con murgueritxs que nos contaron sus visiones. En otra mesa  dimos lugar a la presentación de libros y, por último,  hubo una dedicada a experiencias de la escuela y la murga.  Después hicimos el “Carnaval de invierno en Quilmes” con una jornada doble en el  QAC organizada en conjunto con la secretaría de cultura del club y el colectivo de murgas quilmeñas. Realizamos un montaje de trajes, galeras y estandartes que  fue  convocado mediante las redes sociales,  como solemos hacer para cada evento.  También realizamos una “Mesa de reflexión sobre el carnaval”  dedicada a charlar sobre las distintas normativas que hay que dentro de los ámbitos de CABA, GBA y a nivel nacional.




¿Qué nuevo proyecto tienen entre manos?

Ahora estamos trabajando en una investigación sobre la murga durante la última dictadura que esperamos poder reflejar en material audiovisual durante el 2020. 

¡Interesante proyecto! ¡Todo lo mejor para ustedes en esta etapa que comienza, Mariano!



lunes, febrero 11, 2019

Me llaman Kuka 
FUENTE: https://www.anred.org





En el conurbano se tejen historias especiales y es por eso que nos fuimos hasta Morón, para conocer a Kuka, una colectivera fuera de serie, que maneja el bondi con taco alto y minifalda. Kuka transita sus géneros de manera simple, reivindica su fluir entre su costado femenino y masculino. “Si tuviera que nacer de vuelta, ¿qué pregunta? No se puede volver a nacer, pero si existe la reencarnación, yo quisiera hacerlo en un cuerpo igual al que tengo y la vida que hice hacerla de nuevo. Me gusta mi parte femenina. ¡Me encanta! Pero tengo una partecita masculina que también me gusta”. Por ANRed | Imagen:  Germán Romeo Pena. 


¿Qué ves? ¿Que ves cuando me ves? (Divididos)
Algunas historias merecen ser contadas. Por eso nos cruzamos Buenos Aires para concurrir a la cita que habíamos pactado con Kuka. El día estaba gris, llovía y la esperamos en una pizzería en una esquina del centro de Morón. Detrás nuestro llegó al bar, y su presencia fue imposible no divisar. Tenía puesto un vestido floreado, los labios de rojo y caminaba sobre unos tacos altísimos que prolongaban sus largas piernas.
Habíamos acordado antes las preguntas que le haríamos. Nos interesaba consultarle sobre su autopercepción como travesti y que nos contara cómo es trabajar en un empleo tan masculino como manejar un colectivo. Sin embargo, Kuka te descoloca, porque en toda la entrevista jamás pronunció la palabra trans o travesti, y se refería a ella utilizando artículos en masculino. Porque no tiene ningún problema en transitar sus géneros con simpleza. Ella es Kuka y Rogelio, aunque más le gustaría llamarse Valeria, por su amor a la artista Valeria Lynch.
ANRed: Tenemos una sola pregunta
Kuka: ¿Nada más?
ANRed: Queremos que nos cuentes la historia de tu vida
Kuka: Para que te cuente la historia de mi vida nos tenemos que quedar a vivir aca 60 años.
El mozo nos trajo los cafecitos, play a la grabadora y el diálogo comenzo a fluir.
“Yo tuve madre y padre. Mi vieja murió en febrero del 2011 y mi papá el 25 de abril del 2015, el día que cumplía años. Yo la quise mucho a mi vieja, pero hubo algo muy importante en mi vida que fue mi viejo. Todo lo que sé de política lo aprendí de él. Mi viejo era zurdo. Era obrero de la carne y después tuvo su carnicería propia. Laburó hasta el cansancio, hasta matarse. Era un tano croto. Vivíamos en una casa muy humilde. Tuvo su carnicería propia en Laferrere y me dejó eso: la casa y el local. Tuve una hermana que murió unos meses antes que mi mamá, y con las otras dos hermanas no tengo buena relación: me abandonaron.
Quedé marcado por la muerte de mi papá. Tenía 88 años el día que murió y aunque pasaron tres años aún no lo pude superar. Tuve una infancia hasta los 12 años medio tristona porque me faltaba lo esencial, que gracias a Dios yo sí se lo puedo dar a mis hijos, que tienen más de 20 años y todavía los sigo mimando, malcriando, acariciando y besando.
Me casé en el 2006, pero estamos juntos desde el 96′. Cuando la conocía a ella, los chicos eran chicos y he sido padre y madre de los dos. Me hice cargo de ellos y nadie me obligó. Lo hice de corazón. Si yo me hago cargo de algo, lo hago de punta a punta. No te tiene que faltar nada, porque no te voy a traer a mi vida para verduguearte, para hacerte laburar, para no hacerte estudiar, para tenerte mal comido. Ellos tienen cada uno su piecita, su estufa, su televisión, su aire acondicionado.
Mi infancia fue dura por la pobreza. Cuando fui un pibe grande y tenía mas de veintipico de años, ya era colectivero. Mi viejo viajó conmigo y vos le veias la cara al tano, con una sonrisa de oreja a oreja: ¡mierda, mi hijo es colectivero! Era algo muy importante. Sin saber, ni él ni yo, que a la larga, pertenecer a una empresa tan importante como la 216 me iba a costar la vida por todo el daño físico que me ocasionó, típico del trabajo.
Me tira la sangre italiana, por el amor a mi viejo. Ahora tengo que guardar la compostura y tener una femeneidad que combine con lo que me pongo. Pero hasta los veintipico de años era terrible. Esa parte salvaje la heredé de mi papá. Mi vieja fue una mujer dura. Laburó cama adentro, por poca plata. Fuimos muy humildes hasta que mi papá pudo poner el local y ahí estuvimos mejor. Teníamos la casilla forradita, el piso de cemento y podíamos darnos gustos que antes no.
La primaria no la quería terminar, no quería seguir más. Después por presión de mis hermanas mayores que son abogadas, psicólogas, estudiosas, me obligaron a seguir, y llegué hasta tercer año del secundario, y no quise seguir. Pero desde chiquito mi papá me preguntaba: ‘¿qué vas a ser cuando seas grande?’. Yo respondía: ‘yo quiero ser colectivero’.
Mi papá me enseñó a manejar y al poco tiempo me regaló una bicicleta. Me la desarmó para que maneje la camioneta, porque la bicicleta ha sido una pasión de toda la vida. Aún lo sigue siendo. Ahora más que nunca, porque ya no quiero manejar más. Imginate que llevo 48 años manejando, toda mi vida. Tengo que reconocer que en otros tiempos donde no había tanto tránsito era hermoso para mi manejar. Yo me he llegado a ir a Entre Ríos sólo a los 13 años. Aprendí a manejar a los 12 años, en una Ford 60 motor 8 cilindros, Ford Global, no sé si la conocían, pero es un caño”.

Kuka habla pausado. Mientras cuenta su infancia vuelve al presente costantemente, recuerda anécdotas y casi siempre hace algún chiste sobre ella. Cuando le preguntamos en qué momento comenzó a aparecer Kuka, con su simpleza nos explicó, sin embrollos teóricos, cómo la identidad no es una peluca que se pone y se saca. Kuka no aparece de repente, Kuka estuvo siempre.
“Mi viejo siempre supo sobre mi. ¿Tienen hijos ustedes? Bueno, viste cuando vos sabés algo y te haces el boludo. Cuando el corazón manda… Manda.
De chico tuve mi piecita, que era una casilla aparte, porque mis hermanas no querían compartir nada conmigo. No querían que coma al lado de ellas. Cuando mis viejos no estaban comía afuera. Porque el que me permitía entrar a la casa era mi papá.
Mi mamá era dura conmigo. Teniendo 13 una vez me preguntó: ‘¿vos te estuviste depilando?’ Yo tenía un aspecto muy femenino a esa edad. Y empece a cambiar a los 18 años, a parecer hombrecito, porque la sociedad me exigía que trabaje como varón. ¿Quién me iba a dar trabajo a mi?
A los 13 años salía a las comparsas y como no tenía plata para comprar plumas, requechaba de gente amiga de las hermanas de amigos, zapatos de taco alto, algún lápiz de labio, para los ojos. En los basurales se encontraban muchos zapatos de mujer. Hoy no los encontrás. Yo frecuentaba lugares de Castelar, Ituzaingó, y en los basurales me encontraba zapatos casi nuevos. LLegué a tener 40 pares que los cuidaba y lustraba. Una vez entró mi vieja a la pieza y pensó que se iba a encontrar con un chiquero y no fue así.
Y vió todos los zapatos, y le expliqué que eran para la murga, que me disfrazaba. No lo tomó a mal.
Nunca me gustó tener secretos y menos secretos que no son delitos. Cuando quien es hoy mi pareja me conoció, la había abandonado el marido. La había dejado sola sin un mango con dos hijos chicos y yo me hice cargo al toque. Ella era clienta de mi papá, ahí la conocí. Y le conté la verdad sobre mi. Como les dije, no guardo secretos”.
ANRed: Si pudieras volver a nacer ¿quién elegirías ser?
“Si tuviera que nacer de vuelta, ¿que pregunta? No se puede volver a nacer, pero si existe la reencarnación yo quisera hacerlo en un cuerpo igual al que tengo y la vida que hice hacerla de nuevo. Me gusta mi parte femenina, ¡me encanta! pero tengo una partecita masculina que también me gusta. La casilla en la que viví durante mucho tiempo la armé yo a los 16 años. Es decir, sé hacer muchas cosas que si fuera una mujer no las podría hacer. Entonces gozo de mi parte de varón. Te puedo hacer una instalación eléctrica, puedo armar un motor. Tengo un Ford Taunus que lo compré desarmado y yo lo arreglé en el 98′. Una coupé roja y negra.
Mi aparición como Kuka en la empresa fue conflictiva, porque como mujer no me iban a dar trabajo nunca. Entonces me tuve que enfrascar en este trabajo, que aclaro, hasta lo 15 0 20 años de laburo me gustó. Después de esos años el tráfico se incrementó, la cantidad de gente que viaja, la presión de la empresa, la presión de la calle y me fui gastando. Llegué a mi límite, pero antes era lindo manejar. Yo viví del volante durante muchos años y siempre digo lo mismo: gracias a mi viejo, porque no sé qué hubiera sido sino no hubiese sabido manejar.
Les cuento una anécdota graciosa. Manejé en un ramal de Laferrere a Pompeya. Iba por la Ricchieri, que pasan muchos camiones, que agarran Perito Moreno y luego autopista. En una, cuando arranca el tránsito, yo le toco bocina al camión y lo cierro, y el chabón arranca y tiene que clavar los frenos. A un camionero lo peor que le podés hacer. No le toques el camión porque te mata. Lo veo que se baja, con un garrote. Yo cuando vi que el chabón me atravesó el camión, salgo del volante, agarro la cartera y me siento en el primer asiento, me cruzo de piernas. Sube el tipo con semejante garrote, barbudo, un lomazo y me pregunta: ‘¿y el chofer?’. Y le digo: “mire, agarró un revólver y bajó’. El tipo no entendía nada. Yo manejo así vestida el bondi, con vestido.
A partir del 2006 decidí no cambiarme más. Un día caí así como estoy ahora y el inspector de control me dice: ‘mire Pistone, no le puedo dar el servicio así’. ‘Yo le voy a explicar una cosa’, le dije, ‘usted es inspector de control y yo chofer. Usted tiene un trabajo medio duro, de ortiba, de buchón de la empresa, pero para mi es un compañero porque es un asalariado igual que yo. Le explico de qué se trata esto. Usted no me da el servicio a mi y me voy al INADI. ¿Sabe lo que es el INADI? Bueno, lo mando en cana y cuento que me discriminó, y no me dió el servicio por vestirme de mujer. Entonces, como la empresa no quiere problemas, se abre de gambas y al que lo van a mandar al frente es a usted. Tome la decisión que quiera, yo le aviso como es’. Y me dejó salir.
Nunca hice el cambio de identidad en el DNI, pero lo haré una vez que me jubile. Porque por ahora el chofer es Rogelio Pistone. Valeria Yanet, que es el nombre que me voy a poner, no la conoce nadie. Valeria por Valeria Lynch, que la amo. Me da miedo por el laburo cambiar el nombre, que al tener el femenino me digan: ‘a esta persona no la conocemos’. Según mi hija, me dice que no pueden hacerme eso, pero yo prefiero no jugármela.”
A Kuka le encanta hablar de su trabajo y de mecánica. Es fierrera y trajo su álbum de fotos para mostrar las réplicas de autos, trenes y aviones que hace en maquetas. Cuando le preguntamos su relación con la empresa, sus compañeros y los pasajeros, cuenta que es muy buena, pero siempre aclarando que se hace respetar.
“En la empresa me hacen chistes los compañeros, pero no me afecta. Nunca me importó. De hecho, me cargo yo mismo. Una vez escuché a Landrisina decir: ‘solo los grandes de alma y sanos de espíritu saben reirse de sí mismos’. Y eso me quedó grabado. Todos los días me saco fotos con mis compañeros y después las subo a Facebook y les pongo el bocadillo de humor. Ellos me lo piden: ‘¡Kuka subila al Facebook!’
Soy una persona que me pongo en la piel de todos. Yo cuando me subo al colectivo, ¡mirá! Sólo el empresario no me quiere, pero me quieren mis compañeros, me quieren los pasajeros, los mecánicos, los chapistas, los pintores, los electricistas, hasta los que barren el baño. Sólo los empresarios no me quieren, y eso no me importa, porque ellos no quieren a nadie.
Hay una cosa que me enternece mucho de la gente que viaja conmigo. Vos podes ser un ogro, pero te sentaste en el primer asiento, pusiste tu bolso sobre tus piernas, y yo vengo por autopista y la gente se duerme como un angelito. Eso quiere decir que estas confiando en mi. Te dormiste porque confiás en mi. Me llena de orgullo como profesional del volante que soy.”

Kuka es una anónima más, que habita en el conurbano. Que trabaja, sostiene económicamente una familia, que tiene sueños y deseos, pero con la peculiaridad de romper con la normatividad binaria, y con su sola presencia, sin más esfuerzo que su existir, nos ayuda a compreder la variabilidad de la diferencia, porque como dice Susy Shock: “que otrxs sean lo normal”.