viernes, julio 27, 2007






Se cumplen este 2007 diez años de la desaparición fisica de Carlos Campelo, psicólogo, sanitarista, maestro y visionario del trabajo barrial comunitario. Aquí algunos de sus textos.




El Fuego Continúa*

Porque eso no es todo, esto lo escribo para los que van tras de un ideal. Porque siempre existen imaginarios campeones de una tierra prometida. Delincuentes y marginales que tripulan las tres permanentes carabelas que van hasta el más allá del horizonte posible.
Quienes, aún pese a su posible decepción, alzan la propia credulidad, que otros calificaron de estéril, y se prestan al juego de una conducción en el desierto, sin nada más que una promesa a sus esperanzas. Sombras detrás del Santo Grial en este trámite de perseguir ilusiones.
Mientras esté viva la ilusión alguien tomará la posta que sostiene una empresa por su pura imaginación, la del que sabe que el mundo es otra cosa que esos pedazos de pan, de carne, de moneda. Algo más que esa historia llena de sonidos y de furia, contada por un idiota.
Para todos esos hombres y mujeres que sin otro motivo van detrás de esa estrella, esta historia que es pura verdad pero que es un cuento:


Las fogatas de San Pedro y San Pablo. 29 de Junio de 1979. Años de plomo. En casa de Vida, como casi todos los 29, nos reunimos por ese asunto de los ñoquis, un motivo como cualquier otro para reunirse. Esta vez llegué mucho más tarde y armé, como una justificación de circunstancias, una situación insustancial: las fogatas de San Pedro y San Pablo eran el inventado motivo de mi demora. La escena no exigía credibilidad al pretexto. En realidad ni pretexto exigía. De ese modo y con esa fábula conseguí acaparar durante unos minutos la atención de la gente, uno de esos juegos de mi agrado en que suele irse cualquier reunión de amigos y allegados. La conversación giró entonces en torno a la supervivencia de aquella vieja costumbre en los barrios de nuestra ciudad, nuestra niñez en ella, ahora tan de muerte.
Pulseada de palabras: fogatas sí, fogatas no. Inventé un dato contundente: Hay una, de ella vengo, en Strangford y Miralla.
Era de pura broma y era muy poco probable que alguien de esa reunión conociera esa esquina, algo corrida de nuestro mapa, en Villa Lugano, entrando justo en la zona del desconocimiento y la mera imaginación urbana. Strangford era una calle probable y Miralla era rotundamente real. El cruce de ambas un lugar posible y ambiguo. Nadie diría más nada pensé.
Que si era cierto, que si era pura palabra. Fantasía. Mentira, dijeron algunos desubicados, descaradamente, sin tacto. Y los ñoquis yendo hacia el fin y alguien, quizás yo, que desafía: Vayamos a ver si quieren... como argumento final y rotundo que demostraba, por vía de la prepotencia, la existencia de fogatas de San Pedro y San Pablo.
La defensa de ese argumento, como corresponde, estaba a mi cargo. Una voz toma el desafío y propone el paseo- o la expedición, o la cruzada – y hacia allá vamos. Yo sonriendo y ganador, es tan lejos Strangford y Miralla que desistiremos enseguida de la bravata, pensé allí mismo ante las puertas de los cuatro autos.
Quince somos o diez y seis quizás. Y subimos a los autos y entonces pienso que el paseo es posible y en tal creencia reitero la existencia de una fogata consumiéndose en aquellos inaccesibles arrabales.
El juego es simpático, divertido, lleno de bromas, incredulidades, ocurrencias y esperanzas. Aunque yo mismo no lo crea estamos subiendo a la Autopista Ricchieri y en camino hacia aquel oscuro sur. Ya una villa y otra villa amontonan aún más el camino y aumenta el frío, lleno como está de humedad y terror. Y nosotros protegiéndonos precariamente de todo ese morir con esta frágil nube de jarana, con esta amarilla sensación de fiesta en medio de los plomos, tan mezquinos como cuando la felicidad es nuestra pasajera dueña.
Ya estamos en Lugano y la broma no desiste y bajan los autos de la autopista y merodeamos el barrio hasta la fantástica esquina y allí la realidad y el fin del juego.
Esta es la esquina, dije. Strangford y Miralla, el aborrecido barro, la inconcebible soledad, la muerte disfrazada de familias que duermen. Somos fantasmas de un film de Wajda, mañana lo sabré. No hay fogata. Aquí acaba la aventura. Ganaron los que negaban la existencia de las fogatas. Ellos ganaron.
Pero hasta aquí gané yo, me digo satisfecho. El grupo allí reunido, sombras detrás del Santo Grial, imaginarios campeones de una tierra otra vez prometida, delincuentes y marginales que tripulan las tres permanentes carabelas que van hasta el más allá del horizonte posible, hombres de buena voluntad que quieren habitar alguna tierra que los quiera, si la hubiera, era aún en su posible decepción, una muestra de hasta dónde me era posible un ejercicio de conducción en el desierto, sin nada más que una promesa enunciada por mi voz.
Algunos, los pobres, llegaron a mortificarse en este trámite de perseguir ilusiones. Y a despreciarse la propia credulidad que calificaron de estéril. Los entiendo. Algunas quejas por mi función de mentiroso guía y mi derrota ofrecida como carne a los chacales. No iba a darles tan fácilmente esta capacidad mía de moverlos a todos ellos, desde los amodorrados ñoquis hasta las fogatas sin fuego de ese inconcebible barrio de penas,
de latas, de fracasos. En esa inesperada hora de la madrugada, nosotros mismos, llamas.
Preferí entregar mi fingida derrota. Para mí, en cambio, me guardé la contrafigura del héroe, la del que sostiene una empresa por su pura imaginación, la del que sabe que el mundo es otra cosa que esos pedazos de pan, de carne, de moneda, algo más que esa historia llena de sonidos y de furia contada por un idiota.
La fogata inventada caída a pedazos y como el hielo, la credulidad gratuita de la gente, se deshacía. En el fin, al fin de esta historia, oigo la voz de Vida que dice, y no es fingido porque ella sí la ve. Hay fogatas. Entonces sí, la epopeya.
Hombres y mujeres sin otro motivo van detrás de ella. Y yo los sigo.
No daba órdenes, más bien parecía recibirlas. Subió a su auto y nosotros con ella. Todo era ahora más firme, más laboral, menos palabras y retruécanos. Ella creía y los llevaba a ellos a la victoria, que es una quimera. Es un modo de decir, yo ya empezaba a estar afuera de algo.
Así anduvimos, desde la altura exploradora e imperial de la autopista, puro tristeza, cemento y fierro, durante un tiempo a derecha e izquierda más miradas, todos vigías ahora, menos yo que no creía, que había consumido mi capacidad en la empresa de ir y de llevarlos y esto era ya el regreso, modos de ese volver a casa antes de que den las diez.
Son muchos los que necesitan volver y muchos los que vuelven fingiéndose que van, pensé. Mi ser es de sólo ir, me dije buscando una tranquilidad que no llegó.
- Allí, dijo u ordenó. Era más una voluntad de creer que algo de pura evidencia. Vida señaló hacia la izquierda, un humo y algunas cenizas. Era otra tristeza el lugar, ahora pavimentado y de compactas casitas bajas. Flores, podía ser el barrio. Los autos rodaron hacia esa posibilidad, hacia ese deseo. Bajamos. Triunfal, íntima, alta, más rubia que ninguna otra vez, Vida miraba la fogata, la suya. Se llevó la mano al cuello y cerró un poco su abrigo, como Zully Moreno, como tanta Ava Gardner. Miraba con intensidad los pobretones restos de una misérrima fogata sobre el asfalto insensible. La fogata, dijo.
No dijo más. La voz decía que ahora ella empezaba a descansar. Había dado a luz, o a llama.
Era tiempo ahora de volver sobre sí misma. Todos creyeron menos yo, que había creído o que creía otra cosa. Yo sólo veía los restos de una quema de basura, en una indeterminada esquina de Flores al sur.
Es una fogata de San Pedro y San Pablo, dijo Vida para aventar las ideas que ella sabía que me ocupaban. Señaló hacia los cables de luz y de una zapatilla que colgaba dijo: Esa es una prueba. Cuando hacíamos las fogatas de San Pedro y San Pablo, colgábamos zapatillas de los cables. Negué con mi pensamiento sus palabras, pero no dije que no. Ella era la madre.
En toda ilusión, como con cada hijo, aprendía que es necesario un hombre que lo proponga y una mujer que lo realice. Lo de los sexos es un modo de decir.
Y ahora cuento esta historia que es pura verdad, pero es un cuento. Y recuerdo aquella fogata que propuse una noche agrisada de junio del 79, mientas otros morían o eran muertos en pozos de maldades, que era un cuento pero es pura verdad. Y entonces me digo: Poco de esta historia no fue cierto. Casi nada. El fuego continúa...


*Fundación. Un amigo le había dicho a Carlos Campelo que el nacimiento de una nación comenzaba con un hombre gritando en medio del desierto.
Carlos imaginaba a ese hombre gritando: ¡Es acá! ¡Es acá!
Y una noche soñó que él iba corriendo, llegaba al Hall Central del Hospital Pirovano y ponía una bandera diciendo es acá. Actas del fundador a propósito de su aventura.

jueves, julio 26, 2007

Fe, fidelidad, confianza*
Carlos Campelo


Me produce malestar la frasecita “ la confianza mata al hombre”, porque de verdad creo que es la falta de confianza lo que lo mata.
La fe es el núcleo simbólico y etimológico de fidelidad y de confianza.(De fides, en latín : fe, confianza, crédito, buena fe, promesa, palabra dada). Ambas dependen del sujeto. Quiero decir que tanto en la fidelidad como en la confianza hay un acto fundante de fe. El acto de fe, a diferencia del acto de conocimiento, en cualquiera de sus formas, es un acto propositivo del sujeto, anterior a la constatación empírica del objeto y, en cierto modo, prescindente de sus características. El acto de fe es un modo fundacional de prometer una determinada calidad del ser del sujeto para con ese objeto. En esa promesa se lanzan hacia el futuro del sujeto y del objeto, y del vínculo entre ambos, líneas ontológicas de constitución de uno y de otro, y del lazo que se constituyen.
En el acto de fe, el hombre constituye al objeto de su fe. Con su acto, le asigna una dimensión antes desconocida para sí mismo, y para el propio receptor de la fe del sujeto. Me viene a la memoria un viejo cuento de María Elena Walsh, Angelito, con que solía entretener a mis hijos sin sospechar que con él iniciaba en este hermoso oficio de saber que no estamos solos, aunque la esperanza nos abandone a veces.
El tema de la confianza me devuelve a otro hermoso recuerdo : la pieza de Carlos Gorostiza, El bombero o Hay que apagar el fuego , que desde 1982, en Teatro Abierto, me ayuda a sostener mi propio modo de vivir.
Cayetano, bombero, llega a su casa antes de hora y con algunos accidentes derivados de su llegada imprevista para Libertad, su mujer, y para Pascual, su mejor amigo, consigue contar el accidente que sufrió esa tarde (una bagatela, gajes del oficio). Cuenta también la promoción que obtuvo por ello en el cuerpo de bomberos que integra, y hasta llega a venderle algunas rifas (bastantes) a Pascual para comprar la nueva autobomba. Mientras, Libertad teme, tiembla, recela, grita, llora, se enoja, se amiga con él, lo abraza. Pascual teme, tiembla, tartamudea, intenta burlarse, queda afuera de la situación amorosa, se viste, se va a la carnicería de la que es dueño, al desierto de Dios, allí donde la carne ha perdido el sentido propio. La escena final de la pieza se constituye sobre la imagen de La Pietá , Cayetano, en el lugar de la virgen, y Libertad sobre su regazo, como Cristo yacente. La obrita (un acto), que es un esquicio cómico, tiene un dispositivo narrativo gracias al cual el público ve (¿dónde está lo que vemos, cuándo lo vemos ?) otra escena : Cayetano, con su sorpresiva llegada encuentra a Libertad y a Pascual en una comprometida situación sexual, escena que Cayetano no ve, o finge no ver, mientras insiste en relatar un incidente banal sufrido en el último incendio. El público espera, añora, desea, impone una reacción violenta de Caye, la “reivindicación de su honor injuriado”, “el repudio de una amistad que lo agravia”, “la defensa de su hombría herida”. Contrariamente a lo que el público le pide desde ese infame (sin fama) imaginario colectivo, Caye “no ve” el adulterio de Libertad ni el daño de esa amistad de Pascual, e insiste en relatar el anodino (para muchos, no para todos), pequeño accidente de su menester de bombero. Para mí, ese episodio es una epopeya. En ese relato, Cayetano enuncia su ética matrimonial. La infidelidad de Libertad no interrumpe su propia voluntad matrimonial, ni su matrimonio, del cual el episodio es un doloroso accidente, no su transformación sustancial. El público se deja vencer mayoritariamente por su propia debilidad e imagina un Cayetano tonto, imbécil, banal, o cualquier otra variante de la incapacidad o la carencia. (Perdónalos, Cayetano, no saben lo que hacen. O lo que es lo mismo, lo que hacen, no lo saben. Carecen de ángel.) Desde este punto de vista, es el público el que no puede ver. Digo ver como cuando el que ve es Tiresias, que es ciego, pero sabe. Al público, un sujeto de mirada débil, lo deslumbra los acontecimientos, los actos vacíos de sujeto, las acciones sin deseo de ser, de permanecer. Prefiere identificarse con la versión de Pascual (que no es la misma de Libertad), y que es tan diferente de la de Cayetano, que no se opone a ninguna. El público ignorante, no puede ascender al nivel en que Cayetano es un sabio, por su propia convivencia y la de sus prójimos (próximos) . La crítica del momento de su estreno coincidió en hablar del “cornudo de Cayetano”. Excepto García Olivieri, que dijo : Se trata de un viejo sabio, que sabe lo que quiere, y lo que hace”.
“El bombero” es un vía crucis a través del cual y por la prepotencia de su propia confianza, el protagonista –nunca mejor usado este nombre– hace su matrimonio con Libertad, consigue lo que el quiere. Organiza un mundo a partir de su deseo. Como el payaso de Noche de circo , de I . Bergman, que es el que tiene alguna idea de vocación matrimonial en ese film de desanimados, desolados y perdidos.
Cayetano es visionario de su propio deseo. Un alucinado, dirían los desangelados. Pero, ¿cómo es posible llamar así a los que, mirando a su interior, logran ver su propia realidad deseada, su proyecto, su voluntad pre-potenciada echa su destino ?.
Imagino a los propios colonos sionistas frente al desierto ingrato de Israel, pero viendo, pudiendo ver la Tierra prometida, la promesa de la Tierra, un lugar en donde poder ser nación, aunque frente a sus ojos no hubiera nada más que las piedras desnudas y la mano que habría de trabajarla.
Así vista, la opción de Cayetano es heroica. Suprahumana. Quiero decir es de lo superior del hombre, que en Cayetano es su voluntad matrimonial con Libertad (su Libertad).
Nuestra cultura urbana denigra la confianza, la fidelidad, la lealtad y el matrimonio, como a las suegras, los berretines, las creencias y el chamamé. Pero no es justo, ni respeta nuestras íntimas, modestas preferencias personales.
Me parece que debo aclarar. La confianza no es una mera función pasiva de espera de un cierto modo de comportarse del otro, el destinatario de la confianza.
La fe, sustrato epistemológico de la confianza y de la fidelidad, es una aptitud excepcional del sujeto cognoscente, y no una dádiva graciosa con que el sujeto puede reconocer al objeto si este lo merece. La fe no es el reconocimiento de una virtud en el objeto, sino una aptitud del sujeto que paternaliza o patrocina la emergencia de un correlato fáctico en el ser que se tiene fe. Los seres humanos somos seres haciéndose, y en este hacernos, nos hacemos unos con otros, recíprocamente.
Este trabajo lo podemos hacer todos juntos, ahora, como cantan Los Beatles, o cada uno por su cuenta, como si fuéramos polvo, nada. Los cuentapropistas de la salvación pueden prescindir de la fe, y en el mejor de los casos, pueden obtener un cielo privado, que tiene el mismo aspecto que el desierto.
*(Fragmento)

Nota publicada en la Revista Uno Mismo a principio de los años noventa.

UTOPÍA: ESE LUGAR NO EXISTE*
Carlos Campelo

El horizonte es más amplio cuanto más alto está el vigía.

Los hombres, de distintas maneras, han deseado, han imaginado, y hasta han creído que había una utopía. Algunos la afirmaron, aunque se negaban a sí mismos la posibilidad de llegar a ella. Aunque nosotros no lo veamos, la verán nuestros hijos, o los hijos de nuestros hi­jos. Otros, en cambio, llegaron a ella sin reconocerla. De éstos, algunos fueron felices, y aunque otros no reconocieron que bajo sus pies estaba la Tierra prometida, y que lo que ellos comían eran los frutos prometidos del Paraíso, su felicidad era su sabiduría. Y la gratitud con la que devolvieron en trabajo y amor los bienes que esa Tierra les daba, hizo real el reino, creó un orden, dio a luz un sentido y rescató a sus cuerpos del desierto, de la necesidad, del vacío y de la muerte.
Entre los que llegaron a la Utopía, están también los que no fueron felices.
La mesa estuvo llena de manjares y ellos a su vera, inertes, hambrientos, sin apetito alguno que los pudiera saciar, sin un bocado que les fuera propio, por la propiedad que da el deseo. Al­guna vez habrá que hablar de cómo el hombre supo negar la Utopía, ese lugar que algunos creen que no existe.
Entre los que no llegaron están los que veían allá, en el horizonte, alguna señal, real o iluso­ria, de la Tierra Prometida. Y están los que no veían esa señal. Creo que debo decir mejor: están los que vemos en el horizonte alguna señal, real o ilusoria y están los que no vemos esa señal.
Los que no vemos esa señal, como los que estamos en Utopía sin reconocerlo (quiero decir sin ser felices) creemos que el horizonte es un asunto de geografía. No podemos ni siquiera imagi­nar que "el horizonte está en los ojos". (A. Ganivet) Esta frase me la enseñó Blanca Cotta en una receta de cocina. Es una maestra; enseña los domingos como si diera misa.
Los que afirmamos la existencia de esa tierra aunque no la veamos, los que sabemos de Utopía por nuestra felicidad, por nuestra plenitud (que es un estado de alma, y no sólo de nuestros estómagos, nuestros bolsillos o nuestras mentes), los que afirmamos por pequeñas señales, por vehementes deseos, por prepotencia del trabajo (Scalabrini Ortiz), por nuestra voluntad de creer, de crear, de procrear, de recrear que ese lugar existe, instalamos con esa afirmación nuestro des­tino. Nos ubicamos por encima del caos, y alcanzamos a mirar el mundo como si fuéramos Dios, que lo somos. El horizonte está más amplio cuanto más alto está el vigía.
A veces, perdidos en la bodega de la nave, ahítos de pan y de vino, o aún hambrientos y se­dientos, habremos de afirmar que la tierra sin mal no existe. Y también será verdad: en nuestros cuerpos, en nuestras almas, en nuestras acciones no existe la Utopía, cuando nuestra voz dice que la Utopía no existe.
Porque Utopía quiere decir (u) no, (topía) lugar, pero bien puede querer decir (eu) el mejor (topía) lugar, el mejor lugar. Cuando Tomás Moro la inventó (1516) seguro que lo quiso así. Por eso es santo.
Luis Gonzaga, Gonzaginha, un cantautor brasileño, dice en Es lo que es: "Eu sei que a vida debería ser ben melhor e será, mas isto nao impede que eu repita: é bonita, é bonita e é bonita¨.
*publicada por primera vez en la revista Uno Mismo en Buenos Aires a principio de los años noventa. (Fragmento)

lunes, julio 23, 2007

lunes, julio 16, 2007

EL ATAJO - LA BATALLA DE LA BIBLIOTECA NACIONAL
Esta es una aventura apócrifa de El Eternauta que transcurre en la Biblioteca Nacional. El guión es de Juan Sasturain y los dibujos de Francisco Solano López. (2007)
Fuente:
http://www.pagina12.com.ar/ (Radar)
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El Eternauta

domingo, julio 15, 2007

"Nevada Mortal en Buenos Aires" - El Eternauta
"El héroe verdadero (...) es un héroe colectivo, un grupo humano. (...) El único héroe válido es el héroe "en grupo", nunca el héroe individual, el héroe solo" Oesterheld - Solano López - 1957




A 30 años del secuestro y muerte de Héctor Germán Oesterheld y 50 de la publicación de El Eternauta sostiene Horacio González durante la Muestra de Homenaje organizada en la Biblioteca Nacional: "... El Eternauta recorre el cuerpo dramático del país. Ese mismo nombre y con esa misma efigie, con su buzo; ese uniforme absurdo, esas armas absurdas. De algún modo, esa idea de guerra absurda, como si hubiera alguna que no lo fuera, pero al mismo tiempo como si hubiera alguna en el mundo en la que no tuviéramos algo que ver. Son ideas absolutamente profundas. Y me da la impresión que Oesterheld ni percibió hasta que punto exploraba una capa inferior muy difícil de expresar y quizás muchas novelas de la época no atinaban a expresar lo que expresaba esta gran historieta..." "¿Quiénes eran sus receptores naturales?, se pregunta Juan Sasturain: "Los pibes, los iletrados, los que apenas leían ante el escándalo de las maestras (...) Y lo increíble, lo notable es que ese texto haya parado a donde vino a parar..."








Editorial de Topia Revista Nro. 2 - Noviembre 1997
El Eternauta : una metáfora actual
Por Enrique Carpintero

Este año se cumplen cuarenta años de El Eternauta y veinte años que su autor -Hector German Oesterheld- fue detenido y desaparecido por la dictadura militar. El presente editorial es un homenaje para aquel con quién encontré el destino del placer por la lectura de los grandes relatos.
La primera versión de El Eternauta se comienza a publicar en fascículos semanales en 1957. Durante cien semanas H. G. Oesterheld mantiene al público en suspenso a través de esta historia dibujada por Solano López. Una segunda versión dibujada por Alberto Breccia es publicada por la revista Gente en 1969. Aquí el argumento es más trabajado conceptualmente y define posiciones más comprometidas, a tono con el cambio político de su autor. El ganar en un mayor posicionamiento con la realidad política le hace perder un sentido metafórico, presente -como analizaré más adelante- en la primera versión. Paradójicamente los dibujos de Alberto Breccia pierden esa verosimilitud, que le había dado Solano López, para iniciar una búsqueda de experimentación plástica que produce un hermético lirismo. Tanto el guión como los dibujos no conforman al editor -recordemos la revista Gente- y al público lector que envían cartas para suspender su publicación. Esta debe ser terminada de apuro por H. G. Oesterheld.
En 1970 realiza el guión de una historieta denominada La guerra de los Antartes dibujada por León Napo. La misma narra la invasión extraterrestre a Sudamérica realizada desde la Antártida. Fue publicada por primera vez en la revista Dosmiluno. Luego hubo una segunda versión, dibujada por Gustavo Trillo, que apareció como tira diaria en el diario Noticias durante 1973. La mención de está historieta es por que se la suele confundir con la segunda parte de El Eternauta, aunque en realidad es un guión diferente.
La segunda parte la realiza a pedido de ediciones Record en 1978 y, nuevamente, es dibujada por Solano López. La historieta fue terminada por otro guionista ya que Oesterheld es detenido y desaparecido con sus cuatro hijas por la dictadura militar.
La nevada mortal
Las precisiones anteriores son importantes en función de algunas conclusiones que iré desarrollando. Brevemente recordemos el guión. Una noche, a la madrugada, un guionista de historietas está trabajando en su escritorio. De pronto, delante de él, cruje una silla vacía. Sobre ella se corporiza un hombre que dice llamarse el Eternauta. En realidad se llama Juan Salvo y ese nombre, el Eternauta, se lo han dado en un lejano mundo, durante un lejano tiempo. El aparecido ve sin sorpresa que está en la tierra y pide al guionista que lo ayude. Pero antes le cuenta su historia. La misma comienza en una casa y en un barrio parecido al del guionista que vive en los suburbios del Gran Buenos Aires. Cuatro amigos juegan al truco : Juan Salvo, el dueño de casa y de una pequeña empresa de transformadores, Favelli, el profesor de la facultad de Ingeniería, Lucas empleado bancario y Polsky jubilado y fabricante de violines. Comenta Juan que todos estaban "separados del mundo como si el chalecito fuera una isla. Una isla a la que apenas si llegaban los ruidos de la avenida cercana..."
De imprevisto se corta la luz y comienza la historia de este grupo humano. Afuera de la casa la gente se muere al ser tocada por una especie de nieve fosforescente. Si la nieve no toca, no mata. Por eso sobreviven ellos y unos pocos más. Se trata de una invasión extraterrestre. Esta es llevada a cabo por sometidos. Los amos son los Ellos que durante toda la historia nunca se ven. Para la invasión utilizan a seres de otros planetas que manejan a través de teledirectores. Estos son los Cascarudos, los Gurbos, los Hombres-robots y los Manos, seres muy inteligentes y sensibles que los Ellos dominan al colocarles cuando nacen una glándula de la muerte. Cuando tienen miedo esta glándula se activa y genera un veneno que los destruye. De esta manera los Manos no pueden traicionar a sus amos. Si lo hacen, el miedo que este hecho les produce, los mata. La nevada va matando a los porteños. Se suceden historias memorables como el combate en la General Paz, el combate en la cancha de River y el momento en que el Mano muere, añorando la belleza de su planeta, mientras canta una dulce canción. Finalmente quedan Juan, su esposa Elena, su hija Martita y un pequeño grupo de amigos. Todos tratan de llegar a una zona de seguridad, que en realidad es una trampa para eliminarlos. El Eternauta y su familia se salvan al introducirse en un extraño aparato que los proyecta al espacio-tiempo. Pero Juan Salvo pierde a su familia por un error en la máquina y así inicia su busqueda por el tiempo y el espacio. De esta manera llega a la silla que está delante del guionista. El desenlace anuncia una historia circular, pues Juan encuentra a su familia en una casa vecina al guionista. En el camino se le cruzan sus tres amigos que van a jugar al truco a su casa. Anunciando, de esta manera, la inminente destrucción del planeta.
La necesidad de una ética de la solidaridad
La multiplicidad de metáforas que plantea este relato me llevaría a un extenso desarrollo. Para comenzar nada mejor que leer lo que dice el propio Oesterheld : "Siempre me fascino la idea de un Robinson Crusoe...El Eternauta, inicialmente, fue mi versión del Robinson. La soledad del hombre, rodeado, pero, no ya por el mar sino por la muerte. Tampoco el hombre solo de Robinson, sino el hombre con familia, con amigos. Por eso la partida de truco, por eso la pequeña familia que duerme en el chalet de Vicente López, ajena a la invasión que le viene. Ese fue el planteo. Lo demás...lo demás creció solo, como crece solo, creemos la vida de cada día...Aparecieron situaciones y personajes que ni soñé al principio. Como el "mano" y su muerte. O como el combate en River Plate. O como Franco, el tornero, que termina siendo más héroe que ninguno de los que iniciaron la historia...Ahora que lo pienso, se me ocurre que quizás por esta falta de héroe central, El Eternauta es una de mis historias que recuerdo con más placer. El héroe verdadero de El Eternauta es un Héroe colectivo, un grupo humano. Refleja así, aunque sin intención previa, mi sentir intimo : el único héroe válido es el héroe "en grupo", nunca el héroe individual, el héroe solo".
Es necesario recordar que Freud en El Malestar en la cultura plantea que toda cultura está atravesada por un malestar que es propio de la condición pulsional del sujeto humano : la muerte como pulsión. Finaliza esta obra preguntándose si el ser humano podrá dominar la humana pulsión de agresión y autoaniquilamiento. Si el Eros triunfará sobre la pulsión de muerte. Muchos años después y habiendo pasado Auschwitz, Hiroshima, Nagasaky y los gulag Stalinistas, Oesterheld, intenta dar una respuesta a los horrores cometidos por el hombre : la necesidad de una ética de la solidaridad. En la visión típica de los autores de ciencia ficción de fines de la década del cincuenta -plena época que se conoce como "la guerra fría"- la catástrofe del planeta va a venir de afuera, del otro desconocido. Los extraterrestres aparecen como los malos de una historia en una característica proyección de colocar en el otro, lo siniestro de nuestra condición pulsional. Oesterheld, brillantemente, rompe con esta perspectiva al transformar a los Ellos en seres irrepresentables y por lo tanto representantes del odio universal. El sujeto queda sometido a los Ellos -¿deberíamos decir el Ello?- en el aislamiento, el miedo, el narcisismo, en definitiva transformándose en un Hombre-robot. En Oesterheld el Eros está representado por un sentimiento de solidaridad universal. Una metáfora de estos tiemposEn el análisis de la obra se pueden observar tres momentos claramente diferenciados.El primero comienza con la nevada mortífera donde el grupo humano está rodeado de muerte y la ley que impera es el "sálvese quién pueda". La única manera de sobrevivir es afianzando los lazos de solidaridad. Las características de funcionamiento del grupo permiten dar cuenta que el yo es con los otros y la diferencia es por temperamento y capacidad. El segundo momento se inicia cuando se encuentran con los soldados sobrevivientes y se organiza la resistencia contra el invasor. La lucha contra el enemigo común posibilita unir a todos lo humanos. Esta unión con el ejercito, que inicialmente es vista con alegría, rápidamente troca en una permanente desconfianza por parte de Juan, al darse cuenta que los civiles son utilizados como vanguardia para ser los primeros aniquilados. Aún más, el desastre final es debido a que el Mayor del ejercito no tiene en cuenta las advertencia de Favelli -el intelectual- y conduce a los soldados a una trampa fatal donde los únicos que se salvan son algunos civiles. En esta parte de la historieta se describen las características del invasor. Los Ellos son los amos representantes del "odio cósmico", de la muerte y la esclavitud. De esta manera se transforman en una metáfora del poder y encarnación de miedos profundos del hombre. Los Ellos dominan a los Manos a través de la glándula del miedo. Estos a su vez controlan con teledirectores a los Cascarudos, los Gurbos y los Hombres-robots. Es así como se establece una brillante metáfora del sistema de dominación.Luego de la aniquilación quedan como sobrevivientes un grupo paradigmático : Juan y su familia, Favelli el profesor, Mosca el historiador, Pablo un joven de 11 años y Franco el obrero, verdadero héroe de la historia. Aquí comienza el tercer y último momento de la historieta donde el hombre se vuelve lobo del hombre. Afianzar los lazos de solidaridad es una constante que lleva al grupo a sacrificarse para que se salve Juan y su familia. El error de la máquina lo lleva a Juan a separarse de su familia y recorrer el espacio-tiempo en su búsqueda permanente. En este recorrido se encuentra con un viejo filosofo Mano que expresa la ideología de la historieta : "En el universo hay muchas especies inteligentes...algunas más, otras menos inteligentes que la especie humana. Todas tienen algo en común : el espíritu. Así como hay entre los hombres, por sobre los sentimientos de familia o patria un sentimiento de solidaridad hacia los demás seres humanos, descubrirás que existe entre todos los seres solidaridad, un apego a todo lo que sea espíritu, que une a los marcianos con los terrestres..." Esta concepción que denominaría de un humanismo universal plantea la solidaridad basada en una ética del respeto de las diferencias. Por ello -debería decir los Ellos- la circularidad de la obra plantea una búsqueda permanente -que llega hasta nuestra época- de una salida en el afianzamiento de los lazos de solidaridad ; caso contrario nos invadirá la muerte, la soledad, el miedo que nos destruye, en suma el sometimiento.
De esta manera al analizar esta obra, querer reducirla a una lectura política de un período histórico -las décadas de los 60 y los 70-, sería minimizar la dimensión de un planteo más profundo. La versión de 1969 -de la revista Gente- y la segunda parte se ajustan perfectamente a una versión antiimperialista que -a mi entender- degradan y simplifican el logro de Oesterheld. En la primera parte pudo mostrar desde una dimensión propia de esta región del planeta, problemas que nos lleva a la actualidad de la metáfora de El Eternauta : la invasión del poder no está en los otros sino en nosotros, en tanto partícipes de una cultura del mal-estar que no respeta fronteras. Su universalidad -actualmente se denomina globalización- lleva a la miseria, el abandono, la discriminación, la exclusión y la muerte de millones de seres humanos poniendo en peligro la habitabilidad del planeta.El permanente retorno de El Eternauta -también en sucesivas ediciones que se agotan- nos invita a creer que es posible un futuro diferente. Para lograrlo, nada mejor que recordar una frase de Juan Salvo en un momento de la historia : "Ahora no es tiempo de odiar, es tiempo de luchar".





Fuentes y más Eternauta en:
http://www.hablandodelasunto.com.ar
http://www.eleternauta.com/
http://www.historieteca.com.ar/Eternauta/eternauta.htm
http://www.portalcomic.com/columnas/continum4/continum4_txt/continum4_00.html
http://www.elortiba.org/etern.html

jueves, mayo 31, 2007


BOTELLAS

Por Pupita La Mocuda

La colonización pedagógica – circunstancia muy distinta a la espontánea incorporación de valores universales a una cultura nacional – es el concepto que utiliza Arturo Jauretche para referirse a la conformación de una mentalidad y un comportamiento que constituye un aparato cultural que evita la creación de un pensamiento propio. De ahí que la crítica a una “cultura” establecida sobre dichas bases, consiste en el primer paso para restituir los valores sumergidos de la cultura colonizada, preexistente o con posibilidades de nacer. Es una beligerancia imprescindible ante la pretensión de seguir imponiendo una cultura marginada de toda elaboración propia. Esto implica una revisión respecto del pasado nacida de la búsqueda de las propias raíces que obliga a restaurar el prestigio de quienes fueron sumergidos por no ingresar a las jerarquías oficializadas y constituye una especie de fe en la genuinidad de lo nacional. La incomprensión de lo nuestro preexistente como hecho cultural o mejor dicho, el entenderlo como hecho “anti-cultural” ha ayudado a que este fuera privado de todos los medios de expresión. Sólo la tradición oral y los hábitos cuya perdurabilidad es lentamente afectada por el cambio de condiciones parecen haber subsistido como factores yacentes de la cultura derogada y con preferencia en aquellos lugares no útiles a los fines concretos perseguidos por la “civilización” en remotos rincones.
¿En qué momento oscuro de la Patria comienza a desdibujarse aquella deliciosa conjunción artística llamada murga, nacida y criada en el seno mismo de las barriadas porteñas? ¿En qué momento deciden los murgueros no dedicarse nunca más a componer sus festejadas críticas o a inventarle nuevos ritmos a los bombos? ¿En qué momento guardan por última vez sus levitas brillosas, sus galeras y sus estandartes en los roperos o los baúles de cartón? ¿En qué momento comienzan a fundirse los platillos de bronce porque ya no serán necesarios el próximo carnaval? ¿En qué momento ya todo recuerdo remite a una foto en blanco y negro en el fondo de un cajón? No lo sabemos con precisión pero seguramente es una de sus horas más tristes y más amargas.
Aunque no todo está perdido. En Buenos Aires tres o cuatro cabezaduras todavía sacan sus murgas un par de décadas después de la debacle, ensayan en sótanos o en terrenos baldíos que se esparcen a lo largo de trazas – dentaduras incompletas – de autopistas nunca construidas. Y el milagro se produce. El subsuelo no ha muerto. Vuelve – sigue volviendo – sublevado e indómito a retomar con orgullo su herencia plebeya y herética, a cautivar las muchedumbres que pareciera que sí, pero que no, nunca han olvidado, que buscan y rebuscan en su memoria conjunta, colectiva, un pasado en común y lo encuentran y lo acunan y lo honran mirando hacia el futuro con la alegría y la esperanza de haber recuperado la murga para ellos y para las generaciones que vendrán. Para siempre.



“-Habría que resucitar al héroe –refunfuñó.
-Si, pero ¿cómo?
-Y, en tu lugar, buscaría en el pueblo la vieja sustancia del héroe. Muchacho, el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria.”
LEOPOLDO MARECHAL: MEGAFON, O LA GUERRA.



“…Murga, cuando mi voz calle con la muerte, con el corazón te seguiré cantando…”


Reportaje epistolar a Osvaldo “Pugliese” Battipaglia de Los Dandys de Boedo.
Por Pupita La Mocuda.


- “Murga, cuando mi voz calle con la muerte…” Estas palabras las usaste para despedir a Calusti hace unos días…
- Sí, efectivamente. Es una frase de Rabindranath Tagore y dice así: “Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando…” Yo la adapté a la murga, al sentir murguero.
- ¿Cómo nace el mítico Centro Murga Los Dandys de Boedo, Osvaldo?
-Te paso a contar. Salimos por primera vez en los corsos en el año 1956, pero antes durante el año salíamos en el barrio, por los bares, pizzerías y casas del barrio para juntar algo de plata porque al principio no teníamos ropa ni bombos. Al lado de mi casa había una fábrica de palmeritas y coquitos. El dueño se llamaba Don Nicolás. El nos dio las latas de galletitas que usábamos como percusión hasta que pudimos comprar un bombo y algo de ropa.
-Había que usar lo que se tenía a mano…
- Y sí... Fijate que cuando salíamos con las latas también tocábamos con tapas de cacerolas y con las chapitas de Coca Cola hacíamos una especie de sonajero o maraca. No sé cómo llamarlo. Con un clavo agujereábamos las tapitas, le pasábamos un alambre de cajón de frutas por el agujero. Después se ataba el alambre en las puntas para que no se suelten, se agitaba y esto sonaba. Las galeras, en esos tiempos, se las comprábamos a los lacayos de velatorios cuando estaban algo viejas, para arreglarlas y decorarlas.
-Este último es un dato que realmente me impresiona por su alto valor testimonial - hasta antropológico te diría – de tiempos que han pasado y de los que se necesita registro.
-Aclaro que creo que el material de las galeras no hace a la esencia muguera en sí misma si no en realidad al lenguaje murguero en cuanto a su conexión con los orígenes. O sea una burla de los esclavos hacia sus amos. Lo que llevado al tiempo actual – se me antoja, una burla de las clases bajas a las clases dominantes – un acto de rebeldía en una noche en que el orden es un perfecto desorden. Y me parece que explicado así tiene otro sentido y no es sólo una galera decorada, que me temo que es lo que ve la gente común hoy en día en los corsos.
-Concuerdo con vos en esto. Es probable que la gente, el público, que hoy va a los corsos o a ver las murgas no tenga claro del todo qué es lo que está viendo. El quiebre ha sido profundo. No sé si estás de acuerdo…
-Toda esta confusión es el resultado del cambio generacional sin la debida continuidad y todos sabemos el por qué. Pero el error es nuestro, del movimiento murguero, por no tratar de difundir lo que yo llamo el lenguaje murguero. Yo creo que los murgueros somos los responsables de difundir el género, su historia, el significado de su vestimenta y sobre todos sus valores culturales. Por ejemplo, se había puesto de moda en la década del cincuenta o sesenta “pedirle prestada” la antena de la radio a los autos estacionados. Se le ponía cinta en la punta y se usaba como sustituto del bastón. Travesuras de pibes de barrio con pantalones sin bolsillos… Esto duró hasta que la yuta casó la onda y te esperaban en los corsos y atroden con antena prestada y todo. Otro más: En el barrio de Boedo se usaba corcho quemado. Se lo quemaba en el fuego hasta ponerlo negro y con eso se pintaban la cara.
-¿Te acordás cómo se eligieron los colores?
-Los colores se eligieron porque en esos tiempos estaban de moda los vaqueros Lee importados de Estados Unidos que se compraban en la Galería Internacional del Once que eran muy caros para nosotros. Pero en Boedo y Cochabamba – en la barranquita – había una fábrica de vaqueros de imitación, los Far West. En el barrio, el que podía tenía uno. En esos tiempos eran todos azules. La idea era que el que no podía comprar la tela para que su mamá le haga la levita y el pantalón, se pusiera los vaqueros hasta que pudiera comprarlos. Entonces, el color celeste era el color que tomaban los vaqueros con los lavados. El color negro lo elegimos porque es el color que más se usa. Cualquiera tenía algo negro y que usaban hasta que pudieran comprar la tela.
-¿Los bombistas vestían igual?
-Los bombistas llevaban los mismos colores. La diferencia estaba dada en que algunos llevaban chaleco o capas y no faltaba el que salía con pantalón y camisa solo. En la cabeza – no todos – pero sí algunos llevaban birretes.
-¿En esa época ya se usaban lo que ahora se llaman apliques en los trajes? Quiero decir ¿Las lentejuelas formaban figuras o simplemente se pegaban sin formar un dibujo determinado?
-Sí, se usaban los apliques pero eran de otros motivos. Los más usados en esos tiempos eran los dragones y las calaveras con dos tibias cruzadas; de equipos de fútbol, los cuales en su mayoría eran de felpa o algo parecido. También flores… Lo que no había era tanta gente que los crearan como ahora. Eran comprados. Las zapatillas que se usaban eran blancas y en las fotografías se alcanzan a ver los pompones que llevaban los murgueros.
-¿Siempre se decoraron las galeras con marabú, piedras, espejitos y esas cosas?
- La mayoría de los que usaban galeras la llevaban decoradas, como bien decís vos, con marabú, piedras y espejitos. Y casi todos las forraban por afuera. En la copa con algodón. Tampoco faltaban los que le ponían alambres cruzados y elevados formando un arco en la parte de arriba y que envolvían con marabú.
-¿Quiénes se dedicaban a hacer la ropa y los otros elementos?
-La ropa la hacían las madres. Las banderas y los estandartes, nosotros. Las fantasías eran banderas, estandarte, dados…

-¿Y los bombos? ¿Dónde se conseguían los bombos?
No me acuerdo donde compraban los bombos. Pienso que en una casa de música. Y los platillos eran comunes, de baterías, de los chicos y finitos y había que golpear con cuidado porque se rompían fácil. Este era el motivo por el que no todos los bombos llevaban los platillos.
-¿Con cuántos bombos salían?
-La cantidad de bombos variaba según las murgas, como ahora. Nosotros llegamos a tener siete u ocho más o menos.
-¿Eran de cuero, no es cierto?
-Al principio eran de cuero, sí. Y cuando no los usábamos se aflojaba el parche y se le ponía leche con ajo. Cuando había que usarlos se apretaban y algunos le daban calor para estirar el cuero.
-Entonces se usaba ajo y leche para proteger el parche. No es cuento…
-Lo del ajo y la leche sé que algunos lo niegan pero es verdad. La explicación es que según el cuidado que tenía cada uno con los parches lo usaba o no y otros no lo conocían.
-Contanos un poco acerca de la diferencia entre ritmo y corte en cuanto a lo instrumental. ¿Todos los años sacaban uno o tenían alguno que los distinguía de otros barrios?
-Para mí el ritmo es una cosa y los cortes son otra. El ritmo era siempre el mismo, pero esto no quiere decir que año a año se le agregara algún corte nuevo. Cada barrio tenía un estilo y sobre ese estilo las murgas creaban el suyo propio, que no tenía que ser igual al de otras murgas porque esto creaba disputas y peleas.
-¿Es verdad que si se encontraban con otra murga trataban de "taparle" los bombos para hacerles perder el paso a los bailarines o esto también es un mito?
-Todavía hoy en día cuando una murga está desfilando, la que está esperando su turno no puede tocar los bombos suyos. Es verdad que se mezclan los sonidos y no sólo eso. Es una falta de respeto hacia la otra murga y puede generar disputas. Esto no es un mito y hoy en día pasa lo mismo.
-¿Te acordás cuál fue el primer corso de Los Dandys?
-Nuestro primer corso fue el de Danel y Pavón; después Garro y Asamblea.
-¿Qué recuerdos te trae pensar en esos tiempos?
-Mi familia fue la que fundó la murga y salía de mi casa en el Ford 31 de mi viejo, que hacía fletes. Yo tenía seis o siete años pero hacía de todo. Lo que más me gustaba en ese tiempo era llevar la bandera y por supuesto también fui mascota. También salí como director de redoblante de Los Cometas de Boedo y después bombo con algunos de mis hermanos.
-¿Viajaban todos en el Ford 31? ¿Las mascotas también?
-Sí. Las mascotas iban con las madres o también solas. ¡El viaje era un descontrol! Mi viejo cuando se le movía mucho el camión, frenaba fuerte y nos caíamos todos. O si no se bajaba y empezaba a las puteadas con todos. Nos juntábamos en San Juan y Boedo, justo en la Pizzería Sol Di Nápoli.
-¿Hacían la famosa pasada por el barrio?
-Antes de subir al camión se cantaba y se bailaba para la gente del barrio, por supuesto.
-¿Qué cantidad de corsos sabían recorrer?
-Los corsos que se podían hacer por noche eran cuatro o cinco, según los que se podía conseguir con los corseros.
-Y había premios…
-Sí, claro. En los corsos se daban copas a la mejor murga, a la segunda, a la tercera, etcétera. Esto era lo que generaba más problemas y peleas. Igual que el robo de canciones y ritmos.
-¿Ustedes o las murgas en general llevaban a las actuaciones las copas y trofeos que ganaban en otros corsos o en otros carnavales?
-Los trofeos nosotros lo llevábamos ese carnaval y después nunca más. Pero había murgas que los llevaban. Recuerdo que hacían como un estandarte pero arriba tenía madera. Allí fijaban las copas y algunos otros las fijaban al estandarte directamente.
-Contanos algo más de los integrantes de tu familia y de su relación con la murga.
-Mi hermano Juan Carlos era el Alma Mater de la murga y cantaba. Era uno de los mejores cantores de murgas que escuché… Crítica… Homenaje… Glosa… Ricardo tocaba el bombo. También hermano mío. Después salió en Los Cometas como director. Daniel salía disfrazado. María de murguera, igual que Lili o Susana. Julián en brazos de alguien. Era bebé. Mi tío Enrique, murguero. Mi otro hermano, Jorge, también.
-¿Por qué decís que Juan Carlos era el Alma Mater de la murga?
-Mi hermano, que todavía vive, era la persona que tiraba siempre para adelante. El más importante, el más inteligente y digo era porque no quiere saber mas nada de murga…
-¿El era el Director General de Los Dandys? ¿Qué edad tenía en ese entonces?
-Sí, Juan Carlos era el director general y tendría unos diecinueve años.
-Lo que se dice una familia con vida y alma de murga. ¿Tuvieron algún reconocimiento desde lo institucional?
-Bueno, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires nos dio una medalla y un diploma como reconocimiento a la murga en la persona de mi hermano Juan Carlos por fomentar la cultura popular.
-¿Eran todos de la casa de la calle Cochabamba?
-De la murga, en la casa de Cochabamba vivíamos solamente nosotros más el Queno, Miguel y Alicia que también salían en Los Dandys.
-¿Y de qué edades hablamos?
Sacando a la Lili, Jorge y Julián,eran todos más grandes. Ya eran muchachos de dieciocho o más. Fallecieron dos qué yo sepa: el Coco y Surita, que se mató joven.
-¿Qué otros murgueros te vienen a la memoria, Osvaldo?
-Longaniza, que era el novio de mi hermana Mary y hoy es el esposo, cantaba y componía. Es el autor de “La Cotorra”. También estaba Pichi, un amigo que era murguero. Madera fue el primer director de bombo de los Dandys. ¡Un fenómeno! Coco, también murguero. Y el lechero del barrio, Abrojo, todo un personaje medio chapita que caminaba por toda la cuadra cuando ensayábamos y no quería que nadie lo moleste y de pronto venía apurado y te decía: “¡Anotá! ¡Anotá!” y te cantaba la canción que había creado.
-¿Cómo viven la tradición murguera los Battipaglia?
-Bueno, la familla Battipaglia tiene por costumbre pasar las Fiestas de Fin de Año en la casa de mi hermano Carlos, El Colorado, en el barrio de Barracas. Somos como cincuenta personas entre hermanos, sobrinos, hijos e invitados. Después de las doce brindamos y se arma la Battipagliada, como dice la gente. En la sala de ocho por ocho que da a la calle suenan los bombos y se baila murga. Los que saben y los que no, también. Todos bailan. Al terminar la matanza general nos ponemos a cantar, como si fuera una payada. Mi hijo Gonzalo toca el bombo y el coro lo hacen todos: “… Pero que chupe, chupe, chupe…”. Cada uno canta una estrofa de algo que se acuerda o lo inventa en el momento. Casi siempre picaresco. Del estilo: “…Un pajarito volando se metió dentro un convento / que contenta está la monja con el pajarito adentro…” Al estar las ventanas abiertas, en la vereda su juntan los vecinos para ver y escuchar. Después salimos a la calle y entre todos armamos un carnaval anticipado. Este ritual de familia Battipaglia se celebró hasta 1998, año en que murió mi viejo. En una de esas fiestas estuvo Teté. Lo trajo mi sobrino Roberto (el Colo, como lo conocen dentro del movimiento murguero). Es uno de los fundadores de Los Desconocidos, que venía de ser Director de Bombo de los Herederos de Palermo con el Turco y los Fantoches de San Cristóbal, murga que filmó una película que creo que se llama DNI (Documento Nacional de Identidad). En la película figura el nombre de otra murga pero sí salieron en ella el Colo y Tavi.
-Sí, en la ficha de la película la nombran como Centro Murga Los Privilegiados del Plata…
-Aparecían en medio de una batalla, en un bote en el medio del río. Ahí además salía Tavi, el de Los Cometas, que también está en la película. Esa murga salía de Urquiza y Constitución.
-Pavada de linaje murguero, el tuyo, permitime que te diga. ¿Qué recordás de las canciones?
-Bueno, la música de las canciones eran más de estilo murga como “…Pero que chupe, chupe, chupe…Pero que chupe, chupe, pá…”, el homenaje a Gardel y la tradicional crítica de los sucesos del año, La Cafetera de Nicola Paone y también algún otro éxito.
-Hoy en día, muchos dicen que lo más importante de la crítica que se canta en la murga es el papel de queja o denuncia social y lo política. Yo tengo entendido que esto no era del todo así en esos años. Estaba mezclado. ¿A vos que te parece de acuerdo a lo que viviste?
-Sobre la crítica - ¡Qué se yo! - es difícil tomar una posición porque si uno habla de lo social tendría que decir que antes también había cosas, pero en menos cantidad. La gente lo que quería era divertirse. Entonces e cantaban canciones picarescas, como esta que cantaba una mascota ("El Abuelo" que está en la foto): “…María feliz se sentó / arriba de la sepultura / porque dice que Negrete / murió con la chaucha dura…” Mi hermano Carlos cantaba la crítica y la mascota, una estrofa sola. Esto cantado por una mascota con cara de pícaro y no muy buena pronunciación era para la gente motivo de risa. Yo pienso que la denuncia social en la crítica en los tiempos que corren tiene que ver más con algo nuevo incorporado por las murgas de un estilo diferente, más a la uruguaya y si uno mira las murgas que son llamadas a participar en actos o Fiestas Patrias por los políticos, esto está claro para mí.
- ¿Cómo eran los ensayos?
-Ensayábamos en la vereda de un terreno baldío de Loria y Cochabamba dos meses antes de los carnavales a la nochecita y los fines de semana más temprano. La gente no chillaba. Eramos todos pibes del barrio.
-Contanos un poco acerca del desfile, el baile…
-La manera de bailar, tradicional. El desfile con paso borracho y mucho movimiento de hombros. Matanza eran los tres saltos y después cada uno lo que quería dentro del estilo tradicional de bailar. Sin ballet ni coreografía. También sacábamos a las "vedettes", es decir, los travestis que si te fijás bien en la foto del grupo se los puede ver atrás.
-¿Cómo se ubicaban para el desfile? ¿Los bombistas iban últimos?
-La ubicación de los bombistas cambiaba según las murgas. En algunas iban últimos los murgueros y adelante de ellos, los bombos. Y en otras iban últimos. Casi siempre en murgas chicas pasaba esto.
- ¿Cuál era la manera de desfilar o de bailar específica de las mujeres?
-Bueno, las mujeres desfilaban igual que los murgueros pero la forma de bailar era diferente. No saltaban. Más bien bailaban suave. No movían los hombros y el por qué de esto es obvio. En nuestra murga no tocaban el bombo ni cantaban en esos tiempos como lo hacen ahora.
-La visibilidad de lo femenino en el género murguero es algo muy contemporáneo. ¿Qué cambios ves en relación a la participación de las mujeres en la murga?
-Las mujeres, antiguamente – si bien eran menos las mujeres dentro de las murgas – tenían un estilo propio en su forma de bailar y demás, acorde a su manera de actuar dentro de la sociedad. Se me antoja como más femenino. Con el surgimiento murguero luego de la dictadura iniciada por Videla, la mujer copió la forma de hacer murga del hombre en todo sentido: canto, baile, etcétera, acorde a su nuevo modo de actuar dentro de la sociedad.
-¿Cómo ves esta cuestión a futuro?
-En mi opinión, si el hombre evoca en su baile algo del pasado – como se acepta hoy en día – pues entonces tendríamos que seguir la misma lógica con las mujeres y tratar de justificar su lugar en el movimiento murguero evocando algo de la historia para definir un estilo propio de ese sexo. El nuevo modo de actuar de la mujer esta todavía en movimiento, lento pero en movimiento. Esto alienta a que tal vez este cambio se pueda producir. Quizás surja en el futuro una mujer innovadora que sea capaz de crear un estilo propio logrando poder expresar a una parte de la sociedad que hoy estaría ausente.
-¿Cómo es esto de que las murgas tenían uno que le decían el presidente? ¿Era así?
-No me acuerdo bien si fue en el año 1957 o 1958 que pusieron un edicto policial que obligaba a tener una persona mayor de edad que fuera responsable del comportamiento de la murga y sacar permiso para los disfraces y murgueros con caretas o con la cara pintada. El trámite se hacía en la comisaría y nadie quería hacerlo, por supuesto. Con nosotros salía un muchacho que era el acomodador del cine de San Juan y 24 de Noviembre (El Gran San Juan) que aún funciona. Este muchacho que llamábamos “Gran San Juan” y que no tenía muchas luces era muy parecido físicamente a Aramburu. Lo nombramos “Presidente de la Murga”. Era todo un espectáculo verlo vestido de murguero, con una banda que le cruzaba el pecho y decía “Presidente”. Cuando desfilábamos algunos agarraban la ironía y se reían como locos. En ese tiempo las murgas usaban esas bandas para identificar al presidente y los directores.
-Esto último que me contás es impresionante. ¡Dice tanto pero tanto de la época, de las diferencias históricas… sobre todo con la última dictadura.
-Es cierto, eran otros tiempos. En la de Videla ni loco creo que lo hubiéramos hecho. El peligro era mucho más grande.
-¿Había una manera especial de aprender murga o eso no se planteaba en esos términos?
-Los más chicos aprendían en los ensayos. Cantaban los que ya sabían. Por ejemplo, mi hermano Carlos siempre cantó tangos. Era el que nos guiaba. También se enseñaba a bailar en los ensayos. En realidad todos salíamos para divertirnos y cuando digo divertirnos digo nosotros con la gente del público, no en contra o allá lejos como artistas.
-¿Cómo recordás los corsos de aquella época?
-Mucha gente concurría a los corsos porque eran muy familiares y no había la violencia que hay hoy. Con dos o tres vigilantes bastaban y casi siempre estaban comiendo chorizos o chupando de arriba. El único corso que tenía problemas de violencia era el de Avenida de Mayo y más los últimos años.
-¿Te acordás cómo se festejaba el Carnaval? ¿Jugaban al agua?
-Se jugaba al agua por la tarde hasta la hora de salir en la murga y no sólo en mi casa. ¡En todas! Todavía me acuerdo de Carlos Castro, un vecino que vivía en frente de mi casa y que era el padre de Caíto, el de Los Cometas. Estaban todo el día esperando que mi vieja estuviera distraída. Se cruzaba con un balde de agua y la mojaba y mi vieja, igual. Un día mi mamá no lo pudo mojar y lo agarró al otro día cuando salía para el laburo y lo mojó. Tal vez, esto hoy pueda sonar atrevido, pero no. Era un juego familiar del que participaba todo el barrio. A veces también salíamos con el camión cargado de bombitas de agua a mojar gente por las calles…
-No creo que pueda pensarse que fuera atrevido. ¡Cómo se debían divertir! Era evidentemente una tradición muy arraigada y de gran participación de todos los vecinos, mujeres y varones, grandes y chicos. ¿Cómo veía la gente a los murgueros? ¿Cómo los consideraba?
Yo creo que igual que ahora… A Algunos no les gustaban y a otros sí pero a mí me parece que lo que cambió fue el porcentaje. Antes los que no nos quería eran muchos menos y la prueba está en que antes los comerciantes ponían plata para costear el corso y ahora no lo quieren en su cuadra. Y también cambió la gente, el comportamiento de la sociedad. Antes era todo más sano y más respetuoso.
- ¿Cómo era la relación de las murgas entre sí? ¿Había problemas?
-Por supuesto que había problemas entre murgas y casi siempre por el robo de canciones, alguna copa ganada en algún corso o por picas viejas. Pero también había murgas amigas. Hoy en día te afanan una canción, un corte y no pasa nada. Algo muy loco… ¿No? ¿Se puede llamar murga a una que no puede hacer una canción o crear un ritmo?
-¿Se solía cambiar de murga seguido?
-No era normal cambiar de murga. Se defendía al barrio. Y la gente en su mayoría era del barrio. Pero, como siempre, no faltaba alguien que lo hacía… Pero eran muy pocos.
-Osvaldo, ¿Qué era la murga para vos y esos murgueros en aquel entonces? ¿Qué significado tenía para ustedes salir o sacar la murga, vivir la murga?
-Para mí, la murga era sobre todo diversión, alegría, amistad. Para los ojos de un niño de seis años, como yo tenía cuando debutó mi murga, todo eso era un mundo mágico. Con el paso de los años me fui llenando de contenido y comprendiendo el verdadero significado de todo el simbolismo murguero. Entonces me sentía orgulloso de ser murguero y quería decirlo al mundo. Recuerdo que a la edad de catorce o quince años vendía diarios en el Correo Central, en la entrada que está por Corrientes y como no podía llegar a las cuatro de la mañana – que era el horario que tenía que llegar – me fui vestido de murguero, con los ojos pintados y en camisa. Al lado de la entrada había unos ventanales grandes y profundos y, como me dolían las patas, me senté… ¡Pero con el cansancio que tenía, me quedé dormido! El dueño estaba a la vuelta en Leandro Alem y al ver que no volvía a buscar más diarios me vino a ver. Yo dormía acostado en la ventana y los diarios, que se me habían caído – estaban desparramados por toda la cuadra por el viento. Creo que llegaban hasta el Luna Park. Ya serían como las siete de la mañana y este buen hombre me despertó, me cobró todos los diarios y me rajó. Pero eso no me dolió tanto como cuando mi vieja se enteró.
-¿Qué diferencias fundamentales ves entre el pasado murguero y este presente? ¿Vive todavía la mística murguera de la primera parte del siglo veinte o ya ha muerto?
-En la última dictadura el carnaval y las murgas fueron prohibidos y esto cambió el desarrollo natural de las murgas. Cuando retornó, el movimiento sufrió un cambio. Se desarrolló una forma de hacer murga diferente. Se amplió el género con otras cosas nuevas. ¿Para bien o para mal? No lo sé… El tiempo dirá la verdad. Pero que cambió, cambió.
-¿De acuerdo a lo que viviste y vivís hoy en día con respecto a la murga, cómo la ves mirando hacia adelante?
-Es muy difícil opinar de ciertos temas cuando el cambio está sucediendo, como yo creo que pasa en estos momentos. El tiempo dirá como será esta criatura nacida en un parto diferente a las etapas anteriores.

“Esta fotografía inédita de Los Dandys de Boedo”, cuenta Osvaldo, “data de los primeros años de la década de 1960, probablemente de 1962. En ella estamos mis hermanos y yo. Aquí somos seis, aunque faltan tres más. Ricardo es el que se encuentra justo delante del bombo. El que está disfrazado de indio es Daniel. El que está bien adelante de todos en la foto es Jorge y la nena que está justo al lado de él mirando a la cámara es Susana, a quien llamamos Lili. El famoso “Colorado” es el que está mirando para atrás como dirigiendo la orquesta. Y yo estoy justo debajo del estandarte con el silbato en la boca.”
“Esta es otra foto de los comienzos”, describe Osvaldo. “De izquierda a derecha: Daniel, ‘Madera’, el primer bombista de Los Dandys. (Estos eran los bombos de los que hablamos. Si mirás bien podés ver los platillos finos y el bombo de cuero.) Le sigue el ‘Tano’, el ‘Zurdo’, Coco, el lechero, el ‘Negro’ Figueroa y Pichi. Mi cuñado ‘Longaniza’ es el que está agachado y las tres mascotas son: el ‘Pibe’, el ‘Abuelo’, que es el que tiene la copa, y el ‘Negro Luna’. No sé la fecha, pero sí que es de los primeros años”.

viernes, abril 27, 2007



Se Va La Murga ... (Retirada)
Glosa de Despedida: Daniel "Pantera" Reyes


" ... Cruzando las calles de todos los barrios

Alegres y contentos los murgueros van;

Llevan muy adentro de sus corazones

La fama y la gloria que un día ganaron.

Por eso nosotros alegres estamos

Cantando y bailando para hacerlos reir.

Qué vivan las murgas de todos los barrios

Que felices cantan en el carnaval.

Hay murgas ...

Hay murgas que murgas son

Y murgas que murgas se hacen;

Hay murgas que murgas hacen

A las que murgas no son;

Hay murgas por el dinero y

Hay murgas de corazón

Y uno siendo un gran murguero

Pasa la vida mejor.

Soy el murguero más alocado

Que en mi barrio haya existido;

Soy un murguero conmovido

Por un loco sentimiento

Y al ritmo de estos bombos

Siento que mi cuerpo se estremece

Y es por eso que esta murga

Un aplauso se merece ..."
Imagen: Pintura de Cristina Arraga

viernes, abril 20, 2007


CENTRO MURGA LOS PEGOTES DE FLORIDA

" ... Originalmente se denominaban "Los Siete Gansos". Estos siete señores, alrededor de la fecha de Carnaval, solían recorrer las casas de los vecinos del barrios y cantarles canciones. Los agradecidos vecinos a cambio de estas humoradas les invitaban con comida y bebida. En una de las visitas parece que el dueño de casa no pudo contener una exclamacion: Estos...¡Son unos pegotes!.

Aunque haya procurado no ser oído, el señor tuvo la mala - o buena - suerte de que Alberto Chino Dominguez, lo escuchara. Al año siguiente, 1924, salieron a la calle bajo el nombre de Los Pegotes. Fue así que con el entusiasmo que ponía en aquel entonces su director y fundador, Alberto Dominguez (El Chino) que a esta murga se la vio hasta los años 46 o 47 aproximadamente. En 1951, un grupo de muchachos de no más de 16 años, y quienes ya habían formado su murguita en el barrio con el nombre de "Los Ruiseñores de Florida", fueron a pedirle al Chino Dominguez, que ellos querían ser los sucesores de aquellos murgueros a los que admiraban en los carnavales. A partir de 1951 y continuando hasta el año 1960, "Los pegotes de Florida", hicieron gala de sus virtudes con la continuidad en la Comision Directiva del "Chino" Alberto Dominguez y la direccion general del "Lolo" Roberto Giusto, el bombista "Garlopa" Jorge Solmi, con canciones de "René" Modernel entro otros. Una de las características de esta murga, eran la cantidad de instrumentos visuales que contenían, a diferencia de otras murgas de la época, tales como veintena de muñecos gigantes, abanicos gigantes, todo perfectamente decorado. Tal es así que fueron galardonados, por su trabajo, con innumerable cantidad de trofeos, que hoy día se conservan, llevando a esta numerosa murga de mas de 120 integrantes a muchos barrios de Capital Federal y Gran Buenos Aires.

Luego del año 1960 y siguiendo la trayectoría de este reconocido Centro Murga, "Los pegotes de Florida", siguieron saliendo a la calle hasta entrando los años 80, de la mano de la dirección general de el "Loco" Alberto Ruggilo, junto a "el gordo" Leo, los cantores; "el Manco" Luis René, "el Negro Yuyu", los bombistas; "Paloma", "Changio", "Tute" y los bailarines "Carlitos", "Lobito", "Cámara Lenta" entre otros. Ya con quince años se lo ve a "Cachito" bailando en el fondo. También "Tarzán" abriendo el desfile haciendo de lanzallamas y "Delfor" y sus vedettes transformistas en un bloque del desfile.

Llegando a la actualidad, el Cento Murga "Los Pegotes de Florida", reaparece en el año 1998 por iniciativa de algunos jovenes del barrio y bajo el padrinazgo de dos viejos Pegotes: Roberto "Lolo" Giusto y Sergio A. Di Giocco. Vuelve a salir esta Murga en los carnavales de 1999, demostrando el trabajo realizado durante el año. Con chicos muy jóvenes y viejos murgueros, se logró que el Centro Murga "Los pegotes de Florida" siga teniendo su estructura de murga tradicional porteña, con el fenómeno de integración de varias generaciones.La primera salida de Los pegotes de Florida, con su nueva generación de chicos en su mayoría del barrio o con lazos próximos fue en un marco familiar y acompañada de los viejos que alguna vez con mucho orgullo e ironía salían a los corsos y festejos de carnaval ..."


Fuente del texto y las imágenes: Página Web de Los Pegotes de Florida
Ver también reportaje a Alicia de Los Pegotes de Florida por Pupita La Mocuda en este mismo blog: http://sostenganquenacemos.blogspot.com/2007/11/blog-post.html

domingo, abril 08, 2007

¿Qué uno entre todos
si no todos?
¡Qué todos
si no uno y uno y uno
en cada uno y todos
en cada uno
y en todos?
¿Quién ayer o mañana
si no siempre?
¿Qué nosotros
si no todos nosotros
y ahora?
¿Qué nombre
si no anónimo
para reconocernos?
El sol desgarra la niebla
que se empeña en cubrirlo
como la memoria
disipa el olvido.
Toda ausencia
-30.000 ausencias-
es mentira:
Cada mirada la desmiente,
Cada lágrima la refleja,
Cada calle es a sus pasos
Lo que la realidad es al milagro:
Esta verdad
Nunca vista
Y siempre presente.

Alberto Szpunberg
Texto inédito perteneciente a El Libro de Judith
Fuente: desdeelaula.blogspot.com
Entrevista a Alberto Szpunberg en:
http://desdeelaula.blogspot.com/2006/12/entrevista-alberto-szpunberg.html

viernes, marzo 23, 2007

A 31 años del golpe de estado
Los nuevos desaparecidos de este 24 de marzo y nuestros nunca más
El testigo Julio López, dos veces desaparecido, se ha vuelto este 24 de marzo también, dos veces testigo. No sólo acusó en el juicio a los torturadores y asesinos, mirando cara a cara a Etchecolatz. Ahora desde su cuerpo ausente acusa a la impunidad que continúa, desnudando los límites de nuestro precario 'nunca más'.
Julio López, en nuestras actuales resistencias, señala los límites de las políticas y de los discursos de derechos humanos, sentando en el banquillo de los acusados, a un sistema político que no fue capaz, a 24 años de la retirada de la dictadura, de desmantelar el aparato represivo, asegurar el castigo a los responsables del ultimo genocidio, modificar profundamente el sistema carcelario y las dependencias policiales y militares, que siguen siendo nidos de represores, torturadores y fascistas.
Marchará con nuestros pasos Julio López este 24 de marzo, para decir que mientras se juzgan los crímenes del Plan Cóndor, como si fueran hechos del pasado, seis campesinos paraguayos esperan en las cárceles argentinas que se ejecute su extradición a Paraguay, para ser sometidos a torturas y juicios aberrantes en los tribunales colorados. Marchará para llamar la atención sobre los proyectos de leyes antiterroristas que se están discutiendo en los despachos del Congreso de la Nación. Para denunciar la realización de ejercicios conjuntos de las Fuerzas Armadas argentinas, con las fuerzas militares norteamericanas.
Julio López marchará el próximo 24 de marzo, no solamente como un gesto de buena memoria. Andará en las calles pidiendo que no lo olvidemos. Andará exigiendo que no perdonemos a los represores y asesinos, a los genocidas, a los verdugos a sueldo del capital. Andará recomendando que no nos reconciliemos con quienes hoy nos desaparecen en su cuerpo, que es una manera de desaparecernos en nuestro colectivo nunca más. Andará Julio López pidiendo que se aclare de una vez por todas qué sucedió durante la desaparición de Luis Gerez y quiénes fueron los responsables de ese siniestro episodio que conmovió la conciencia democrática de los argentinos y argentinas en los finales del año 2006, precisamente en el día de los inocentes.
Vendrá Julio marchando con sus compañeros y compañeras ex detenidos desaparecidos. Vendrá Julio a reclamar que lo aparezcamos con vida.
Este 24 de marzo, volverá a debatirse en las calles, los sentidos de la memoria colectiva, y los posibles sentidos de nuestras marchas. Es de enorme una torpeza, en este contexto, interpretar el señalamiento de los límites de las políticas oficiales, como un gesto de intolerancia o de sectarismo político. Por el contrario. Las últimas acciones realizadas por la corporación policial militar, que van desde estos secuestros hasta las amenazas a los testigos, y los actos de reivindicación de los torturadores y genocidas, constituyen un llamado de alerta. Desmantelar los nichos de impunidad, es una exigencia para que se pueda creer en la posibilidad de ir abriendo cauce a una nueva democracia.
Debilitan esa posibilidad, no solamente las vacilaciones y tibieza de las políticas oficiales para avanzar en la expulsión de todos los miembros de las fuerzas militares y policiales implicados en crímenes (durante o después de la dictadura), y su enjuiciamiento en tribunales civiles. También resultan funcionales a la impunidad, las políticas de criminalización de la pobreza, de judicialización de la protesta, de estigmatización de quienes resisten las políticas de exclusión. Pretender callar el grito de los excluidos con políticas asistenciales que van diseñando un doble estándar de ciudadanía (tanto a través de la distribución arbitraria de los planes, como en las políticas educativas, sanitarias, habitacionales, etc.), es una manera de fracturar la concepción de derechos humanos. Si el golpe de estado tuvo como objetivo central rediseñar la dominación capitalista y su gobernabilidad, a través de las políticas neoliberales; la evidente crisis de las mismas en todo el continente intenta ser controlada en esta etapa con políticas públicas que consagran un tipo de derechos para los incluidos (entre los cuales el principal es el derecho a la propiedad), y otro tipo de derechos para los excluidos (a quienes ni siquiera se les asegura el derecho a la vida).
Hace 31 años, el golpe de Estado avanzó en la remodelación del país, con la misma saña con que la generación del 80 diseñó hace más de un siglo su 'modernización'. Sucesivos genocidios fueron 'haciendo' nuestra historia, o mejor dicho, fueron deshaciendo nuestra historia como colectivos, como pueblo; fragmentando nuestras identidades, nuestras culturas, para levantar este capitalismo 'realmente existente'.
Si un geólogo pudiera identificar las diferentes capas que sostienen las andanzas del capitalismo en nuestro continente, iría develando una tras otra, la masacre de los pueblos originarios iniciada por la conquista europea, y continuada por los 'fundadores de la república' (los 'héroes' de la 'campaña al desierto'); y esta capa ya se iría mezclando con los asesinos de los obreros asesinados en la Patagonia y en la Semana Trágica, con los obreros rurales del Grito de Alcorta, con los muertos en todas las dictaduras, con los fusilados en José León Suárez, y los 30.000... que ahora se nos mezclan con los muertos de la pobreza: los chicos del gatillo fácil, las mujeres y niñas desaparecidas por el negocio de la trata, los pibes y pibas de Cromañon... y los otros muertos, de hambre, de enfermedades curables, y tantos y tantas vidas desaparecidas en democracia....
Pero no es geología ni historia lo que hacemos cada 24 de marzo. Es, en el sentido más estricto de la palabra: resistencia. Es instalar en el imaginario colectivo una vez más, las demandas de Memoria, Verdad y Justicia. Es marchar, caminar, llenar las plazas, no de cara al pasado solamente. Es llegar hasta el presente para ampliar los límites de una justicia que calla y otorga frente a los poderosos, y que es ciega frente a los nadie.
El olvido, el perdón y la reconciliación es la política que se promueve desde distintas fracciones del poder, para diluir responsabilidades, promover olvidos, moderar las resistencias, abonando el camino de la impunidad. Es por Julio López, que no olvidó, que no perdonó y que no se reconcilió, como otros tantos, que hoy Echecolatz está preso. Es por Julio López -que quiere decir, es por nosotros y por nosotras-, que este 24 de marzo renovamos el compromiso de socializar la batalla por los derechos humanos, para que sean para todos y para todas. Y será por todos nosotros y nosotras, que seguiremos escrachando a los genocidas, y que marcharemos con vos, Julio... como nuestra manera todavía débil de aparecerte.

Claudia Korol

Recordar los genocidios
Osvaldo Bayer

Años después de la masacre, en Berlín, un estudiante armenio mató al principal político turco que ordenó los cobardes crímenes. Juzgado por tribunales alemanes, el autor de la venganza fue sobreseído de toda culpa por haber ejercido el derecho de matar al tirano. En la reciente guerra con Irak, el actual gobierno turco puso el precio de 30.000 millones de dólares a Estados Unidos para que utilizara bases otomanas. El presidente Bush se enojó y amenazó a los turcos con "reconocer el genocidio de los armenios" si no bajaban el precio.
Lo que siempre hay que recordarle a la humanidad -año por año- en sus fechas respectivas son los genocidios cometidos por el ser humano: el de los europeos con respecto a la población africana en la forma de la esclavitud; el de España, Portugal, Inglaterra, Estados Unidos de América y la Argentina con respecto a las poblaciones originarias; el llevado a cabo por Turquía contra la población armenia en la segunda década del siglo pasado y la reciente de Ost-Timor, para apenas nombrar unas pocas de toda la historia trágica del ser humano. Sin contar las guerras de exterminio libradas por los países poderosos contra los pequeños o las mayorías sobre las minorías..Justamente hoy se cumple un nuevo aniversario del genocidio del pueblo armenio en manos de las fuerzas armadas y cuerpos especiales del gobierno turco. Comenzó el 24 de abril de 1915, en plena Primera Guerra Mundial. Turquía era aliada de Alemania, por eso periodistas y veedores del ejército alemán pudieron fotografiar innumerables crímenes realizados desde ese año hasta 1923. A los hombres se los ahorcaba, a las mujeres y los niños se los obligaba a caminar durante días y noches sin parar ni darles alimentos. Son horrorosas las fotos de mujeres muertas de hambre rodeadas de pequeños niños cuyos cuerpecitos eran sólo piel y hueso. Pese a esas escenas ningún miembro del pueblo turco ayudó a las víctimas o se opuso a la matanza. Horca, hambre y sed en los caminos de Armenia fueron las armas de los turcos, como la de los nazis fueron las cámaras de gas. El material gráfico es espeluznante. El genocidio cometido por los turcos quedó en la historia y fue tomado por las instituciones internacionales como el Parlamento Europeo que condicionó el ingreso de Turquía a la Unión Europea al reconocimiento de su responsabilidad en el atroz crimen contra el pueblo armenio. El 9 de junio del 2000, 1226 intelectuales y estudiosos del Holocausto judío repudiaron el genocidio turco y exhortaron a todas las democracias a reconocerlo oficialmente.
Años después de la masacre, en Berlín, un estudiante armenio mató al principal político turco que ordenó los cobardes crímenes. Juzgado por tribunales alemanes, el autor de la venganza fue sobreseído de toda culpa por haber ejercido el derecho de matar al tirano. Fue un veredicto judicial que tuvo trascendencia mundial.
En centenares de tumbas masivas en territorio turco y armenio quedaron los huesitos de miles de niños y los restos de sus madres muertas de hambre y de sed. Las fotografías de los hombres ahorcados en las ramas de los árboles parecen racimos tétricos de cuerpos masacrados por la impunidad de los asesinos turcos, casi todos de uniforme de ese pueblo. En la reciente guerra con Irak se produjo un hecho vergonzoso: el actual gobierno turco puso el precio de 30.000 millones de dólares a Estados Unidos para que esta fuerza aérea utilizara bases otomanas para bombardear Irak. El presidente Bush se enojó y amenazó a los turcos con "reconocer el genocidio de los armenios" si no bajaban el precio.
Negocios con los muertos, negocios con la memoria de los que murieron por obra del crimen y la crueldad. Por todo esto, el Consejo Nacional Armenio de Sudamérica ha declarado hoy, el 24 de abril como "Día contra la Discriminación y la Impunidad". Una advertencia contra los criminales que ordenan o ejecutan represiones, aquí y en cualquier tierra del mundo.


Publicado originariamente en Página 12, el 24 de abril de 2003.
Fuente: http://www.lafogata.org/bayer/bayer_genocid.htm

domingo, marzo 11, 2007




**8 de marzo**
En la lucha por derechos, visibilidad, genealogía y sostén femeninos.




RAQUEL FORNER
MUJER PINTORA DE MUJERES
Por Pupita La Mocuda




Ciudad de París. Año 1929. Raquel Forner posa durante un homenaje a Paul Cézanne en la que, única mujer del grupo, se la ve acompañada por Alfredo Bigatti, Juan del Prete, Alberto Morera, Athanase Apartise, Horacio Butler y José Massó. [1] En esta prodigiosa condensación fotográfica quedan a la vista las coordenadas de toda una época, de un rico y singular momento de la historia social y artística de la relación entre metrópolis centrales y periféricas. Unos pocos años más tarde Raquel Forner pinta “Interludio”.

Suele sostenerse desde las ciencias sociales que la sociedad humana se ha constituido sobre la base del intercambio de signos, mercancías y mujeres. Esta es una de las maneras de referirse a la destrucción de las relaciones entre estas últimas y que muy a menudo va acompañada de su imposibilidad de ser dueñas de sus propias producciones y de la dificultad para producir signos originales. Uno de los modos posibles de indagar en las relaciones personas del género femenino se articula en torno a la idea de crecimiento conjunto y la necesidad de construcción de una genealogía de mujeres en tanto legitimación por su referencia a su origen femenino de acuerdo a la necesidad de sobreponerse a su ser en el mundo sin adscripción simbólica. La búsqueda de referencias simbólicas ofrecidas por otras mujeres es muy antigua y está relacionada con la búsqueda de un lugar – tiempo donde situarse y con el intento de procurarse un cuerpo racional, una topología donde orientarse mentalmente.

“Interludio” pintada en 1934 puede agruparse con otras obras de Forner tales como “Juventud”, “Mujer de Lot” o “Redes” en derredor de la idea de alegoría. En esta obra, signada por la impronta del monumentalismo picassiano tres mujeres de figura sólida y maciza aparecen agrupadas en primer plano en una actitud de sereno y agradable coloquio. Los colores que Forner elige para pintar estas tres mujeres que a plena luz del día y vestidas solamente con ligeras túnicas que dejan ver sus brazos, senos y piernas cantan al son de un pequeño instrumento musical, una mandolina tocada por una de ellas son cálidos y alegres: naranjas, amarillos, verdes, enmarcados por el azul del mar en el horizonte, estatuas y algunas construcciones con columnas, pórticos y galerías de estilo griego. Es sólo más adelante que Forner recurrirá al otro extremo de su paleta para componer obras desde una gama de colores más bajos y menos vibrantes para atravesar la miseria humana y el conflicto de la guerra. Unícamente recuperará esta gama plena de vida cuando tanto ella como el planeta que retrata con tanta sintonía terminen de atravesarlos.

El mundo de “Interludio” es un lugar tibio, benigno, donde encontrar la abundancia y la paz: Hay frutos, plantas, espigas, pescado. En este lugar de remanso pueden florecer las artes: la música, la arquitectura. Pero, sobre todo, es un lugar de mujeres; un lugar de affidamento y confianza femeninos: Una de las figuras está sentada, apoyada en una pequeña columna la segunda, la tercera reclinada en el suelo. Un lugar donde es posible el desarrollo de un pensamiento propio a la manera woolfiana, una representación simbólica de la realidad que responda al modo de ser, de pensar y de sentir las mujeres y donde se escuche y se aprecie su voz, sus deseos y sus anhelos, expresados desde su propio lenguaje. Desde esta concepción, la interlocución entre mujeres es necesaria si quiere articularse la vida propia en un proyecto de libertad y darse con ello razón del propio ser mujer dado que una mujer sólo puede adquirir la inviolabilidad con una existencia proyectada a partir de sí misma y garantizada por una sociedad femenina.

Raquel Forner abreva en lo onírico, lo mítico – metafísico ya fundiéndolo ya alternándolo con lo fantástico y lo fantasmagórico fusionados con la búsqueda de lo invariante y trascendente en lo humano. Como dice Aldo Pellegrini: “Quiso hablar de la humanidad recuperada” y fue portadora de “un neohumanismo de fuerte acento literario”.

[1] Una ampliación de esta fotografía se conserva en el atelier de Alfredo Bigatti en la pequeña pero luminosa casa de estilo racionalista del barrio porteño de San Telmo que él y Raquel Forner, ya casados, mandaron construir con el dinero de distintos premios y que compartieron hasta la muerte del escultor en 1964. Cada rincón de la vivienda fue pensado para ser utilizado destacándose los grandes ventanales, la terraza sembrada de pasto y los amplios talleres individuales de cada uno de los esposos intercomunicados por un balcón interno.

Biografía de Raquel Forner:
http://www.epdlp.com/pintor.php?id=2846