martes, agosto 12, 2008


Teatro Abierto
"¿Por qué hacemos Teatro Abierto? Porque queremos demostrar la existencia y vitalidad del teatro argentino tantas veces negada; porque siendo el teatro un fenómeno cultural eminentemente social y comunitario, intentamos mediante la alta calidad de los espectáculos y el bajo precio de las localidades, recuperar a un público masivo; porque sentimos que todos juntos somos más que la suma de cada uno de nosotros; porque pretendemos ejercitar en forma adulta y responsable nuestro derecho a la libertad de opinión;porque necesitamos encontrar nuevas formas de expresión que nos liberen de esquemas chatamente mercantilistas; porque anhelamos que nuestra fraternal solidaridad sea más importante que nuestras individualidades competitivas; porque amamos dolorosamente a nuestro país y éste es el único homenaje que
sabemos hacerle; y porque, por encima de todas las razones nos sentimos felices de estar juntos."
El martes 28 de julio de 1981, a las18.00 hs., el actor Jorge Rivera López, presidente de la Asociación Argentina de Actores por aquel entonces, inauguró Teatro Abierto con la lectura de este texto escrito por el dramaturgo Carlos Somigliana
Teatro Abierto fue un movimiento de los artistas teatrales de Buenos Aires que surgió en 1981 bajo el régimen militar y desapareció en 1985, un año después de recuperada la democracia. Nació por el impulso de un grupo de autores dispuestos a reafirmar la existencia de la dramaturgia argentina aislada por la censura en las salas oficiales y silenciada en las escuelas de teatro del Estado.Un día de finales de 1980 los autores se propusieron mostrarse masivamente en un escenario y 21 de ellos escribieron otras tantas obras breves que, a tres por día, formaron siete espectáculos que debían repetirse durante ocho semanas. Cada obra sería dirigida por un director distinto y representada por intérpretes diferentes para dar lugar a una presencia también masiva de los actores.
Casi 200 personas entre autores, actores, directores, plásticos y técnicos participaron del primer ciclo.Teatro Abierto se inauguró el 28 de julio de 1981 en el Teatro del Picadero, una sala de la periferia del centro poteño recién inaugurada, y desde la primera función provocó una convocatoria de público entusiasmado que desbordó las 300 localidades previstas. Las funciones se realizaban en un horario insólito, a las 6 de la tarde, y el precio de la entrada equivalía a la mitad del costo de una localidad de cine.Una semana después de inaugurado, un comando ligado a la dictadura (se dijo que pertenecía a la Marina) incendió las instalaciones de la sala. Al igual que el público, los militares habían advertido que estaban en presencia de un fenómeno más político que teatral.El atentado provocó la indignación de todo el medio cultural. Casi veinte dueños de salas, incluidas las más comerciales, se ofrecieron para asegurar la continuidad del ciclo.
Más de cien pintores donaron cuadros destinados a recolectar dinero y recuperar las pérdidas. Los hombres más importantes de la cultura y de los derechos humanos -Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato y el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel- expresaron su adhesión. Teatro Abierto pudo continuar en el Teatro Tabarís, la más comercial de todas las salas de la calle Corrientes y con el doble de capacidad que el Teatro del Picadero. El ciclo se desarrolló a teatro lleno y con un entusiasmo del público que superaba el fenómeno teatral para convertir cada función en un mitín antifascista.Así se cumplieron tres ediciones de Teatro Abierto bajo el régimen militar (1981-82-83). En 1984, primer año de democracia, los integrantes de Teatro Abierto se dedicaron a discutir la manera de encarar la continuidad, ahora que el pretexto que le había dado origen, la dictadura militar, ya no estaba. Teatro Abierto se prolongó bajo la democracia en otras dos ediciones y luego desapareció.
En algunos de los artículos de los principales protagonistas, dramaturgos, se refieren al fenómeno. Roberto Cossa, analiza la situación general de la Argentina en los tiempos en que surgió Teatro Abierto; Osvaldo Dragún, su verdadero isnpirador, recuerda la historia, desde su inicio hasta la culminación del primer ciclo, y Mauricio Kartun, los ciclos de transición a la democracia hasta su extinción.Cabe recordar que la repercusión de Teatro Abierto estimularía a otros artistas y así surgirían, a partir de 1982, Danza Abierta, Poesía Abierta y Cine Abierto, aunque ninguno de ellos alcanzaría la dimensión que tuvo el fenómeno teatral convertido, por el imperio de circunstancias no previstas, en el más importante de los focos de resistencia cultural a la dictadura de los militares.Fundación Somigliana

Tiempos de silencio
Por Roberto Cossa
En el mes de julio de 1981 la dictadura argentina iniciaba su proceso de declinación. En aquellos estamentos donde el verdadero poder toma decisiones se pensaba que los militares debían prepararse para abandonar el gobiernos conquistado hacía cinco años y medio. Los hombres de uniforme habían cumplido sobradamente su misión principal: aniquilar a la guerrilla izquierdista armada y desactivar las estructuras políticas y gremiales más combativas.
El plan militar se desarrolló a la perfección, pero el costo fue muy grande. Los métodos aplicados por los dictadores horrorizaban al mundo. La imagen internacional de la Argentina ponía en peligro su futuro como país integrante de la comunidad civilizada.
Las prácticas de terror aplicadas en los cuarteles y comisarías del país eran conocidas desde hacía tiempo por las organizaciones políticas y por las entidades de derechos humanos de todo el mundo. Los sectores progresistas se degañitaban desde 1976, pero no habían sido escuchados. Hasta que, finalmente, los alaridos de los torturados, los quejidos de las Madres, el silencio de los desaparecidos y las reiteradas denuncias de los exiliados atravesaron todos los muros de la comunidad internacional. Ya nadie podía hacerse el tonto sobre lo que estaba sucediendo en la Argentina.
Desde mediados de 1980 circulaba por todos los despachos diplomáticos, políticos y periodísticos del mundo un informe de la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA). Se trataba de dos gruesos tomos que contenían escalofriantes denuncias sobre el sistema de terror aplicado por los militares argentinos. De hecho, si la complaciente burocracia diplomática latinoamericana condenaba a la dictadura militar argentina, quería decir que el mundo le estaba extendiendo su certificado de defunción.
En síntesis: a mediados de 1981 el poder militar en la Argentina estaba agotado. Había que pensar de qué manera no traumática se producía el recambio. Finalmente, se trataba de preservar el sistema cambiándole la fachada.En julio de 1981 todo parecía encaminarse por carriles previsibles. Nadie podía sospechar lo que ocurriría ocho meses después: la demencial invasión de las islas Malvinas, un intento desesperado de un comando militar decadente, conducido por un general delirante y borracho, por permanecer en el poder. "Los militares argentinos huyen para adelante", iba a ironizar Jorge Luis Borges cuando se enteró del desembarco argentino.
Argentina: julio de 1981Cinco años y tres meses después del golpe que derrocó al gobierno legal de Isabel Perón, la sociedad argentina estaba reponiéndose del plan de exterminio aplicado por los militares. La "guerra" había terminado hacía más de un año, pero los mecanismos de represión y censura persistían.
Hasta fines de 1980 sólo las Madres de la Plaza de Mayo desafiaban al régimen con su rito semanal, valiente y solitario, girando alrededor de la pirámide de la plaza, frente a la Casa de Gobierno, con sus cabezas cubiertas por pañuelos blancos. Fue po aquel tiempo cuando empezaron a registrarse los primeros brotes de resistencia. Era evidente que la actitud de la ciudadanía comenzaba a cambiar, en principio la de aquellos sectores más castigados por el régimen: la clase obrera y los intelectuales. Como síntomas de resistencia aparecieron las huelgas aisladas, las protestas populares focalizadas y las primeras reacciones de la prensa independiente.Hasta los grandes diarios comenzaron a filtrar noticias y comentarios críticos al régimen, y los líderes políticos se sentaban a conversar; sentían que había llegado la hora de programar la vuelta a la democracia.
os intelectuales volvían a reunirse en los bares del centro de Buenos Aires y se abrían tres frentes de protesta: el teatro, las revistas de humor y los recitales de música popular.Entre tanto, buena parte de los argentinos, la llamada mayoría silenciosa, más preocupada por su bolsillo que por las libertades públicas, comenzaba a sospechar que también ella era víctima de la dictadura y que la acción de los militares no sólo estaba destinada a terminar con la guerrilla marxista. Por aquellos años el sueldo de los obreros y de los empleados se iba a reducir en un veinte por ciento.
En síntesis, a mediados de 1981 ningún argentino podía asegurar que el régimen militar estuviera a punto de caerse. Aún así, la gente se animaba a protestar, sea por convicciones políticas, por necesidad económica o por hartazgo. El pueblo sabía que seguía viviendo bajo una dictadura aunque algunos nudos de la mordaza comenzaran a aflojarse. La mayoría de los argentinos desconocía la magnitud del genocidio, sus detalles perversos, pero nadie podía ignorar que existían miles de desaparecidos, hombres y mujeres torturados, campos de concentración y presos políticos.
Ese fue el contexto político en que se produjo
Teatro Abierto.El Teatro Resistente
El teatro en la Argentina, especialmente el de Buenos Aires, tiene una larga tradición militante. Desde siempre estuvo ligado a procesos políticos y sociales, fue vanguardia en la resistencia y víctima propiciatoria de las dictaduras y las intolerancias.
Ya en los tiempos de la colonia, es decir de la prehistoria, allá po 1792, cuando el teatro argentino no existía, se produjo un episodio premonitorio: el incendio de la primera sala de Buenos Aires, el Teatro de La Ranchería, un galpón con techos de paja fundado por el virrey español Juan José de Vértiz. El fuego lo originó una bengala que partió de una marcha de fieles católicos durante una festividad religiosa. Nunca se supo bien si fue un accidente o un atentado. Los historiadores más rigurosos recuerdan que la jerarquía católica no veía con mucha simpatía la presencia de ese "antro" pecaminoso, ni compartía la política progresista del virrey Vértiz quien, además de construir un teatro, había introducido la imprenta en estas tierras salvajes.
En los arranques de este siglo el teatro asumió un mayor compromiso social. Aparecieron los dramaturgos propios, los autores nacionales, que en su mayoría eran anarquistas y socialistas. Pero sólo en el año 30, el teatro de arte encontraría una estructura que lo convertiría en una arma de acción contra el sistema. A fines de ese año, un intelectual, hombre de teatro pero también periodista y narrador, Leónidas Barletta, funda el Teatro del Pueblo, piedra basal del movimiento de teatros independientes, un fenómeno que cambió las estructuras del teatro de la Argentina y que sirvió de modelo para el nacimiento de buena parte del actual teatro de arte de América Latina. Teatro Abierto fue hijo directo de aquel movimiento, heredero del mismo espíritu de disconformidad con el arte comercial, y de resistencia cultural a los sectores más reaccionarios de la sociedad.Los protagonistas de Teatro Abierto suelen recordar esta continuidad, que no es casual. En 1930 se produjo el primer golpe de Estado y a partir de ahí comenzarían más de 50 años de gobiernos con fuerte presión militar sobre la sociedad argentina. Naturalmente, la cultura en general y el arte en especial serían las víctimas preferidas del fascismo.
Hasta 1945 se sucedieron una serie de gobiernos ilegítimos que llegaron al poder mediante el fraude o la violencia; entre 1945 y 1955 se instaló la década peronista (legítima en lo político, pero rígida también en lo cultural); de 1955 a 1983 se alternaron los gobiernos civiles con regímenes militares cada vez más violentos. Salvo los tres años de gobierno radical de Arturo Illia son casi 30 años donde imperan la censura y la auto-censura, tiempos de convulsiones políticas. A medida que fue creciendo la resistencia popular la respuesta fue más dura, hasta llegar a la brutal dictadura genocida de 1976.
Tanto en épocas de dictadura como de dictablandas, en tiempos de gobiernos militares violentos o de gobiernos civiles ilegítimos, el sistema mantuvo una misma estrategia represiva hacia el teatro. Permitía la presencia de espectáculos de arte, pero le ponía como condición que se encerrara en pequeños espacios. Es decir, el teatro podía existir siempre y cuando no se notara, siempre y cuando lo escucharan sólo los convencidos.Contrariamente a lo que ocurrió en la España de Franco, el Chile de Pinochet o en Uruguay y Brasil bajo regímenes militares, en la Argentina no se aplicó nunca la censura previa. Aún en los momentos más duros los espectáculos se estrenaban sin ninguna inspección; las obras no estaban obligadas a ser indagadas antes de subir al escenario. Claro que quien se animaba a sacar la cabeza corría el peligro de perderla. Entonces empezaba a funcionar la autocensura. Los empresarios de las grandes salas estrenaban solo comedias intrascendentes y en los teatros de arte se eludían aquellos textos directamente políticos. El hombre precavido -suele suceder- es más papista que el Papa.
En los teatros oficiales la censura no estaba oficializada, pero de todas maneras, la elección del repertorio y de los intérpretes era responsabilidad de los directores -funcionarios designados por el gobierno de turno- que aplicaban la política discriminatoria. De hecho, no subía a escena ninguna obra de los autores argentinos cuestionadores del sistema, lo que equivale a decir casi todos, ni se convocaba a ningún actor o director catalogado de izquierdista. Los resistentes eran confinados a la actividad privada, obligados a recluirse en los pequeños teatros.Y era en los pequeños teatros de arte donde aparecían los mayores riesgos, pero cada estreno estaba cargado de nerviosismo, de desconfianza e inseguridad, mucho más si el espectáculo tenía una intencionalidad política o social.. Lógicamente, no se produjeron a partir de 1976 obras que atacaran directamente al gobierno militar, pero hubo algunas cuya lectura era inocultablemente antifascista. El régimen las dejó pasar con su tradicional estrategia de no prohibir aquello que no tenía notoriedad, que sólo llegaba a los convencidos. Los ingenuos estaban resguardados por una censura que impedía cualquier desliz en los medios masivos de comunicación, tales como la televisión o el cine.Por eso, Teatro Abierto pudo ser soñado y pudo nacer. Cuando el régimen tomó conciencia de que era un hecho significativo envió un comando de represores para que incendiara la sala, el Teatro del Picadero, donde se estaba desarrollando. Todo lo que logró fue convertir a Teatro Abierto en un fenómeno político, en un acto masivo de resistencia.
Porque Teatro Abierto nació como un delirio de las catacumbas y terminó compartiendo las luces de la notoria calle Corrientes, lo que demuestra que las cosas no salen siempre como los poderosos lo escriben de antemano. A los militares argentinos, por ejemplo, tan expertos en armas, con Teatro Abierto el tiro les salió por la culata.

domingo, agosto 10, 2008




LA MURGA CAMINÓ EN VILLA URQUIZA


Ariel Prat jugó de local en “el 25”


En un emotivo recital, "el Juglar" presentó su último trabajo “Negro y Murguero” en el Complejo Cultural / Cine Teatro 25 de Mayo.


Por Fernando Belvedere




Cuatro años atrás, en plena lucha de "Vecinos x el 25" para recuperar el mítico Petit Colón villurquero, un Ariel Prat emocionado deseó con todas sus fuerzas cantar algún día en el viejo Cine teatro de su infancia, en cuyo escenario alguna vez bailó su abuela y cantó Carlos Gardel.


Y el sueño se cumplió el pasado 11 de julio… El recital comenzó con las palabras de Corina Cruciani, directora “del 25”, quien dio la bienvenida al juglar y fue también quien le entregó el diploma por el cual la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires nombró a Ariel Prat como “Personalidad Destacada de la Cultura” por su aporte al estudio de los orígenes negros del tango, el candombe y la rítmica murguera, los sonidos nietos de la negritud exterminada, hermanos poco reconocidos del tango que terminaron "explotando" en gran parte de la juventud argentina como un símbolo de identidad y protesta social.


Un Prat conmovido por la presencia de tantos seres queridos dijo que “todos estos años musicales y poéticos recorridos no hubiesen sido posibles sin ciertos hombros indispensables, voluntades, alientos y bolsillos".


Quiero agradecer a aquellos compañeros de ruta que no ganan fortunas conmigo pero el compromiso es a plazo fijo, sobre todo leal. A los amigos de siempre, y a los que se fueron sumando al fogón y permitir el sueño del cantor. También agradezco a los grandes maestros que me dieron la luz y la existencia: Hugo del Carril, Corsini, Alberto Castillo, Cadícamo, Julián Centeya, “el polaco”, el flaco Spinetta y los viejos murgueros que alumbraron mi ilusión de pibe hace cuarenta años, aquí, en la querida avenida Triunvirato”.


El teatro reventó en aplausos, cuando el juglar agradeció especialmente a los vecinos del barrio que lucharon “para que este templo no se convirtiera en un mercado del escolaso”, y después de reconocer a las autoridades del teatro por el cálido recibimiento y trato, les pidió “tirar para adelante junto con los vecinos”.


Prat y su banda, compuesta por Nano Campoliete en guitarra, Miguel Suárez en bajo, Alejandro Caraballo en bombo murguero y Esteban Buazzo en percusión, además de la participación de Juan Subirá en teclados y Daniel Buira en tambores, tocaron temas de su último disco "Negro y murguero", que rescata la trama percusiva del tango y su origen negro a través de una potente sonoridad proveniente de la murga porteña con su rítmica asentada en el bombo con platillo y su recurrencia a la milonga, el milongón, el guariló y el candombe de Buenos Aires.


También interpretó poesías de Julián Centeya musicalizadas por Prat como "El negro Bamba" y "Negro te duele", y temas con letra y música propios como "Bailaba Delia", "El zurdito" y "La murga camina".


Antes de terminar el recital subió al escenario “el pelado” Gustavo Cordera (voz líder de la Bersuit Vergarabat) para cantar la canción "Al calor del hogar” junto a su autor, Ariel Prat:


Mi casa era un abrazo con aromas/ afuera el mar oleaba en adoquines/ por suerte había chapas que en la siesta/ hacían que llover no fuera triste (…) Jamás podré elogiar a mi pobreza/ tan sólo es el cristal de mi pasado/ que suena como copa en esta noche y abraza con su vino destapado..." En el final Prat pidió al público levantarse de sus butacas y bajar a la platea para sacarse el almidón y empezar a revolear piernas y brazos al ritmo de “La murga camina” y “Los trasplantados de Madrid”, transformando la sala principal del “25” en un auténtico carnaval.En declaraciones a ParqueChasWeb, Ariel Prat dijo haberse sentido “muy feliz, en armonía y sobre todo con mucho encuentro, con el de mi gente querida".


¡Hasta la vuelta Juglar!




Fotos: ParqueChasWeb
Ariel Prat y su tango negro en Villa Urquiza
Por Germán Marcos

En su último concierto antes de regresar a España, el juglar recorrió su repertorio en el imponente teatro 25 de Mayo. Y se dio el gusto de tener por primera vez sobre el escenario a Gustavo Cordera para cantar “Al olor del hogar”

Cada vez que Prat viene de visita a su país, realiza varios conciertos. Pero siempre se guarda uno que, por alguna característica especial, se transforma en irrepetible, verdaderamente mítico. Pasó en 2006 en la Estación de los Deseos, con entradas populares y rodeado de murgueros que con sus saltos levantaron la polvareda del piso y transformaron el galpón en un corso invernal. Volvió a ocurrir el año pasado en el Astrolabio, poco publicitado eintimista. La semana pasada golpeó de nuevo en el barrio que lo vio nacer.
Primero, hizo una miniceremonia donde autoridades del Gobierno le entregaron el diploma de “Personalidad Destacada de la Cultura”. Luego salió por el foro y entraron sus músicos. Pisando fuerte en los tablones del Teatro un ritmo centenario que con la acústica de la sala, reverberó con profundidad y sentó las bases para dar comienzo a la fiesta. Arrancó con “La Murga Camina” y remató su entrada con el himno del carnaval 2006 “Viene Alumbrando la Esquina”, editado en el disco “Carnaval Porteño Volumen 1”, recopilación de las mejores canciones de las murgas de Buenos Aires con calidad “Surraund”En el 25 de Mayo, Ariel Prat repasó el repertorio de Negro y Murguero, su último disco: “Milonga de las Quimeras”, “Señor Pamela” (una letra de Alejandro Szwarcman que narra la historia de un cantor que otrora fuera travesti en Godoy Cruz, y del que la gente dice que “le sobra esquina”), “Bailaba Delia” (dedicado a su abuela que décadas atrás bailó en el mismo escenario del 25 de mayo. Una canción tan sensiblemente emotiva que te corta la garganta), “El Zurdito” (dedicado a su pasado futbolero y cebollita, también inspirado en Lionel Messi y que en la lista de temas del show ubicado en el puesto número diez), los dos poemas musicalizados de Julián Centeya, “Te duele Negro” y " Negro Bamba” y la historia de amor de Los Amantes de la Boca, entre un murguista uruguayo y una murguera argentina inmortalizada en “Rumba y Tres Saltos” El cierre del show comenzó con el hit de los emigrados o “Los Transplantados de Madrid”, “La Retirada” y tras la ovación, la “Entrada Tradicional Murguera”. Como sorpresa, tal vez hasta para el propio Prat, irrumpió sobre el escenario el cantante de Bersuit Vergarabat, el pelado Gustavo Cordera, para cantar “Al Olor del Hogar”, tema emblema de la Bersuit escrito por Ariel Prat, y que según comentó en los camarines, jamás había hecho en un concierto suyo con Cordera de invitado.
El fin llegó con un bis de “La Murga Camina”, con Prat y su levita verde, silbato rojo en la boca, con Mingo Romano, legendario recitador, historia viviente de la murga porteña que subió sin su levita peronista a decir una glosa, acompañado tambien por el percusionista Dani Buira, director de “La Chilinga” que también estuvo invitado en un par de temas, el pianista e integrante de Bersuit Juan Subirá y el propio Juglar tocando unos cajones peruanos para acompañar el final murguero junto a todos sus músicos y con los pasillos del teatro colmados de pibes que bajaron del pullman para bailar “a los saltos con su arte”, para murguear “sin quedarse con las ganas”.

sábado, julio 19, 2008

Cabecita Negra
Germán Rozenmacher



A Raúl Kruschovsky

El señor Lanari no podía dormir. Eran las tres y media de la mañana y fumaba enfurecido, muerto de frío acodado en ese balcón del tercer piso, sobre la calle vacía, temblando encogido dentro del sobretodo de solapas levantadas. Después de dar vueltas y vueltas en la cama, de tomar pastillas y de ir y venir por la casa frenético y rabioso como un león enjaulado, se había vestido como para salir y hasta se había lustrado los zapatos.
Y ahí estaba ahora, con los ojos resecos, los nervios tensos, agazapado escuchando el invisible golpeteo de algún caballo de carro de verdulero cruzando la noche, mientras algún taxi daba vueltas a la manzana con sus faros rompiendo la neblina, esperando turno para entrar al amueblado de la calle Cangallo, y un tranvía 63 con las ventanillas pegajosas, opacadas de frío, pasaba vacío de tanto en tanto, arrastrándose entre las casas de uno o dos a siete pisos y se perdía, entre los pocos letreros luminosos de los hoteles, que brillaban mojados, apenas visibles, calle abajo.
Ese insomnio era una desgracia. Mañana estaría resfriado y andaría abombado como un sonámbulo todo el día. Y además nunca había hecho esa idiotez de levantarse y vestirse en plena noche de invierno nada más que para quedarse ahí, fumando en el balcón. ¿A quién se le ocurría hacer esas cosas? Se encogió de hombros, angustiado. La noche se había hecho para dormir y se sentía viviendo a contramano. Solamente él se sentía despierto en medio del enorme silencio de la ciudad dormida. Un silencio que lo hacía moverse con cierto sigiloso cuidado, como si pudiera despertar a alguien. Se cuidaría muy bien de no contárselo a su socio de la ferretería porque lo cargaría un año entero por esa ocurrencia de lustrarse los zapatos en medio de la noche. En este país donde uno aprovechaba cualquier oportunidad para joder a los demás y pasarla bien a costillas ajenas había que tener mucho cuidado para conservar la dignidad. Si uno se descuidaba lo llevaban por delante, lo aplastaban como a una cucaracha. Estornudó. Si estuviera su mujer ya le habría hecho uno de esos tes de yuyos que ella tenía y santo remedio. Pero suspiró desconsolado. Su mujer y su hijo se habían ido a pasar el fin de semana a la quinta de Paso del Rey llevándose a la sirvienta así que estaba solo en la casa. Sin embargo pensó, no le iban tan mal las cosas. No podía qúejarse de la vida. Su padre había sido un cobrador de la luz -un inmigrante que se había muerto de hambre sin haber llegado a nada. El señor Lanari había trabajado como un animal y ahora tenía esa casa del tercer piso cerca del Congreso, en propiedad horizontal y hacía pocos meses había comprado el pequeño Renault que ahora estaba abajo, en el garaje y había gastado una fortuna en los hermosos apliques cromados de las portezuelas. La ferretería de la Avenida de Mayo iba muy bien y ahora tenía también la quinta de fin de semana donde pasaba las vacaciones. No no podía quejarse. Se daba todos los gustos. Pronto su hijo se recibiría de abogado y seguramente se casaría con alguna chica distinguida. Claro que había tenido que hacer muchos sacrificios. En tiempos como éstos donde los desórdenes políticos eran la rutina había estado varias veces al borde de la quiebra. Palabra fatal que significaba el escándalo, la ruina, la pérdida de todo. Había tenido que aplastar muchas cabezas para sobrevir porque si no, hubieran hecho lo mismo con él. Así era la vida. Pero había salido adelante. Además cuando era joven tocaba el violín y no había cosa que le gustase más en el mundo. Pero vio por delante un porvenir dudoso y sombrío lleno de humillaciones y miseria y tuvo miedo. Pensó que se debía a sus semejantes, a su familia, que en la vida uno no podía hacer todo lo que quería, que tenía que seguir el camino recto, el camino debido y que no debía fracasar. Y entonces todo lo que había hecho en la vida había sido para que lo llamaran "señor". Y entonces juntó dinero y puso una ferretería. Se vivía una sola vez y no le había ido tan mal. No señor. Ahí afuera, en la calle, podían estar matándose. Pero él tenía esa casa, su refugio, donde era el dueño, donde se podía vivir en paz, donde todo estaba en su lugar, donde lo respetaban. Lo único que lo desesperaba era ese insomnio. Dieron las cuatro de la mañana. La niebla era más espesa. Un silencio pesado había caído sobre Buenos Aires. Ni un ruido. Todo en calma. Hasta el señor Lanari tratando de no despertar a nadie, fumaba, adormeciéndose.

De pronto una muier gritó en la noche. De golpe. Una mujer aullaba a todo lo que daba como una perra salvaje y pedía socorro sin palabras, gritaba en la neblina, llamaba a alguien, a cualquiera. El señor Lanari dio un respingo, y se estremeció, asustado. La mujer aullaba de dolor en la neblina y parecía golpearlo con sus gritos como un puñetazo. El señor Lanari quiso hacerla callar, era de noche, podía despertar a alguien, había que hablar más bajo. Se hizo un silencio. Y de pronto la mujer gritó de nuevo, reventando el silencio y la calma y el orden, hacienclo escándalo y pidiendo socorro con su aullido visceral de carne y sangre, anterior a las palabras, casi un vagido de niña, desesperado y solo.
El viento siguió soplando. Nadie despertó. Nadie se dio por enterado. Entonces el señor Lanari bajó a la calle y fue en la niebla, a tientas, hasta la esquina. Y allí la vio. Nada más que una cabecita negra sentada en el umbral del hotel que tenía el letrero luminoso "Para Damas" en la puerta, despatarrada y borracha, casi una niña, con las manos caídas sobre la falda, vencida y sola y perdida, y las piernas abiertas bajo la pollera sucia de grandes flores chillonas y rojas y la cabeza sobre el pecho y una botella de cerveza bajo el brazo.
­Quiero ir a casa, mamá ­lloraba­. Quiero cien pesos para el tren para irme a casa.
Era un china que podía ser su sirvienta sentada en el último escalón de la estrecha escalera de madera en un chorro de luz amarilla.
El señor Lanari sintió una vaga ternura, una vaga piedad, se dijo que así eran estos negros, qué se iba a hacer, la vida era dura, sonrio, sacó cien pesos y se los puso arrollados en el gollete de la botella pensando vagamente en la caridad. Se sintió satisfecho. Se quedó mirándola, con las manos en los bolsillos, despreciándola despacio.
­¿Qué están haciendo ahí ustedes dos? ­la voz era dura y malévola. Antes que se diera vuelta ya sintio una mano sobre su hombro.
­A ver, ustedes dos, vamos a la comisaría. Por alterar el orden en la via pública.
El señor Lanari, perplejo, asustado, le sonrió con un gesto de complicidad al vigilante.
­Mire estos negros, agente, se pasan la vida en curda y después se embroman y hacen barullo y no dejan dormir a la gente.
Entonces se dio cuenta que el vigilante también era bastante morochito pero ya era tarde. Quiso empezar a contar su historia.
­Viejo baboso ­dijo el vigilante mirando con odio al hombrecito despectivo, seguro v sobrador que tenía adelante­. Hacéte el gil ahora.
El voseo golpeó al señor Lanari como un puñetazo.
­Vamos. En cana.
El señor Lanari parpadeaba sin comprender. De pronto reaccionó violentamente y le gritó al policía.
­Cuidado señor, mucho cuidado. Esta arbitrariedad le puede costar muy cara. ¿Usted sabe con quién está hablando?­Había dicho eso como quien pega un tiro en el vacío. El señor Lanari no tenía ningún comisario amigo.
­Andá, viejito verde, andá, ¿te creés que no me di cuenta que la largaste dura y ahora te querés lavar las manos? ­ dijo el vigilante y lo agarró por la solapa levantando a la negra que ya había dejado de llorar y que dejaba hacer, cansada, ausente y callada mirando simplemente todo. El señor Lanari temblaba. Estaban todos locos. ¿Qué tenía que ver él con todo eso? Y además ¿qué pasaría si fuera a la comisaría y aclarara todo y entonces no lo creyeran y se complicaran más las cosas? Nunca había pisado una comisaría. Toda su vida había hecho lo posible para no pisar una comisaría. Era un hombre decente. Ese insomnio había tenido la culpa Y no había ninguna garantía de que la policía aclarase todo. Pasaban cosas muy extrañas en los últimos tiempos. Ni siquiera en la policía se podía confiar. No. A la comisaría no. Sería una verguenza inútil.
­Vea agente. Yo no tengo nada que ver con esta mujer­ dijo señalándola. Sintió que el vigilante dudaba. Quiso decirle que ahí estaban ellos dos, del lado de la ley y esa negra estúpida que se quedaba callada, para peor, era la única culpable.
De pronto se acercó al agente que era una cabeza más alto que él, y que lo miraba de costado, con desprecio, con duros ojos salvajes, inyectados y malignos, bestiales con grandes bigotes de morsa. Un animal. Otro cabecita negra.
­Señor agente ­le dijo en tono confidencial y bajo como para que la otra no escuchara, parada ahí, con la botella vacía como una muñeca, acunándola entre los brazos, cabeceando, ausente como si estuviera tan aplastada que ya nada le importaba.
­Venga a mi casa, señor agente. Tengo un coñac de primera. Va a ver que todo lo que le digo es cierto.­Y sacó una tarjeta personal y los documentos y se los mostró­. Vivo ahí al lado­gimió casi, manso y casi adulón, quejumbroso, sabiendo que estaba en manos del otro sin tener ni siquiera un diputado para que sacara la cara por él y lo defendiera. Era mejor amansarlo, hasta darle plata y convencerlo para que lo dejara de embromar.
El agente miró el reloj y de pronto, casi alegremente, como si el señor Lanari le hubiera propuesto una gran idea, lo tomó a él por un brazo y a la negrita por otro y casi amistosamente se fue con ellos. Cuando llegaron al departamento el señor Lanari prendió todas las luces y le mostró la casa a las visitas. La negra apenas vio la cama matrimonial se tiró y se quedó profundamente dormida.
Qué espantoso, pensó, si justo ahora llegaba gente, su hijo o sus parientes o cualquiera, y lo vieran ahí, con esos negros, al margen de todo, como metidos en la misma oscura cosa viscosamente sucia; sería un escándalo, lo más horrible del mundo, un escándalo y nadie le creería su explicación y quedaría repudiado, como culpable de una oscura culpa, y yo no hice nada mientras hacía eso tan desusado, ahí a las 4 de la mañana, porque la noche se había hecho para dormir y estaba atrapado por esos negros, él, que era una persona decente, como si fuera una basura cualquiera, atrapado por la locura, en su propia casa.
­Dame café­dijo el policía y en ese momento el señor Lanari sintió que lo estaban humillando. Toda su vida había trabajado para tener eso, para que no lo atropellaran y así de repente, ese hombre, un cualquiera, un vigilante de mala muerte lo trataba de che, le gritaba, lo ofendía. Y lo que era peor, vio en sus ojos un odio tan frío, tan inhumano, que ya no supo qué hacer. De pronto pensó que lo mejor sería ir a la comisaría porque aquel hombre podría ser un asesino disfrazado de policía que había venido a robarlo y matarlo y sacarle todas las cosas que había conseguido en años y años de duro trabajo, todas sus posesiones, y encima humillarlo y escupirlo. Y la mujer estaba en toda la trampa como carnada. Se encogió de hombros. No entendía nada. Le sirvió café. Después lo llevó a conocer la biblioteca, Sentía algo presagiante, que se cernía, que se venía. Una amenaza espantosa que no sabía cuando se le desplomaría encima ni cómo detenerla. El señor Lanari, sin saber por qué, le mostró la biblioteca abarrotada con los mejores libros. Nunca había podido hacer tiempo para leerlos pero estaban allí. El señor Lanari tenía su cultura. Había terminado el colegio nacional y tenía toda la historia de Mitre encuadernada en cuero. Aunque no había pedido estudiar violín tenía un hermoso tocadistos y allí, posesión suya, cuando quería, la mejor música del mundo se hacía presente.
Hubiera querido sentarse amigablemente y conversar de libros con ese hombre. Pero ¿de qué líbros podría hablar con ese negro? Con la otra durmiendo en su cama y ese hombre ahí frente suyo, como burlándose, sentía un oscuro malestar que le iba creciendo, una inquietud sofocante. De golpe se sorprendió que justo ahora quisiera hablar de libros y con ese tipo. El policía se sacó los zapatos, tiró por ahí la gorra, se abrió la campera y se puso a tomar despacio.
El señor Lanari recordó vagamente a los negros que se habían lavado alguna vez las patas en las fuentes de plaza Congreso. Ahora sentía lo mismo. La misma vejación, la misma rabia. Hubiera querido que esuviera ahí su hijo. No tanto para defenderse de aquellos negros que ahora se le habían despatarrado en su propia casa, sino para enfrentar todo eso que no tenía ni pies ni cabeza y sentirse junto a un ser humano, una persona civilizada. Era como si de pronto esos salvajes hubieran invadido su casa. Sintió que deliraba y divagaba y sudaba y que la cabeza le estaba por estallar. Todo estaba al revés. Esa china que podía ser su sirvienta en su cama y ese hombre del que ni siquiera sabía a ciencia cierta si era policía, ahí, tomando su coñac. La casa estaba tomada.
­Qué le hiciste­dijo al fin el negro.
­Señor, mida sus palabras. Yo lo trato con la mayor consideración. Así que haga el favor de. . .­el policía o lo que fuera lo agarró de las solapas y le dio un puñetazo en la nariz. Anonadado, el señor Lanari sintió cómo le corría la sangre por el labio. Bajó los ojos. Lloraba. ¿Por qué le estaba haciendo eso? ¿Qué cuentas le pedían? Dos desconocidos en la noche entraban en su casa y le pedían cuentas por algo que no entendía y todo era un manicomio.
­Es mi hermana. Y vos la arruinaste. Por tu culpa ella se vino a trabajar como muchacha, una chica una chiquilina, y entonces todos creen que pueden llevársela por delante. Cualquiera se cree vivo ¿eh? Pero hoy apareciste, porquería, apareciste justo y me las vas a pagar todas juntas. Quién iba a decirlo, todo un señor...
El señor Lanari no dijo nada y corrió al dormitorio y empezó a sacudir a la chica desesperadamente. La chica abrió los ojos, se encogió de hombros, se dio vuelta y siguió durmiendo. El otro empezó a golpear]o, a patear]o en la boca del estómago, mientras el señor Lanari decía no, con la cabeza y dejaba hacer, anonadado, y entonces fue cuando la chica despertó y lo miró y le dijo al hermano:
­Este no es, José. ­Lo dijo con una voz seca, inexpresiva, cansada, pero definitiva. Vagamente el señor Lanari vio la cara atontada, despavorida humillada del otro y vio que se detenía bruscamenté y vio que la mujer se levantaba, con pesadez, y por fín, sintió que algo tontamente le decía adentro "Por fin se me va este maldito insomnio" y se quedó bien dormido. Cuando despertó, el sol estaba alto y le dio en los ojos, encegueciéndolo. Todo en la pieza estaba patas arriba, todo revuelto y le dolía terriblemente la boca del estómago. Sintió un vértigo, sintió que estaba a punto de volverse loco y cerró los ojos para no girar en un torbellino. De pronto se precipitó a revisar todos los cajones, todos los bolsillos, bajó al garaje a ver si el auto estaba todavía, y jadeaba, desesperado a ver si no le faltaba nada. ¿Qué hacer a quién recurrir? Podría ir a la comisaría, denunciar todo pero ¿denunciar qué? ¿Todo había pasado de veras? "Tranquilo, tranquilo, aquí no ha pasado nada", trataba de decirse pero era inútil: le dolía la boca del estómago y todo estaba patas arriba y la puerta de calle abierta. Tragaba saliva. Algo había sido violado. "La chusma", dijo para tranquilizarse, "hay que aplastarlos, aplastarlos", dijo para tranquilizarse. "La fuerza pública", dijo, "tenemos toda la fuerza pública y el ejército", dijo para tranquilizarse. Sintió que odiaba. Y de pronto el señor Lanari supo que desde entonces jamás estaría seguro de nada. De nada.



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de "Cabecita Negra", Centro Editor de América Latina, © 1972
Cabecita Negra
































Esta es una versión en historieta aparecida en el libro La Argentina en pedazos de Ricardo Piglia
Dibujos de Solano López
Adaptación de Eugenio Mandrini
"La Argentina en pedazos" es propiedad intelectual de Ediciones La Urraca, © 1993

jueves, junio 12, 2008

Glosas Murgueras
Expresiones, testimonios, reflexiones:
Compilación y edición: Pupita La Mocuda [1]

“¿Qué es una glosa?” Será esta pregunta de Maxi de la murga Pateando contra el Viento, murga de Neuquén – límpido signo de los tiempos que corren en los que, luego de décadas de soterramiento y desmemoria, esta expresión del arte popular resurge y se arraiga merecidamente en cada rincón del territorio argentino – lo que de pie a la confluencia de correlaciones, de ideas, de palabras, de sonidos y de imágenes.
Es Alfredo Armando Aguirre de Los Prisioneros del Delirio de Sarandí quien así presenta su glosa en primera instancia:
“Yo le quiero describir
A esa persona lejana
En qué consiste una glosa
Sea rural o suburbana.
Una glosa es la proclama
Que cual mascarón de proa
Representa ante la gente
Lo mejor de cada murga.
En cada glosa se urge
Lo mejor y lo peor;
Allí sucumbe el que estafa,
La esperanza de la gente;
Allí se encumbra al que cumple
Con la palabra empeñada.
No sé, si con estos versos
Escritos a la apurada S
atisfago la inquietud
e llega desde Neuquén.
Mas si se trata tan solo
De tener alguna idea,
Acá te mando un botón
Para que sirva de muestra
Como en la Reina del Plata
Y en el amplio conurbano
El pueblo con los murgones
Van al frente de la mano.”
Señala Nelly de Los Guardianes de Mugica: “¡Excelente descripción! Glosa de presentación, glosa de crítica, glosa de homenaje, glosa de retirada. ¿Me faltó alguna? ¡Cuánto se puede expresar a través de ellas! ¿Verdad? Sobre todo cuando se está libre de poder decir lo que uno siente, piensa y sueña.” S
eguidamante, anais de Atrevidos por Costumbre de Palermo sostiene: “La glosa es el recitado que se hace sobre algo. En la Murga, es el recitado de presentación (antes de la canción), a veces entremedio de las canciones, y antes de la retirada. Originalmente las glosas tenían rima. Hoy, a veces, no la tienen. Cuestión estética o de "falta de ideas", no lo sé… Estas glosas salen de la estética del tango, y estaban a cargo del Maestro de Ceremonias, quien se encargaba de presentar cantantes, orquestas y canciones. Hoy, si tienen oportunidad de escuchar a 34 PUÑALADAS, el cantante juega el doble papel de voz y de maestro de ceremonias. No tiene rima, pero la prosa que usa es excelente… A modo de ejemplo (…) dejo el enlace a CORSO LOCO, nuestra retirada, en el que [se puede] escuchar la Glosa y la Retirada en la voz de Luiggi, nuestro presentador. Glosa y letra son creación de Oski Guzmán, uno de los Atrevidos Fundadores de nuestra Murga: http://www.youtube.com/watch?v=YWJ6nhzx_3I …”
Interviene Ruso de Cachengue y Sudor: “…Acá les dejamos las dos glosas que hace Cachengue este año. La de entrada la reflotamos del 2005 porque pintó la nostalgia. La de los Quinientos Años ya es un clásico que no vamos a dejar de hacer nunca. La recitan Lucas y el Negro Jorge antes de las demostraciones de baile. Glosa de entrada: http://www.youtube.com/watch?v=hgh_zocTe0M
Glosa de los Quinientos Años:
Aún, aún se dicen voces, nombres y palabras,
Que suenan añejas de tanto tiempo prohibidas.
Vamos buscando por los barrios,
Bailando misterios junto a la luna.
Ya sabemos Que no tenemos derecho a nada,
Que las dictaduras y el libre mercado
Hasta los sueños han vedado;
Que el derecho lo tiene el que paga
Y el que no tiene, debe y será ajusticiado.
No creas que somos pocos,
En la murga, vive la historia de los nativos de estas tierras,
De los desaparecidos, los siempre exiliados,
Los explotados, nuestros viejos llevados al hambre,
Los desocupados.
Ya sabemos Que hoy, mañana y pasado
Ellos dirán y publicarán sus mentiras,
Dispararán sus balas, decretos y leyes asesinas.
MAS NOSOTROS SOMOS LOS GUARDIANES DE LA ESPERANZA
QUE CRECE Y AVANZA,
DEL SUEÑO SUBVERSIVO Y LIBERTARIO,
DEL AMOR, LA UTOPÍA, QUE NO HAN PODIDO ASESINAR
EN MÁS DE 500 AÑOS DE HISTORIA GENOCIDA.
En este enlace durante el corso de Rescatalegría: http://www.youtube.com/watch?v=6MkPfBux2C8 …”
Afirma Esoj de Eso en mi Barrio es Pelea: “…Una acepción posible para la glosa sería la de "Manifiesto" – tomado en el sentido político antiguo en el cual lo estético no estaba divorciado del contenido: recuerden que, por ejemplo, el Manifiesto Comunista de Marx está muy bien escrito como pieza literaria y no excluye lo poético; empieza: " Un fantasma recorre Europa...". Claro que esto se aplicaría más bien a la glosa de presentación (que debe contener la información que identifique al grupo: nombre, procedencia, intenciones, etcétera). Se me viene a la mente la forma antigua:
Esta murga se formó debajo de una casita
Y por eso le pusimos los foreros de Pupita... etcétera.
Claro que la glosa de presentación no es la única glosa posible, también está la glosa de retirada (“Nos gustó estar acá”, “Nos vamos pero volveremos”, “Hasta el otro carnaval”) y también puede haber otras. En realidad glosa es cualquier texto poético o estético oral (no canción) que se utilice en la presentación de la murga. Además de los ejemplos dados, también es una glosa lo que hace Julio Sosa en su versión de "La Cumparsita", esa que termina diciendo ("Por eso canto tan triste, por eso..."). El tema " Maradó " de los piojos empieza con una miniglosa. La versión de Adriana Varela de "Maquillaje" de los Espósito (no sé si es así en todas las versiones), empieza tomando prestado unos versos de Bartolomé Leonardo de Argensola ("Porque ese cielo azul que todos vemos, ni es cielo, ni es azul...”) y los utiliza como glosa introductoria al tango. En el volumen II del disco de murgas se incluye una glosa bellísimamente dicha por Lagoa, creo. Aquí les mando nuestras últimas glosas. (Las que usamos en "Territorio", no sé si las repetiremos en otros espectáculos). La de presentación es un poco larga:
Aquí me pongo a bailar al compás del redoblante
Y con mi danza elegante me propongo deslumbrar
Taconeando pa´ delante y gambeateando para atrás.
Pido a la amable platea que quiera jugar conmigo
Para hacer carne estas letras, pues muchos nuestros yo he visto
Que por repetir recetas hacen surco y no camino.
Vengan musas olvidadas y me absuelvan del panfleto
Que hay que aguantar la parada y desmalezar el trecho;
No es haber ganado nada tener derecho a un derecho.
Esta murga fue parida en territorio arrasado
Y a través de aquella herida su voluntad va alumbrando.
Un cuerpo sin experiencias, sino se lo pone en juego,
Se va perdiendo en el tiempo, la información lo anestesia
Y lo entrega por su inercia a la religión del miedo.
Y en los campos de batalla los periodistas insisten
Buscando a los moribundos, mas no porque los asisten
Si no para convencerlos de que la guerra...¡ No existe!
Es que el pensamiento único, como su nombre lo indica
Tiene una sola idea fija y de ese "logro" se ufana
Que es:¡poner la otra mejilla con tal de no dar la cara!
¡Caramba con este mundo que ahora le dicen " global "
Que importa que no sea plano, si nos caemos igual !
Un precio determinado para el espejo y el oro
Para amar del mismo modo (sin deseos equivocados)
Y un solo dios para todos, como moneda de cambio.
Sonidos pasteurizados para el oído promedio
Sin versiones ni lunfardos, pre-traducidos, correctos
Parecido en cualquier lado, sin tensiones, sin encuentro.
Que me asista en la pulseada pido a mi señor Dionisios
Pienso ir al choque sin armas, a desafiar con lo mío,
A equivocarme con ganas y mentir como es debido.
Esta murga reciclada va a luchar por lo queda
Y es por eso que se llama: " Eso en mi barrio es pelea".

Fragmento. Texto completo en:
http://dalemurga.blogspot.com/2008_04_01_archive.html

[1] A partir de mensajes e intercambios enviados al Grupo de Encuentro y Debate Murguero
¡Dale Murga! En: http://ar.groups.yahoo.com/group/dalemurga/

sábado, mayo 03, 2008


[4]

- Las primeras noticias que yo tengo de Cachengue y Sudor datan del año 1996 más o menos, con unos trajes de arpillera marroncita con apliques, un solo bombo con platillo y todo el entusiasmo del mundo. ¿Vos cuándo te subís al tren cachenguero? ¿Tenés recuerdos del nacimiento, de esos momentos inaugurales?
- Ante todo, me encantaría saber cómo te llega ese dato, Pupita...
- No es simplemente un dato que me llega. Tiene que ver con mis vivencias murgueras.

- Para ser precisos, el alumbramiento del murgón se dio en septiembre de 1995, en el Instituto de Tiempo Libre y Recreación, en un taller que se dictó ese mes. Es más, cuenta la leyenda que en el último día de ese curso, el 26, se definió el nombre, dejando la elección de la Arpillera para unos meses después. En cuanto a lo particular, me sumé a Cachengue a fines de 2000 en la previa del debut de la Arpillera en el carnaval. Es que hasta allí, la murga sólo actuaba en el I.S.T.L.Y.R.[v] o en eventos a los que la convocaran. Sobre mis inicios en la murga, te puedo contar que fue un acontecimiento clave en mi vida dado un particular momento emocional. Con la llegada a Cachengue consumé además el amor murguero que latía en mí desde chico cuando los ensayos de Los Chiflados de Liniers me obnubilaban, sin poder acceder a la murga por una cuestión de seguridad en esa época: con ocho o nueve años, mis padres temían por mi salud, dados los enfrentamientos internos entre murgueros y/o público de aquella época.
- ¿Qué camino ha recorrido Cachengue y Sudor en estos años de existencia tanto a nivel estético como organizativo?
- En ambos sentidos, el camino fue arduo: en cuanto a lo estético, hemos ido progresando en todos los ítems imaginados, ya sea vestimenta o espectáculo. Aunque renegamos del estigma de los guantes blancos, las topper blancas y el raso, cada uno de nosotros se fue enamorando de su traje como para que cobrara vida propia, por ejemplo, lejos del pragmatismo de los Centro Murga. Y, respecto de lo que queremos artísticamente, siempre mantuvimos una línea, alejada de lo clásico en cuanto a murga, y a la que tratamos de mejorar año tras año, con las complicaciones lógicas de un trabajo que se lleva a cabo sin directores ni maestros ciruela. Por suerte, hemos salido airosos siempre, satisfechos con el producto, pero sin relajarnos, buscando constantemente ir a más. Una prueba es que este año contratamos una persona que nos arregla las voces.
- ¿Cómo se conforma la murga actualmente; qué tipo de configuración la describe mejor?
- Durante el año, en la murga conviven entre quince y treinta personas de acuerdo a la energía disponible, sin obligaciones ni listado de faltas. Lo único que seguimos tratando de aceitar es el funcionamiento de distintas comisiones - percusión, baile, espectáculo, finanzas, fantasías… – sin directores. Yo nos calificaría como un grupo de anarcos intentando laburar codo a codo.
- ¿Qué es Cachengue y Sudor? ¿Cómo describirían lo que hacen? En general, ¿hay una tipología que defina a los integrantes de Cachengue y Sudor?

- Cachengue y Sudor es la Murga de Arpillera. Simple. Hacemos murga. Ni porteña, ni Centro Murga, ni Agrupación Murguera, ni Murga Uruguaya.
Simplemente Murga, tratando de divertirnos y de generar un producto que alegre los corazones del público. Sobre los integrantes, el común denominador es el interés respecto de lo que pasa a nivel social en todo aspecto por lo que generalmente la murga se torna un lugar de confluencia de luchadores sociales, docentes y personas preocupadas por cambiar, aunque sea en algo, el mundo de hoy.

- ¿Qué clase de inquietudes, anhelos, motivaciones colectivas los mueven como agrupamiento?
- El principal deseo pasa por ofrecer un espectáculo que le deje un mensaje al público, en referencia a la realidad que creemos que se debe modificar. Esa es la meta. Como dice nuestra ya clásica glosa: "Somos los guardianes de la esperanza, que crece y avanza, del sueño subversivo y libertario, del amor, la utopía, que no han podido asesinar en más de quinientos años de historia genocida".
- ¿Qué inserción estético-artística les interesa explorar? ¿Qué conexiones sincrónicas y diacrónicas, es decir, con qué otras murgas de este momento histórico y con la tradición murguera les parece que dialoga Cachengue y Sudor tanto de nuestro país como a nivel más regional, por ejemplo, lo rioplatense?
- Sin dudas, apuntamos a una inserción diferente de la actual. Sin renegar de ella, apuntamos a un trabajo bien diferenciado de lo que es la murga tradicional, basándonos en el gusto personal que cada uno de nosotros arrastra. De ahí que en su momento, en las reuniones de la Agrupación M.U.R.G.A.S.
[vi] nos catalogaran como "los uruguayos", por nuestro afán de cantar bien, algo por lo que no se preocupan la mayoría de las murgas porteñas. De hecho, hasta hay bromas internas hacia los más fanáticos de lo montevideano, aun a sabiendas de que en diciembre de 2007 fuimos la murga argentina invitada a la Bolsa de Murgas, un encuentro de murgas independientes en Montevideo, enlace realizado por la murga Tate Quieto, que fuera el grupo oriental invitado en Suardi 2007. Sin embargo, somos adeptos a murgas como Pasión Quemera, Los Mocosos de Liniers, Quitapenas. A la vez que es muy fuerte el cariño y el gusto por el estilo de murga oriental. Nos conecta a las murgas porteñas el amor por el género, pero sin encasillamientos. Aborrecemos el 70% de bombo con platillo, aunque hoy por hoy en Cachengue ese porcentaje sea mayor, por ejemplo.[vii] Pero nadie nos quita de la cabeza la lucha de las agrupaciones para reinstaurar un género tan vilipendiado por los gobiernos y la sociedad, por lo que aspiramos a lo mismo desde otro lugar.
- ¿Entonces pensás que lo mejor o lo único que se puede hacer colectivamente con una tradición cultural es transformarla y resignificarla para que no muera? ¿Los cambios a la larga son inevitables? O preguntado de otra manera: ¿Ves en Cachengue algo de esos Chiflados de tu niñez?
- Sin duda considero que los cambios son inevitables, aunque no creo que sea lo mejor o lo único. Eso es una cuestión personal que respeto, aunque mi ideal vaya por el camino de la modificación constante como pasa en todo ámbito de la vida. Respecto del recuerdo que tengo de Los Chiflados y la realidad de Cachengue no veo punto de comparación más que en el amor a la murga, la pasión por murguear, que es lo que nos mueve a nosotros como los movía a ellos en aquella época.

- ¿Les preocupa lo histórico específicamente argentino en la cuestión murguera, es decir, los quiebres, las continuidades, las penurias que sufrió el género durante tantos años y que en definitiva - creo - dan un marco muy particular que la distancian de otras expresiones como puede ser la uruguaya?
- Junto a las murgas independientes, el anhelo es, justamente, un carnaval popular, gratuito y para todo el pueblo. Sabemos de, y mucho penamos por la casi desaparición de las murgas durante comienzos de los años ochenta, por lo que trabajamos durante todo el año para reinsertar el género en los barrios, conocedores de que el nuestro (límite entre Caballito, La Paternal y Villa Crespo) es un terreno complicado. Además, no queremos tener un feriado de carnaval para que la gente se vaya a la costa, sino para que salga a jugar con agua en la vereda y vaya a escuchar a la murga de su barrio. A su vez, estamos en pleno desacuerdo con la privatización del carnaval uruguayo, cuyos derechos fueron comprados por una empresa, Tenfield, que lo transmite por TV, amén de un concurso con el que no concordamos, pero que le dio un salto de calidad innegable a la murga uruguaya, siempre considerando que los murguistas son profesionales.
- ¿Piensan que lo organizativo en un agrupamiento murguero está relacionado con su elección estética? ¿Cómo describirían su estilo organizativo, la manera de tomar decisiones?
- Cachengue se asemeja a una asamblea, dado que todas las decisiones se toman en consenso pleno, ya sea desde lo estructural o lo artístico. Las Comisiones sí tienen quizá cierta autoridad, ya que siempre tratamos de respetar lo que decide cada una de ellas, aunque se pueden modificar sus decisiones. No creo que la estética tenga algo que ver con lo organizativo.
- Yo, al contrario, tengo la sensación de que sí se relacionan pero, a la vez, es una vinculación muy compleja que quizá se vislumbre en el discurso artístico ¿Podés describir cómo se conforma o cómo se estructura un desfile Cachenguero habitual?
- En general, no tenemos una estructura firme a pesar de que buscamos cierta prolijidad. Esto es: primero, lógicamente, marcha el estandarte. Luego los niños, pero simplemente por una cuestión de cuidado, considerando la energía de los bailarines que van detrás. Por lo general, la fila la encabezan las chicas, dado que ellas son las que más se meten en el armado y la creación de los pasos por lo que desde adelante van guiando al resto. Eso sí, no todos hacen los pasos: las chicas tratan de sacarlos siempre, no así los varones. Pero siempre hay machazos que los aprenden y desfilan detrás de las bellezas femeninas. El resto, chicas y chicos vagos o que no pudieron sacar los pasos, desfila libremente al final. Luego va la percusión pero no necesariamente al final ya que la gente que baila libre y los que cargan fantasías suelen ir y venir alrededor de los músicos. Y cuando digo músicos incluyo a damas: en este carnaval que se nos fue tuvimos tres eximias bombistas y una surdista, con promesa de que este año se incrementará esa cifra, Dios Momo quiera...
- ¿Cómo se conforma la percusión?
- La composición de la percusión en cuanto a instrumentos varía de acuerdo a la fluctuación de sus integrantes. Va el ejemplo de este año: aunque renegamos de la regla que indica que para ser murga porteña hay que contar con 70 por ciento de bombos, en el reciente carnaval tuvimos un 70.5 por ciento de bombos. Los instrumentos que acompañan son los clásicos: dos surdos, dos redoblantes y un repique (no tan clásico y bastante despreciado en el ambiente murguero).
- ¿Y las canciones?
- En la composición de las canciones es donde más se aprecia la libertad para crear que da Cachengue, ya que todos los integrantes escriben. Luego se evalúa cuál es la canción más indicada y se define, en asamblea. Obviamente, las melodías pueden variar, pasando por cumbia, rock, tango, vals y chacarera, aunque en el ambiente nos hayan maltratado por cantar y bailar chacareras. Esa libertad, por suerte, nos da una amplitud que nos enamora.
- ¿Cómo es la poética Cachenguera?
- Esta, por ejemplo, es la Glosa de los Quinientos Años. Es nuestra glosa clásica desde hace mucho tiempo por el mensaje que conlleva su letra, algo vital en nuestra concepción de la murga:
Aún, aún se dicen voces, nombres y palabras,
Que suenan añejas de tanto tiempo prohibidas.
Vamos buscando por los barrios
Bailando misterios junto a la luna.
Ya sabemos
Que no tenemos derecho a nada,
Que las dictaduras y el libre mercado
Hasta los sueños han vedado;
Que el derecho lo tiene el que paga
Y el que no tiene, debe y será ajusticiado.
No creas que somos pocos,
En la murga, vive la historia de los nativos de estas tierras,
De los desaparecidos, los siempre exiliados,
Ñiños explotados, nuestros viejos llevados al hambre,
Los desocupados.
Ya sabemos
Que hoy, mañana y pasado
Ellos dirán y publicarán sus mentiras,
Dispararán sus balas, decretos y leyes asesinas.
MAS NOSOTROS
SOMOS LOS GUARDIANES DE LA ESPERANZA
QUE CRECE Y AVANZA,
DEL SUEÑO SUBVERSIVO Y LIBERTARIO,
DEL AMOR, LA UTOPÍA,
QUE NO HAN PODIDO ASESINAR
EN MÁS DE QUINIENTOS AÑOS DE HISTORIA GENOCIDA.”
Esta letra pertenece a Caras Despintadas, es la retirada 2004, con ritmo de Padre Nuestro de Los Fabulosos Cadillacs:
Caras despintadas,
Se van retirando
Los últimos versos
De este murgón.
Volveremos pronto
Con nuestros colores;
Brilla la esperanza
De revolución.

Queremos ver florecer,
Sin resignarnos;
Queremos ver florecer
Los sueños e ilusiones
De este pueblo
Que aún sigue vivo.

No importa en qué barrio
Se arme un escenario,
La gente se junte
Y un bombo se haga escuchar.
Desnudando el alma,
Alcanzando el cielo
Pintan los murgueros
De alegría el arrabal.

Queremos ver florecer,
Sin resignarnos;
Queremos ver florecer
Los sueños e ilusiones
De este pueblo
Que aún sigue vivo.

Se va el estandarte,
Se van las banderas;
Se van los murguistas
Y se pianta un lagrimón.
Se va la murga, se aleja el desfile,
Se apaga el tambor;
Cuando Rey Momo sonríe
Brilla la arpillera, Cachengue y Sudor.

Queremos ver florecer,
Sin resignarnos;
Queremos ver florecer
Los sueños e ilusiones
De este pueblo
Que aún sigue vivo.
Esta otra se llama Las Murgas Vamos Volando. Es la crítica 2006 con ritmo de El Viejo de La Vela Puerca.
Las murgas vamos volando
En busca de un carnaval
Donde haya pibes jugando
Y a nadie nunca más falte el pan

Pero están los ricachones
Que no quieren aflojar;
Se llevan toda la torta
Y te meten tiro si protestás.

Se está cansando la gente;
Se acaba el juego de los que mienten.
Si apagamos hoy la tele
Se enciende la rebelión

Estribillo
Murga, los sueños aquí van;
Amar la tierra no es hacer la libertad
Desenrejar los sueños y el dolor;
Nunca callarnos
pa’ recuperar la dignidad.

Al viejo lo despidieron
Después de tanto sudor
Al mercado de la basura
Encadenados a cartonear.

Y hoy llega esta noche oscura,
La calle es para bailar;
Saltando rompo cadenas;
Laten las murgas sin carnaval.

Juntamos toda esta furia;
Se acaba el miedo, no más penurias.
Con palo, piquete y uñas
Los vamos a destronar.

Esta es la Chacarera de los Presos por Luchar y conforma nuestra crítica 2005:
La solución pa’ los pobres,
Pa’ nuestros desocupados,
Son dos pesos miserables
O vivir encarcelados.

Golpean metiendo miedo
Milicos y policías;
Más de treinta mil secuestros
De experiencia genocida.

Meten presos a los pobres
Por robarse una gallina
Y los que roban millones
Gobiernan nuestra Argentina.

No queremos ser esclavos,
Presos, pobres, sometidos,
Vamo’ a nacer todos juntos
En nuestros sueños unidos.

Ocuparemos las calles,
La diferencia al carajo;
Desalambremos la tierra
Por libertad y trabajo.

Meten presos a los pobres
Por robarse una gallina,
Y los que roban millones
Gobiernan nuestra Argentina.
Esta retirada es de los años 2007 y 2008. Tiene música de Gilda: El Paisaje - esa que dice “Tú, no podrás faltarme cuando falte todo a mi alrededor….”
“Ya se va la murga, canta, baila entre la gente;
El pulso de la percu, explota, las sonrisas crecen,
Aunque sea doloroso el pasado, el presente,
Vamos a seguir murgueando, vamos a seguir luchando.
Otra noche que consigue ser inolvidable
Y otra luna se enamora de los estandartes…
El dios momo, va contando mientras va soñando
Que esta fiesta es de los pobres, que vivan los carnavales.
Hoy, se va despidiendo, se va retirando, deja el corazón;
Hoy, cada vez más alto, cada vez más fuerte, llenos de pasión;
Hoy, hoy te llena el alma y te da otra excusa para estar mejor,
Cachengue y Sudor.
Jamás nos demos por vencidos, ni aún vencidos;
La esperanza crece, avanza, por este camino.
La alegría es nuestra arma más importante;
Vamos compañeros murgueros que esta fiesta nunca pare…
Hoy, se va despidiendo, se va retirando, deja el corazón.
Hoy, cada vez más alto, cada vez más fuerte, llenos de pasión;
Hoy, hoy te llena el alma y te da otra excusa para estar mejor,
Cachengue y Sudor.”
- ¿En la poética cachenguera – particularmente en la canción de crítica – hay lugar para la parodia, la burla, el doble sentido, o eso es justamente una de las cosas que parte aguas con la murga llamada porteña tradicional?
- Generalmente, las críticas tienen muy poco de parodia. Van más al hueso de la cuestión que abordamos. Sin embargo, una de las características de los espectáculos de Cachengue es que siempre hay varios personajes que transmiten mensajes vinculados a la bajada de línea global y, ellos sí, exponen la parodia al cien por ciento. En 2008, los ejemplos más claros son los personajes de la Capa de Ozono – vistiendo una capa toda agujereada y cantando la célebre "…Tengo el corazón con agujeritos..." – o el Calentón Global y el Transgénico (un brote de soja producto de laboratorio). Ahí, merced a las capacidades actorales de la muchachada cachenguera y de la ácida pluma de quienes escriben, la burla y el doble sentido hacen gala.
- ¿Ustedes creen que lo social y lo político tienen relación estrecha con lo murguístico en tanto expresión artística de la cultura popular? ¿De qué manera se manifiesta esto en Cachengue y Sudor?
- Claramente. En Cachengue queda expuesta esta afirmación en cada canción, en cada glosa, en cada sketch. Bien podríamos cantarle al culo de Jésica Cirio, pero preferimos meter el dedo en la llaga que más nos duele a todos, marcando disidencias respecto de la realidad que nos toca vivir y pretendemos modificar, ya sea en el mundo murguero o en lo cotidiano de cada uno de nosotros con cara despintada.
- ¿Cachengue es un agrupamiento preocupado por lo artístico, lo socio-cultural y lo político por partes iguales? ¿Hay alguno de estos componentes que prime sobre los otros?
- Exactamente. Sin perder de vista que siempre intentamos llegar a un producto artístico de excelencia, esa pretensión va acompañada de una constante mirada hacia lo socio-cultural y lo político. Es así que salvo alguna presentación o retirada, más dirigidas hacia el amor por la murga, Dios Momo y cuestiones de las carnestolendas, las críticas y el resto de las canciones siempre tienen un fuerte mensaje político-social.

- ¿Cómo se lleva Cachengue con la idea de que la murga debe ser simplemente el resultado de una conjunción de mensajes artísticos?
- No acordamos con esa premisa. Como muchas veces se debatió en el foro ¡Dale Murga![viii
] estamos convencidos de que cada uno de nosotros hace política a cada segundo que vive. Con ese pensamiento, se nos hace imposible dejar que un espectáculo nuestro sólo contenga mensajes artísticos. Sin embargo, nuestra inquietud político o social no deja ni un paso atrás a lo que tiene que ver con el arte. Por eso tratamos de seguir mejorando año tras año las voces, los ritmos, el baile, los trajes. La murga es arte. Y al arte nosotros lo vemos como una herramienta para contarle a la gente que hay cosas que nos gustaría modificar, ahora mismo o luchando para que ese cambio se produzca en el futuro.
- ¿Qué tipo de emplazamiento territorial tiene Cachengue y Sudor pensado no sólo como cuestión geográfica sino de ocupación de un espacio a nivel comunidad? ¿Hay lazos con lo estrictamente barrial que ustedes crean que se destaquen o tiene una impronta más itinerante que la relacionan con otros agrupamientos del arte popular?
- En cuanto a lo barrial, el punto fuerte de conexión de Cachengue con la vecindad es la escuela Andrés Ferreyra, que se encuentra frente a la plaza “24 de septiembre”, donde ensayamos. Allí hemos realizado talleres de murga, los alumnos pasaron y pasan por nuestras filas y, una vez por año, realizamos algún evento dentro de ese establecimiento. Además, el grupo de teatro-murga Matemurga ensaya allí y con ellos tenemos encuentros y la idea de trabajar juntos más profusamente. Sin embargo, la idea madre es conectarnos con grupos de arte popular de la zona de influencia de la Triple Frontera, tales los casos de la Olla Popular de Angel Gallardo y Corrientes, o los grupos Karavana y Morena Takiraki, fieles animadores de eventos en villas, comedores, ollas y demás cuestiones vinculadas a la militancia barrial.




- A nivel más macromurguístico (si se me permite el neologismo) ¿cómo es la relación de Cachengue y Sudor con otras agrupaciones "paraguas", por ejemplo el agrupamiento capitalino M.U.R.G.A.S. o el más reciente Movimiento Nacional de Murgas?
- Hay una notoria diferencia entre las relaciones, en virtud de nuestro pasado y nuestro presente. Si bien el espíritu del Movimiento Nacional de Murgas [ix]
es que todas las murgas del país lo sientan propio, sabemos que por ahora, y por un largo tiempo, no será así. En él, Cachengue es protagonista por decisión propia y a mucha honra. Ese protagonismo gustoso quizá tenga que ver con que el Movimiento es intangible, sin directores ni presidentes. Sabido es que la partida de Cachengue del seno de la Agrupación M.U.R.G.A.S. tuvo que ver con una diferencia política importante, que se acentuó con la instauración del actual sistema de concurso (para nosotros no es una evaluación, dado que potencia la competencia entre murgas).[x] Venía de arrastre la tensa relación entre nosotros y la mayoría de las agrupaciones integrantes de M.U.R.G.A.S. (Ejemplos sobran; el más gracioso, hoy, a la distancia, tiene que ver con que un compañero tuvo que apostar con un ¿viejo? murguero para ver cuál traje brillaba más, ya que intentaron menospreciar su palabra debido a que nuestro traje es de arpillera.) Eclosionó ahí mismo luego, incluso, de ser censurados un par de años antes, en algunos corsos, por cantar en contra del concurso y de las bizarras legislaciones impuestas. Con el resto, la relación es óptima: hemos interactuado con el M.I.O.[xi], participamos activamente en el Movimiento de Murgas Independientes y, sobre todo, aspiramos a una Argentina murguera desde Ushuaia a La Quiaca, con libertad, gratuidad en corsos de todo el país, no competencia entre murgas, amén de cuestiones más profundas, como el esclarecimiento del asesinato de Ezequiel, pibe fallecido por un acto violento durante una de las marchas convocadas por el feriado de carnaval, la aparición con vida de Julio López, corte a la persecución y represión de las expresiones artísticas, justicia para los pibes de Cromañón y panza llena y corazón contento para todos los pibes del país.
- ¿Cómo es la participación cachenguera en ámbitos tales como la Marcha Carnavalera de La Plata o el Encuentro Nacional de Suardi? ¿Qué tipos de afinidades encuentran en estos conglomerados más circunstanciales?
- La afinidad mayor, insisto, tiene que ver con las decisiones en asamblea, la ausencia de escalafones en la organización y la fiesta carnavalera en sí. En la Marcha Carnavalera el apoyo es total, acompañando decisiones y cuestiones organizativas decididas por el movimiento de murgas independientes de Capital y del Gran Buenos Aires. En Suardi, el compromiso es aún mayor, dado el enamoramiento eterno que tenemos con esa ciudad, su gente y la grandísima movida carnavalera que realizan todos los años. En los últimos tiempos, incluso, ha crecido, ya que el Movimiento de Murgas Independientes se encarga de organizar el viaje para unos cuatrocientos murgueros desde la provincia de Buenos Aires, además de la comida de un día y cuestiones más puntuales como la seguridad, la duración de los espectáculos, talleres y asambleas. Suardi es el paraíso murguero. Allí se festeja el Año Nuevo Murguero. Por eso aspiramos a que todos los murgueros del país viajen allí cada año. Es algo que nunca olvidarán. Y, fundamentalmente, es algo que se construye entre todos. Y eso no tiene precio ni comparación.
- ¿Cómo piensan desde ustedes y en este contexto la cuestión de la lucha por el Feriado de Carnaval?
- Es la lucha más ardua que podemos tener. No tanto por el hecho de que los poderes lo aprueben, incluso considerando que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires declaró abiertamente que detesta el carnaval, los cortes de calle y todo lo relacionado. El tema principal pasa porque el público no siente esta fiesta como propia. ¿Qué murguero no recibe cargadas por confesar la lucha que realiza en busca del retorno de los feriados? Ese es el punto principal: lograr que el ciudadano no murguero vuelva a sentirse identificado con el carnaval, sin que piense en ese feriado como uno más para viajar a algún lugar a vacacionar. Hoy por hoy es irrealizable. Pero no bajaremos los brazos. NUNCA.
- ¿Por qué te dedicaste al bombo, Ruso?
- Básicamente, incidió en la decisión el gusto por la percusión, aunque desde un rol de aficionado, sin haber aprendido con profesores ni teniendo intenciones de hacerlo. Pero, indagando en la realidad de otros años, la búsqueda indica que luego del carnaval 2001, la murga sufrió una abrupta partida de integrantes, por lo que durante el invierno de 2002 quedamos unos pocos gatos locos ensayando. Ese panorama incluye la ausencia absoluta de bombistas para ensayar. Fue así que me calcé el bombo por primera vez en serio y nunca más me lo pude descolgar. A fines de ese año, mis viejos se enteraron de que iba a comprarme un bombo y me ganaron de mano, regalándome uno para mi cumpleaños. No me quedaba otra que aferrarme al corazón de la murga para siempre...
- Una manera de cerrar círculos, entonces… ¿Vos crees que murga y bombo son instancias inseparables?
- Sin dudas. Esto es claro: más allá de estar en contra de las acotaciones impuestas por los absurdos reglamentos murgueros, la murga no sería murga sin bombos. Eso lo tengo claro. Cachengue puede salir sin redoblante, surdo o repique, pero nunca saldría sin bombo. Sin él, la murga no vive, se queda sin pulso. De ahí lo que decía sobre que el bombo es el corazón de la murga. El bombo con platillo es el amo y señor de esto que amamos, pone la banda de sonido a nuestra vida. Es insustituible.
- ¿Cómo compaginás lo personal con lo murguero?
- En particular, la murga es mi vida. Es mi mayor alegría. Mis amigos no comprenden cómo puede ser que la valore más y la privilegie por sobre el equipo de fútbol del que soy hincha. Ani, mi mujer, no logra comprender cómo pierdo horas de sueño redactando emails, diseñando volantes, actualizando sitios de internet, comprando cosas para corsos, ensayando después de trabajar, viajando a donde sea con tal de tocar un poquito más el bombo... Es la mayor alegría que recibe mi alma. Y no sólo desde el rol de protagonista, sino también como espectador, ya sea de murga argentina o uruguaya. Siempre es una fiesta para el corazón poder ver a una murga. Siempre. Para colmo, por si no fuese suficiente el placer de vivir la murga como la vivo, mis mejores amigos están en Cachengue y Sudor, mi hija – Cata – ama a Cachengue y Sudor y me hace emocionar cada vez que canta una canción de la murga de manera descolgada, a cualquier hora y en cualquier lugar. Y Marko, mi bebé, ya tiene su traje. ¿Puedo pedir más? Sí: carnaval toda la vida...





[1] El concepto es de E. P. Thompson.
[2] Jacques Ranciere (1996)
[3] Hannah Arendt ( 1974)
[4] Esta y todas las demás imágenes fueron tomadas de
www.murgacachengueysudor.blogspot.com y de www.fotolog.com/murga _cachengue.
[5] Instituto Superior de Tiempo Libre y Recreación fundado en 1983 con el advenimiento de la democracia luego de la última de las dictaduras militares en la Argentina. Más información en: http://www.istlyrecreacion.edu.ar/istlyr.htm
[6] Se refiere Agrupación Murgas Unidas Recuperando y Ganando Alegría Siempre (M.U.R.G.A.S.) Para una reseña de su historia y objetivos ver: http://www.agrupacionmurgas.com/
[7] Alude aquí a una de las características que definen al Centro Murga en tanto uno de los subgéneros de la Murga Porteña como entendida como “género de carnaval originario de la Ciudad de Buenos Aires” según la clasificación de la Comisión de Carnaval en atención a la Ordenanza N° 52.039/97: “… El instrumento característico de la Murga Porteña es el bombo con platillo; el mismo tendrá que componer el 70 % de los instrumentos de percusión del Centro Murga y será quien guíe la rítmica…” Fuente:
http://www.agrupacionmurgas.com
[8] En referencia al Grupo de Encuentro y Debate ¡Dale Murga!:
http://ar.groups.yahoo.com/ group/ dalemurga/
[9] Reseña e historización en:
[10] En alusión al Programa Carnaval Porteño creado a partir de la Ley Nº 1527/04. Más datos en: http://www.cedom.gov.ar/es/ legislacion/normas/leyes/ley1527.html . Así como también a las atribuciones de la Comisión de Carnaval. Para una descripción detallada: http://www.agrupacionmurgas. com
[11] Se refiere al agrupamiento denominado Murgas Independientes del Oeste. Ver: http://www.murgargentina.com.ar/movimiento.html

domingo, febrero 24, 2008

Glosa de Presentación a cargo de Gustavo "Tavi" Antón